¿Qué está pasando?
En el Salmo 59 David está sitiado, sin escapatoria. Los hombres del conspirador rey Saúl rodean su casa como una manada de perros que gruñen esperando matar. La casa de David no es un refugio lo bastante alto para mantenerlo a salvo. Él le pide a Dios que lo eleve a una fortaleza más alta, fuera del alcance de sus enemigos que le enseñan los dientes (Salmo 59:1-2).
Aunque David no ha cometido ningún crimen, lo persiguen como a un criminal (Salmo 59:3-4). Sus enemigos lo asedian con insultos. Sus palabras esgrimen amenazas contra él y escupen maldiciones contra Dios, creyendo que Dios no puede oír su calumnia (Salmo 59:6-7). Pero David sabe que Dios oye sus amenazas y se ríe de ellas (Salmo 59:8). En el pasado, Dios ha derrotado naciones enteras para rescatar a su pueblo. Así que le ruega que lo haga otra vez. Las oraciones fervientes de David en la oscuridad de la noche son entonces respondidas por Dios con liberación en la mañana.
Dios eleva a David al trono de Saúl y despide a sus enemigos sin que queden satisfechos. El amor de Dios por David es una fortaleza impenetrable contra Saúl y sus perros. El amor de Dios es una fortaleza más alta y más fuerte que cualquier enemigo. No importa qué merodeadores se levanten contra David: él ha sido levantado más alto que sus enemigos porque Dios mismo ha sido su protección (Salmo 59:9, 16). Envuelto en la fortaleza de la presencia de Dios, David canta a través de la noche, ahogando los gemidos insatisfechos de los perros. David canta de la fuerza de Dios que lo rescató, del amor de Dios que se acordó de él, y de Dios mismo como su fortaleza alta (Salmo 59:16-17).
Así es como Dios rescata a todo su pueblo. Convierte la sed de sangre de sus enemigos en aullidos insatisfechos. Convierte los clamores desesperados de su pueblo en la noche en cánticos de alabanza y liberación en la mañana.
¿Dónde está el evangelio?
La oscuridad y el peligro no pueden consumir a los que pertenecen a Dios. Dios siempre responde a nuestros clamores de auxilio en la noche con liberación en la mañana.
Como con David, hubo muchos intentos de matar a Jesús. Aunque era inocente de todo lo malo, los hombres lo persiguieron mientras oraba por liberación en la oscuridad de Getsemaní. Dirigidos por el conspirador Judas, estos enemigos asediaron a Jesús con su sed de sangre y su calumnia (Mateo 26:47, 56). Fue arrestado, acusado, golpeado y clavado en una cruz (Lucas 23:13-14). Mientras colgaba por encima de los ladridos de la multitud maliciosa, ellos afirmaban que Dios no lo salvaba ni podía salvarlo (Mateo 27:40-43). Pero la oscuridad que rodeó a Jesús en la muerte no fue definitiva. Fue como la oscuridad que antecede a la mañana.
Jesús fue levantado en la cruz para poder ser levantado de su sepulcro (Juan 12:32). Fue entregado a la debilidad para llegar a ser un libertador fuerte, la fortaleza alta y la fuerza de Dios para su pueblo (Colosenses 1:22). Su disposición a morir prueba el amor de Dios. Su resurrección prueba la fuerza de Dios. Dios hizo a Jesús Rey, y él protege a todos los que corren a él en busca de refugio. En Jesús disfrutamos de la fortaleza impenetrable de la presencia de Dios. Estamos rodeados por él, y ningún enemigo —ni siquiera la muerte— puede alcanzarnos.
Jesús también castigará a los sanguinarios, cuyo orgullo mantiene sus labios ocupados en el pecado. Él se ríe de las naciones que merodean (Salmo 2:4; 37:13; Apocalipsis 19:15). Su fuerza nos rescata, su amor se acuerda de nosotros, y él es nuestra fortaleza alta. Los enemigos pueden gruñir en la noche, pero gimen insatisfechos en la mañana, cuando los hijos de Dios cantan de su liberación en Jesús.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos y veas al Dios que libera a su pueblo del peligro y de la oscuridad. Y que veas a Jesús como la fortaleza alta de Dios, donde ni siquiera la muerte puede alcanzar a los que vienen a él.

