¿Qué está pasando?
Los líderes de Dios deben proveer para el pueblo de Dios y protegerlo, así como un pastor guía a sus ovejas. Pero Zacarías anticipa que los pastores de Israel se corromperán cada vez más. Poco a poco abandonarán sus responsabilidades y se aprovecharán del rebaño de Dios. Y muy pronto el pueblo de Dios será como ovejas hambrientas que vagan por el desierto (Zacarías 10:2).
Enojado por el liderazgo depredador de los pastores de Israel, Dios promete proveer un nuevo líder (Zacarías 10:3). Un nuevo pastor del linaje real de Judá y José se levantará y peleará contra los pastores corruptos de Israel. Y, con compasión, este buen pastor cuidará del rebaño disperso de Dios y lo reunirá en un nuevo reino (Zacarías 10:4-7). Los pastores corruptos de Israel deberían llorar y gemir, porque su fin es inevitable (Zacarías 11:1-3).
Pronto, Dios ya no tendrá compasión ni de los líderes de Israel ni del pueblo que sostiene su régimen injusto (Zacarías 11:5-6). Como símbolo de esta realidad venidera, las siguientes etapas de la vida de Zacarías se vuelven proféticas. Dios le dice a Zacarías que asuma una posición de liderazgo junto a los pastores corruptos de Israel (Zacarías 11:4). Mientras lidera, Zacarías siempre lleva en sus manos dos varas de pastor. A una la llama Unión y a la otra, Gracia (Zacarías 11:7b). En el primer mes de su liderazgo logra destituir a tres pastores corruptos, pero le guardan rencor por eso (Zacarías 11:8). Así que Zacarías quiebra la vara llamada Gracia. Es un símbolo de que Dios ya no le concederá a Israel la gracia de su buen liderazgo (Zacarías 11:10-11). En cambio, Dios permitirá que sus prácticas depredadoras los lleven a comerse y devorarse unos a otros (Zacarías 11:9). Para silenciar a Zacarías, los pastores corruptos le pagan treinta monedas de plata. Zacarías se niega a ser silenciado y, en cambio, quiebra la vara llamada Unión (Zacarías 11:12-13). Los pastores de Israel podrían haber unido al pueblo de Dios, pero ahora quedan bajo la maldición de la violencia, la guerra civil y la división (Zacarías 11:14).
Luego, en una última profecía representada, Zacarías toma la herramienta de un pastor corrupto (Zacarías 11:15). Esto simboliza que, de ahora en adelante, Israel será guiado por líderes de varas torcidas que ignorarán a los oprimidos y se aprovecharán del rebaño de Dios (Zacarías 11:16-17).
¿Dónde está el evangelio?
Como Dios y como Zacarías, Jesús es un buen pastor (Juan 10:11). Del linaje real de Judá y José, arriesga su vida para pelear contra los pastores corruptos que se niegan a proteger a los oprimidos y a proveer para ellos (Marcos 3:1-6). Con compasión, alimenta, sana y ofrece buena noticia a los hambrientos, los dispersos y los pobres (Mateo 9:36). Jesús es el buen pastor que Zacarías profetizó que vendría.
Pero los buenos pastores no solo cuidan a los más débiles del rebaño; también destituyen a los pastores torcidos. Jesús dijo que todos los líderes que se levantaron después de Zacarías eran corruptos (Juan 10:8). Eran una cueva de ladrones que conspiraban para robar, matar y destruir a aquellos que habían recibido el mandato de proteger (Juan 10:10a). Renunciaron a sus deberes y dejaron que sus ovejas fueran dañadas por fuerzas de las que debieron haberlas protegido (Juan 10:12).
Por eso Jesús vuelca sus mesas en el templo. Fue una destitución del liderazgo de Israel y un rechazo de su sistema religioso depredador. Aquel día en el templo, Jesús quebró la gracia de Dios hacia su templo y prometió que sería reemplazado en tres días (Mateo 27:63; Juan 2:19). Pero, igual que con Zacarías, el mensaje de Jesús fue silenciado con treinta monedas de plata (Mateo 26:15). Pastores de varas torcidas lo asesinaron y lo sepultaron.
Pero tres días después, nuestro buen pastor resucitó de entre los muertos. Ahora Jesús está sentado en un trono por encima de todo trono y de todo poder religioso (Marcos 16:19). No tendrá tolerancia alguna con los líderes ni con sus secuaces que usan el lugar de adoración de Dios para oprimir a sus ovejas. Y cualquiera que use su nombre para satisfacer sus propios deseos será destituido, porque Jesús es el buen pastor de los oprimidos. Si tu iglesia te ha herido, clama a Jesús. Él está dispuesto y es capaz de quitar del poder a quienes te lastiman. Y si eres líder del pueblo de Dios, sigue el ejemplo de tu buen pastor. Protege al rebaño de Dios y provee para él, porque a Dios le importa profundamente.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que es un buen pastor. Y que veas a Jesús como aquel que protege a su rebaño, incluso a costa de su propia vida.

