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devocional

Zacarías 7-8

Del ayuno al banquete

En Zacarías 7-8 vemos que Jesús "ayunó" de todo pecado en nuestro lugar, quitando la amenaza del exilio, para que podamos participar del banquete venidero de Dios en su nuevo Edén.

¿Qué está pasando?

Durante décadas, el pueblo de Dios, que nunca fue exiliado de su tierra por Babilonia, observó una serie de cinco ayunos en cinco meses distintos (Zacarías 8:19). Los ayunos eran una manera de lamentar la pérdida de su reino y de su templo durante el sitio babilónico. Pero, desde hace ya dos años, el templo está en construcción. Y gracias a Zacarías, en dos años más quedará terminado (Esdras 6:15). Ya no parece apropiado guardar duelo. Así que una delegación del pueblo vecino de Betel encarga al hombre de nombre extranjero Sarezer que le pregunte a Zacarías si su pueblo puede dejar de ayunar por el pasado (Zacarías 7:2-3).

Pero Zacarías responde a la pregunta de Sarezer con tres preguntas propias. Cada una deja al descubierto cómo sus ayunos eran rituales vacíos, sin verdadera tristeza por los pecados que destruyeron el templo en primer lugar (Zacarías 7:5-7). En realidad no han hecho duelo ni ayunado de los vicios que provocaron su exilio. La tristeza y el ayuno genuinos irían acompañados de la justicia que sus antepasados no encarnaron y por cuya ausencia fueron exiliados. Ayunar por un reino y un templo en ruinas no significa nada si el pueblo de Dios se niega a “ayunar” de los pecados que atrajeron a Babilonia en primer lugar (Zacarías 7:9-10). 

Pero si el pueblo de Dios ayuna de verdad y se arrepiente de sus pecados, Dios reconstruirá no solo su reino, sino también el jardín del Edén una vez más. En amor, Dios volverá a su pueblo. Y en poder, hará que Jerusalén sea de nuevo justa y recta (Zacarías 8:2-3). En paz, hombres y mujeres llegarán a la vejez y verán a sus nietos jugar en las calles (Zacarías 8:4-5), mientras gente de todo el mundo se unirá a este nuevo Edén (Zacarías 8:6-8). Si el pueblo de Dios se arrepiente de sus pecados y llega a ser el pueblo justo, amoroso y pacífico que él los creó para que fueran, Dios traerá su Reino a ellos (Zacarías 8:9-17).

Entonces Zacarías finalmente responde la pregunta de Sarezer sobre el ayuno. Dice que Dios se propone convertir todos sus días de ayuno en días de banquete (Zacarías 8:18-19). Y Sarezer, el de nombre extranjero, debe estar seguro de que este será un día de celebración, no solo para Israel, sino para el mundo entero (Zacarías 8:10-23).

¿Dónde está el evangelio?

El mensaje de Zacarías era que, si el pueblo de Dios quería que Dios reconstruyera su reino, tenía que arrepentirse. Este fue también el mensaje de Jesús. Sus primeras palabras en el Evangelio de Marcos son: “El Reino de Dios está cerca. Arrepiéntanse y crean la buena noticia” (Marcos 1:15). Esto hace de Jesús un nuevo Zacarías: un profeta que anuncia tanto la esperanza como la llegada del Reino edénico de Dios. 

Pero Jesús es más que un profeta: también ayuna y se arrepiente en nuestro lugar. A lo largo de toda su vida Jesús “ayunó” de todos los pecados que destruyeron el antiguo templo y, sin embargo, fue destruido igual que este (Gálatas 1:4; Juan 2:19-21). Lo hizo porque, al negarse a cometer los pecados de su pueblo pero siendo destruido como ellos merecían, Jesús quitó la amenaza del exilio. Dios no puede exiliarnos por los pecados de los que Jesús se arrepintió y por los que fue juzgado en nuestro lugar (Romanos 8:1). 

Somos libres para arrepentirnos de lo malo que hemos hecho, con la esperanza de entrar en el Reino edénico venidero de Dios. En amor, Jesús ha quitado el exilio como consecuencia de nuestro pecado. En poder, Jesús nos hará más justos y libres de pecado de lo que jamás hemos sido o hecho antes. En paz, no solo llegaremos a la vejez, sino que viviremos para siempre en un Reino que él pronto traerá a la Tierra. Entonces ya no ayunaremos, ni nos arrepentiremos, ni pediremos perdón. En cambio, celebraremos un banquete con Dios y con los hermanos y hermanas de todo el mundo que son parte del nuevo Edén de Dios (Apocalipsis 19:6-9).

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que promete volver a crear su Reino. Y que puedas ver a Jesús como el Templo resucitado y el Rey para todos los que se arrepienten. 

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