¿Qué está pasando?
Juan dice que el evangelio de Jesús puede resumirse así: «Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad» (1 Juan 1:5). Así como la luz trajo vida en el primer día de la creación y la luz da vida a toda planta verde, Jesús trae la luz y la vida de Dios incluso desde la tumba (Génesis 1:3). Como la columna de fuego guio a Israel a través de las noches oscuras en el desierto, Jesús nos guía por su Espíritu (Éxodo 13:21). Así como la luz juzga y expulsa la oscuridad, Jesús juzga y expulsa al diablo y su maldad (1 Juan 3:8; Colosenses 2:13). Y un día, el resplandor de la luz de Dios se tragará incluso la noche misma (Apocalipsis 22:5). El mensaje «Dios es luz» es la buena noticia eterna de Jesús resumida en tres palabras.
Pero Juan también dice que la buena noticia de que «Dios es luz» es un mandamiento que debe obedecerse (1 Juan 2:7). El mandamiento es que nos amemos unos a otros como Jesús nos ha amado (1 Juan 2:10; Juan 13:34). Como el fuego en el desierto o el sol en el cielo, esta buena noticia y este buen mandamiento nos llevarán a la vida (1 Juan 2:10).
Pero varios en la comunidad de Juan afirmaban ser miembros de la luz mientras se odiaban unos a otros (1 Juan 1:6). Juan dice que esto es una contradicción y una mentira evidente por sí misma. Los verdaderos miembros de la luz andan en la luz (1 Juan 1:8). Las personas transformadas por la buena noticia de que «Dios es luz» actuarán conforme a ella. Estos mentirosos están tan oscurecidos por su autoengaño que llaman amor a su odio (1 Juan 1:9, 11). Y mientras los mentirosos se ocupan de esconder su oscuridad bajo la apariencia de luz, los cristianos confiesan libremente su oscuridad porque conocen la luz (1 Juan 1:10). Saben que el perdón ha sido comprado por la sangre de Jesús y están dispuestos a dar un paso hacia él (1 Juan 2:2). Juan dice que los que andan hacia la luz, aun cuando pequen, son verdaderamente el pueblo de Dios y serán perdonados (1 Juan 2:3, 6). Pero los que se niegan a reconocer su oscuridad y fingen estar en la luz, pronto serán cegados por la misma luz que niegan (1 Juan 2:11).
¿Dónde está el evangelio?
La buena noticia es que Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad. La luz de Dios ha venido a nosotros en Jesús. Jesús es la luz del mundo (Juan 8:12). Y como el fuego que guio a Israel por el desierto, el Espíritu de Jesús siempre nos enseña por dónde ir (Juan 14:16). Jesús ha vencido tanto nuestra propia maldad como la del mundo por medio de su muerte amorosa y sacrificial (1 Juan 2:2).
Pero ¿cómo sabemos que estamos en la luz? ¿Cómo sabemos de verdad que estamos en la vida de Dios? Juan dice que la seguridad llega cuando nos amamos unos a otros. El amor mutuo es la manera en que sabemos que pertenecemos a Dios y experimentamos la plenitud del amor y la luz de Dios (1 Juan 2:5). La luz de Dios se manifestó con mayor claridad en el amor de Jesús en la cruz, así que tiene sentido que experimentemos con mayor claridad esa seguridad cuando vivimos y amamos como Jesús.
Y lo hermoso es que, aun cuando fallamos en amar, si confesamos nuestro pecado a Dios, en quien no hay ninguna oscuridad, podemos esperar plenamente la luz de su perdón. Por causa de Jesús tenemos un ejemplo que seguir, pero también tenemos un Intercesor ante Dios que ha cubierto nuestros pecados, quita nuestra culpa y hace brillar la luz de su amor sobre todos los que se lo piden.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que es luz. Y que veas a Jesús como nuestro sacrificio expiatorio que cubre todos nuestros pecados.


