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devocional

1 Juan 1:1-4

Testigos presenciales de Jesús

En 1 Juan 1:1-4 vemos que nadie que confíe en la buena noticia de la encarnación de Jesús necesita temer cuál es su situación delante de Dios.

¿Qué está pasando?

Juan, el discípulo de Jesús, escribe a una comunidad que está siendo atacada por falsos maestros. Juan llega al punto de llamarlos «anticristos» (1 Juan 2:22). Estos anticristos son pastores o líderes de iglesia que han abandonado sus iglesias y ahora afirman que Juan y los demás apóstoles están equivocados acerca de Jesús (1 Juan 2:19). Afirman que Jesús no vino en cuerpo humano (1 Juan 4:3; 2 Juan 1:7). Niegan que Dios haya tomado un cuerpo y niegan que Dios —en Jesús— derramó su sangre en la cruz por ellos.

Por eso Juan comienza su carta fundamentando su mensaje en lo que oyó, vio y tocó (1 Juan 1:1). Juan es un testigo presencial, junto con los demás discípulos y apóstoles. Él tiene experiencia directa con Jesús, con Dios mismo. Los anticristos quieren espiritualizar el evangelio, pero Juan dice que no pueden espiritualizar su testimonio hasta hacerlo desaparecer.

Juan insiste en que el mismo Dios que existía desde el principio nació, y que el Verbo de vida cobró vida y vivió delante de él (1 Juan 1:2). Juan ha visto a Dios con sus propios ojos y lo ha oído con sus propios oídos (1 Juan 1:3a). El mensaje espiritualizado de los anticristos contradice los hechos: Dios ha nacido, los apóstoles lo han visto, oído y tocado, y por eso la vida eterna solo se encuentra en Jesús.

¿Dónde está el evangelio?

Los anticristos negaban la encarnación de Jesús. Y como resultado, quienes los escuchaban quedaron acosados por las dudas. Si Dios no se unió a la humanidad, ¿cómo pueden los seres humanos saber que están unidos a Dios? Si la encarnación no es real, ¿cómo podríamos saber alguna vez que somos salvos?

La respuesta de Juan es sencilla. ¡Tenemos verdadera comunión con Dios porque Dios se ha unido físicamente a la humanidad (1 Juan 1:3)! Jesús fue real. La vida eterna fue tocada. Aquello que era desde el principio nació de María. Nadie que confíe en la buena noticia de la encarnación de Jesús necesita temer cuál es su situación delante de Dios. Dios nos ha salvado con la misma certeza con la que nacimos de nuestra madre.

Y aunque es cierto que nosotros, igual que la comunidad de Juan, no hemos visto a Jesús con nuestros propios ojos, Juan sí fue un testigo presencial. Juan comió, durmió y caminó con la Vida eterna en cuerpo humano. Juan vio morir a Jesús, y Juan miró dentro de su tumba vacía. Los anticristos no tienen fundamento alguno. Que Dios vino en cuerpo humano es un hecho de la historia, y todos los apóstoles están de acuerdo. Dios ha venido en cuerpo humano; su nombre es Jesús. Y en él tú eres salvo.

Compruébalo tú mismo

Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Verbo de vida que vino a la Tierra. Y que veas a Jesús como Dios en cuerpo humano.

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