¿Qué está pasando?
Desde el principio de los tiempos ha habido dos familias: la familia de Dios y la familia de Satanás. Y desde que Satanás engañó a Eva y luego Caín mató a Abel, estas dos familias han estado en guerra.
Juan dice que los suyos son «nacidos de Dios», son «hijos de Dios» e incluso la «semilla de Dios» (1 Juan 2:29; 3:1, 9). Al mismo tiempo, sus enemigos son «hijos del diablo» (1 Juan 3:10). Y actúan como tales. Su malicia demuestra que son descendientes espirituales de aquel que «ha estado pecando desde el principio» (1 Juan 3:8b). Los que han nacido del diablo están entregados a la misma «transgresión de la ley» que Satanás usó para convencer a Eva (1 Juan 3:4) y para motivar a Caín a matar a su hermano (1 Juan 3:12). Pero los que han nacido de Dios hacen de la rectitud su práctica habitual y le dicen «no» al pecado (1 Juan 3:7).
Aunque los que son «del diablo» han perseguido y asesinado a los hijos de Dios desde el comienzo de la historia, la comunidad de Juan no tiene por qué sorprenderse, alarmarse ni dejar de amarse unos a otros (1 Juan 3:13). Tal como lo prometió Génesis, Jesús ha venido a destruir los planes del enemigo (1 Juan 3:8c; Génesis 3:16). La iglesia de Juan es libre para amar a sus hermanos y hermanas a pesar del costo, porque sabe que incluso la muerte conduce a la resurrección (1 Juan 3:16).
¿Dónde está el evangelio?
Frente a una persecución severa, Juan quiere que sus discípulos estén seguros de que Dios está de su lado. Así que Juan toma su sufrimiento y lo hace más grande. Lo amplía a proporciones cósmicas y ayuda a su comunidad a ver que Dios ya está en medio de la guerra que están peleando… y que la está ganando. Dios ya ha enviado a su Hijo para quitar la transgresión de la ley (1 Juan 3:5). Jesús ya ha destruido las obras del diablo (1 Juan 3:8). Y así como se lo prometió a Adán y Eva, él ha aplastado a la serpiente (Génesis 3:15). Por eso, si permanecen en Jesús, nunca serán avergonzados por su lealtad a él (1 Juan 2:28). Pueden tener la confianza, incluso ante la muerte, de que su hogar está con él para siempre.
Y Juan también ayuda a su comunidad a ver cuán profundamente Dios los ha transformado. Ellos no son como Caín, que planeaba un asesinato (1 Juan 3:6). Son miembros de una nueva familia. Como hijos que han nacido de nuevo, el pecado ya no es el patrón que define su vida: la rectitud lo es (1 Juan 3:10). Y el amor que se tienen unos a otros demuestra que han pasado de la muerte a la vida y que están incluidos en la victoria de Jesús sobre el mal y el sepulcro (1 Juan 3:14).
Si alguna vez te has preguntado a qué familia perteneces, hay un Dios que es más grande que tu corazón lleno de dudas (1 Juan 3:20). Él murió para derrotar el mal y ha resucitado para animarnos frente a la muerte. Y nos ha llenado y transformado por su Espíritu (1 Juan 3:24). Ya no necesitamos adivinar a qué familia pertenecemos. ¡Dios ha visto el sufrimiento de su familia y ha venido a rescatarnos! Y cuando confiamos en Jesús y nos amamos unos a otros, podemos saber que estamos en el lado correcto de la guerra.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que nos ha hecho sus hijos. Y que puedas ver a Jesús como aquel que ha derrotado las obras del maligno.


