¿Qué está pasando?
Ser seguidor de Jesús significa seguirlo a una batalla contra el mal. Esta batalla no es una guerra de armas, sino de deseos. Amar a Dios significa no amar al mundo (1 Juan 2:15). No amar al mundo significa no amar lo que el mundo ama. El mundo ama inventar y satisfacer los deseos de nuestro cuerpo, la codicia de nuestros ojos y la arrogancia de nuestra vida (1 Juan 2:16). El mundo construye sistemas, economías, culturas y religiones diseñadas para tentarnos y destruirnos. Pero Juan dice que la manera de vencer un mundo de deseos es recordar que este mundo y los que lo aman están pasando. En cambio, los que obedecen y aman a Dios viven para siempre (1 Juan 2:17).
Y a un pueblo en guerra, Juan le recita un poema. Este poema pastorea y consuela a una comunidad bajo el fuego de las mentiras de los falsos maestros y de la voz condenatoria del maligno. Y Juan da seguridad a tres grupos distintos de personas: hijos, padres y jóvenes.
Juan suele llamar a toda su comunidad —hombres y mujeres— «hijos» (1 Juan 2:1, 18, 28). Y les recuerda que sus pecados de verdad están perdonados y que en verdad conocen a Dios como Padre (1 Juan 2:12, 13a). ¡A pesar de sus tentaciones y fracasos, Dios ya los ha perdonado! Luego, a los padres (o creyentes maduros) les recuerda dos veces que su edad no los descalifica, sino que más bien los acerca al Dios de la eternidad. Mientras se aproximan a la muerte en este mundo, saben que el Eterno tiene sus vidas en sus manos (1 Juan 2:12-13). Y por último, a los jóvenes, es decir, a quienes están más activos en la batalla de vivir y trabajar en el mundo, Juan les recuerda dos veces que han vencido al maligno (1 Juan 2:13b, 14b). El punto de Juan es sencillo: sí, estamos en una batalla, pero estamos en el lado que gana.
¿Dónde está el evangelio?
Jesús ha derrotado a los poderes del mal en la cruz. Por su Espíritu somos fortalecidos frente a cada tentación. Incluso cuando muramos, seguiremos viviendo con Dios nuestro Padre. Vencemos al mundo, a sus deseos y al maligno recordando el evangelio. Porque Jesús vive para siempre, el mal está pasando. Porque Dios es nuestro Padre, viviremos para siempre con él.
Nuestras batallas contra los deseos de nuestro cuerpo y de nuestros ojos han recibido un golpe mortal en Jesús. Por amor, Jesús murió, cubrió nuestros pecados y resucitó. Esta es el arma espiritual que necesitamos para pelear contra el maligno (Efesios 6:11). El diablo está a la defensiva, y nosotros estamos armados hasta los dientes. Seamos padres y madres, o jóvenes y fuertes, todos somos hijos de un Padre victorioso que solo envía a sus hijas y a sus hijos a la batalla una vez que están armados con la vida de resurrección. No necesitamos tenerle miedo al mundo. Venceremos su tentación. La buena noticia es que el que está en nosotros es más poderoso que el que está en el mundo (1 Juan 4:4).
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que es luz. Y que veas a Jesús como aquel que ha derrotado la oscuridad del mundo para que tanto él como nosotros podamos vivir para siempre.


