¿Qué está pasando?
El pueblo de Dios está en medio de una guerra civil. Israel, en el norte, se ha rebelado contra la ley, el templo y el rey de Dios, mientras que Judá, en el sur, permanece fiel a las palabras de Dios. Y Asá, rey de Judá, demuestra cinco veces que Dios responde de inmediato cuando un rey decide escuchar o no escuchar su voz y obedecer sus leyes. Asá comienza su reinado quitando todos los santuarios paganos e ídolos que puede encontrar en Judá. Anima a su reino a seguir únicamente a Dios y sus leyes (2 Crónicas 14:1-5). De inmediato, Dios le concede al reino de Asá un largo período de paz que Asá aprovecha para refortificar los puestos militares de Judá, asegurar sus fronteras y reconstruir su ejército (2 Crónicas 14:6-8). Pero una vez que estas refortificaciones están terminadas, un enemigo pone a prueba la disposición de Asá para escuchar a Dios y le declara la guerra (2 Crónicas 14:9-10). En lugar de movilizar a su ejército, Asá le pide a Dios ayuda sobrenatural (2 Crónicas 14:11). Dios concede de inmediato esta petición. Un terror divino golpea a los enemigos de Judá, ellos se retiran, y Asá saquea todo lo valioso de los campamentos abandonados (2 Crónicas 14:12-15). Dios responde de inmediato a la disposición de Asá para escuchar y obedecer.
Un profeta llamado Azarías se encuentra con el victorioso Asá de regreso en Jerusalén. Anima al rey a seguir buscando la voz de Dios en oración y a escuchar cuando Dios habla. Si lo hace, Dios continuará concediéndole a Judá paz y victoria (2 Crónicas 15:1-7).
Con esperanza, Asá refuerza sus reformas religiosas, exige que se quiten más santuarios y repara el altar en el templo de Dios (2 Crónicas 15:9). De inmediato, varias tribus que antes se habían rebelado contra Judá le juran lealtad a Asá. Asá incluso depone a su abuela por su papel en introducir en Judá la adoración de un dios extranjero. Dios responde otra vez de inmediato concediéndole a Judá otros 20 años de paz (2 Crónicas 15:10-19).
Pero 20 años después, la fidelidad de Asá es puesta a prueba una vez más. Israel ataca a Judá y forma un bloqueo, deteniendo todo el comercio que se dirige hacia el sur, hacia Judá (2 Crónicas 16:1). Pero esta vez, Asá no le pide dirección a Dios. En cambio, roba del tesoro del templo de Dios y compra mercenarios (2 Crónicas 16:2-6). Cuando un profeta confronta a Asá, Asá encarcela al profeta y castiga a quienes están de acuerdo con él (2 Crónicas 16:7-10). De inmediato, los pies de Asá se enferman, y pasa sus últimos años lisiado y sin querer pedirle ayuda a Dios (2 Crónicas 16:12-13).
¿Dónde está el evangelio?
En el libro de Crónicas, pasa muy poco tiempo entre el momento en que un rey le pide ayuda a Dios y el momento en que recibe rescate, o entre el momento en que se niega a pedir ayuda y el momento en que es derrotado. El cronista quiere que sus lectores entiendan que el éxito de un rey depende por completo de su disposición para buscar a Dios, pedir ayuda y escuchar cuando él habla. Pero, tristemente, ningún rey de Judá o de Israel logró obedecer de manera constante. De hecho, ningún ser humano ha escuchado ni obedecido a Dios perfectamente, lo que significa que nadie puede jamás experimentar el éxito y la prosperidad que Dios quiere darle a su pueblo.
Por eso Dios vino a la Tierra y nació como hijo del linaje real de David y de Asá. Jesús obedeció todos los mandamientos dados por Dios (Juan 5:19-20). Y mientras vivió, constantemente le pidió a Dios dirección y consejo (Lucas 3:21; 5:16; 6:12; 22:32). Jesús es el Rey que el pueblo de Dios ha estado esperando. Su obediencia significa que podemos esperar que Dios responda de inmediato a la necesidad, el sufrimiento y la prueba de su pueblo con éxito y prosperidad. ¡Porque Jesús es nuestro Rey que escucha y obedece, Dios promete que vendrá de inmediato en nuestra ayuda!
Y sabemos que Dios vendrá en nuestra ayuda porque él acudió a Jesús en su hora de necesidad. Jesús fue asesinado por su afirmación de ser Rey, pero Dios lo levantó de entre los muertos y lo puso en un trono celestial (Hechos 7:55). No hay enemigos en la Tierra (ni siquiera la muerte) que puedan separarnos de los planes de Dios de traer su Reino a la Tierra como en el Cielo. Así que ten confianza en que Dios vendrá pronto en nuestra ayuda en nuestros tiempos de necesidad y prueba. Puesto que nos entregó a su Hijo, con toda certeza nos dará todo lo que necesitamos (Romanos 8:32).
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que responde de inmediato a quienes le son fieles. Y que puedas ver a Jesús como el Rey fiel que ha asegurado un Reino eterno para que vivamos en él.

