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devocional

2 Crónicas 8-9

El reino se expande

En 2 Crónicas 8-9 vemos que Jesús es un Rey de paz mayor que Salomón, que conquista no por la fuerza sino por la sabiduría, y que nos invita a experimentar su generosidad por nosotros mismos.

¿Qué está pasando?

Por medio del sabio gobierno de Salomón, Dios comienza a cumplir la promesa que le hizo a Abraham. Mucho antes, en el libro de Génesis, Dios le prometió a Abraham que su familia llegaría a ser una nación que bendeciría al mundo (Génesis 12:1-3). Ahora Salomón gobierna con sabiduría sobre una nación de descendientes de Abraham, llamada Israel. Y acaba de orar para que el templo de Dios sea un lugar donde todas las naciones puedan venir, pedirle a Dios que supla sus necesidades, y que él responda sus oraciones (2 Crónicas 6:32-33). Por fin, la promesa de Dios a Abraham se está cumpliendo mediante el sabio gobierno de Salomón. 

Después de construir el templo y su propio palacio, Salomón comienza a edificar y bendecir al mundo que lo rodea. El rey de Tiro le regala varias ciudades a Israel, y una por una Salomón fortifica estas tierras que antes eran extranjeras (2 Crónicas 8:1-3). Salomón nunca va a la guerra. En cambio, expande sus fronteras mediante una conquista de sabiduría, escuchando a Dios. Encabeza proyectos de construcción internacionales y construye una flota de barcos para extender la influencia de Israel cada vez más lejos por todo el mundo (2 Crónicas 8:5-10, 16-18). Como punto culminante, se nos dice que la esposa de Salomón es egipcia y que es llevada a vivir en el palacio de Salomón, justo al lado del templo de Dios, lo cual demuestra una vez más que el sabio gobierno de Salomón bendice no solo a Israel, sino al mundo entero (2 Crónicas 8:11). 

El encuentro de Salomón con la reina de la lejana nación de Sabá demuestra lo mismo. Ella experimenta de primera mano la riqueza y la sabiduría de Salomón y queda asombrada (2 Crónicas 9:1-4). Concluye que solo el Dios de Israel pudo haber hecho todo lo que ha visto. En sujeción al reino que Dios está edificando, le rinde tributo a Salomón (2 Crónicas 9:5-9). Pero Salomón envía a esta reina extranjera de vuelta a su casa con más tesoros y regalos de los que trajo al llegar (2 Crónicas 9:12).

El reino de Salomón sigue creciendo por la sabiduría y no por la guerra. Reyes de todo el mundo buscan la sabiduría de Salomón y en respuesta le ofrecen tributo (2 Crónicas 9:13, 20-24). La paz que Salomón ha asegurado es tan completa y su riqueza tan inmensa que construye tanto su trono como incluso sus escudos de oro (2 Crónicas 9:15-19). El oro es un metal demasiado precioso y demasiado débil para llevarlo a la guerra. Simbolizan que Salomón conquista no mediante campañas militares, sino mediante la sabiduría y la riqueza. Aunque Salomón tiene miles de caballos y carros de guerra, todos permanecen guardados sin usarse hasta el día de su muerte (2 Crónicas 9:25-31).

¿Dónde está el evangelio?

Salomón, el hijo de David, bendijo al mundo y cumplió la promesa de Dios a Abraham, no por medio de la guerra sino por medio de la sabiduría. Salomón nos revela la manera ideal en que Dios se propone traer a la tierra su Reino eterno e internacional de paz: es decir, por medio de un hijo de David que gobierna con sabiduría y no con guerra. Ese hijo de David es Jesús (Mateo 3:2). 

Jesús fue un Rey de paz mayor que Salomón. Igual que Salomón, la vida de Jesús estuvo marcada por la sabiduría, la generosidad y la obediencia a las leyes de Dios. Durante su tiempo en la tierra, las naciones del mundo acudieron en masa para escuchar su enseñanza y ver su sabiduría por sí mismas. Jesús incluso dice que él es  mayor que Salomón (Mateo 12:42).

Pero, tristemente, el propio pueblo de Dios —descendientes de Abraham y de Salomón— rechazó y conspiró para matar al hijo más grande de Salomón, Jesús (Hechos 2:22-23). Le declararon la guerra. Con astucia aprovecharon los poderes del gobierno y la histeria de las masas para condenar a Jesús a muerte. Pero, como Salomón, Jesús no tomó ninguna arma. Ni siquiera le pidió a Dios que enviara los ejércitos espirituales del Cielo para rescatarlo (Mateo 26:53). En lugar de usar armas de guerra para liberarse, Jesús, en lo que parecía una locura, escogió morir. Pero la locura de Dios es más sabia que toda la astucia de los hombres (1 Corintios 1:25). Jesús conquistó no por la fuerza, sino escuchando la sabiduría de su Padre, y Dios lo resucitó de entre los muertos (Hechos 2:23-24). 

Jesús ahora reina para siempre como el Rey verdadero de toda la Tierra. Como la esposa egipcia de Salomón, Jesús ahora nos invita a la presencia de Dios. Como la reina de Sabá, debemos acudir a él para experimentar su sabiduría y su generosidad por nosotros mismos. Y cuando lo hagamos, descubriremos que todo lo que le entreguemos nos será devuelto con más añadido (Mateo 16:25-27). Jesús es un Rey generoso. Y si ya ha dado su vida por ti, no hay límite para la generosidad que dará a los que lo aman (Romanos 8:32).

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que bendice al mundo. Y que puedas ver a Jesús como aquel que es mayor que Salomón.

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