¿Qué está pasando?
Nabucodonosor tiene un sueño confuso y alarmante. Sueña con un gran árbol que da sombra a la tierra, pero que es talado por orden de un ángel (Daniel 4:11, 14). El tocón queda atado con cadenas y luego pierde la razón y se comporta como un animal durante siete tiempos (Daniel 4:15). Después, el ángel interpreta la imagen de ese árbol convertido en tocón y luego en animal. Significa que solo Dios gobierna los reinos de los hombres. Dios da el poder a los reyes de la tierra. Y Dios ha decidido dar la autoridad a los humildes, no a los soberbios (Daniel 4:17).
Daniel advierte a Nabucodonosor que él es el árbol que corre peligro de ser talado (Daniel 4:22). Se ha llenado de orgullo por su poder. Pronto se parecerá más a un animal que a un hombre y pasará siete años destronado y humillado (Daniel 4:25). Nabucodonosor debe arrepentirse, hacer justicia y reconocer que Dios es el único Dios del mundo (Daniel 4:26).
Pero pasa todo un año y Nabucodonosor no hace nada por cambiar (Daniel 4:29). Olvidando su sueño, sale a su terraza y se jacta: «¿No es esta la gran Babilonia que yo he construido como residencia real, con mi gran poder y para la gloria de mi majestad?» (Daniel 4:30). Al instante, Nabucodonosor pierde la razón y se convierte en el animal que Daniel había profetizado (Daniel 4:31). Come hierba, y el pelo le crece como plumas y las uñas como garras de ave (Daniel 4:33).
Pero tal como Daniel había advertido, después de siete tiempos de locura, Dios le devuelve la razón a Nabucodonosor (Daniel 4:34). Por fin Nabucodonosor se humilla ante el Dios de Daniel. Dios lo levanta no solo para devolverlo a su trono, sino para darle un poder y una grandeza aún mayores (Daniel 4:36). Entonces Nabucodonosor advierte a su reino que «todo lo que [Dios] hace es correcto y todos sus caminos son justos. Y él es capaz de humillar a los que andan con soberbia» (Daniel 4:37).
¿Dónde está el Evangelio?
Aquí termina la historia de Nabucodonosor. El rey que se alababa a sí mismo y se jactaba de su reino ha sido humillado. Nabucodonosor finalmente admite que solo un Reino durará para siempre: el de Dios. En todos los demás relatos, el orgullo de Nabucodonosor es humillado cuando se ve obligado a reconocer la supremacía del Dios de Daniel, y entonces Daniel o sus amigos son ascendidos a posiciones de mayor poder (Daniel 2:48). Pero aquí es Nabucodonosor quien es levantado de su locura y restaurado a su trono y a su dominio sobre Babilonia (Daniel 4:36).
A lo largo de toda la Biblia, la humildad es la clave para estar en relación con Dios (Proverbios 3:34; Santiago 4:10). Pero Nabucodonosor también nos muestra que ningún orgullo es tan monstruoso como para descalificarnos para recibir la gracia de Dios. Es el mismo rey que rechazó las advertencias de Dios, levantó una estatua de veintisiete metros a su propia vanidad, obligó a otros a inclinarse ante su imagen y quemó a quienes se negaron. Sin embargo, Nabucodonosor nos muestra que Dios levantará a quienes se humillan.
Dios está tan comprometido con esto que sigue el mismo patrón consigo mismo. Dios, en Jesús, se humilló. No consideró la riqueza y el poder del Cielo como una razón para alardear ante su pueblo (Filipenses 2:6). Para su familia, Jesús estaba tan loco como Nabucodonosor (Marcos 3:21). El Apóstol Pablo llama «locura» al árbol que humilló a Jesús (1 Corintios 1:18). Y como Nabucodonosor, Jesús llegó a ser como un animal: un Cordero de sacrificio (1 Corintios 5:7). Pero Dios lo levantó de su matanza y le dio más autoridad de la que Nabucodonosor jamás habría podido soñar (Filipenses 2:9-10). Y por causa de Jesús, cualquiera puede revivir la historia de Nabucodonosor y de Jesús. Quienes se humillan como Nabucodonosor serán exaltados como Jesús (Efesios 1:19).
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que humilla a los soberbios. Y que veas a Jesús como aquel que te levanta.


