¿Qué está pasando?
Belsasar, el sucesor de Nabucodonosor, ha tomado el trono. Belsasar vio de primera mano la monstruosa soberbia de su padre. Vio la estatua que su padre erigió a su propia vanidad, y vio a su padre perder la razón por afirmar que era como Dios (Daniel 4:30-31). Belsasar también vio cómo su padre recobró la razón después de humillarse ante Dios (Daniel 4:34). Pero, a pesar de todo esto, el primer acto de Belsasar en el poder es saquear del tesoro real los objetos del templo de Dios (Daniel 5:2). Reparte entre sus concubinas y sus invitados las copas que usaban los sacerdotes de Dios, brinda por su propio poder y se emborracha adorando a sus propios dioses (Daniel 5:3-4).
En medio de esa idolatría y ese libertinaje, aparece una mano y escribe cuatro palabras en la pared: «Mene, Mene, Tequel, Parsin» (Daniel 5:5, 25). A pesar de las promesas de riqueza y poder, ninguno de los sabios del rey entiende lo que significan las palabras (Daniel 5:7-8). Pero la reina sugiere que llamen a Daniel, porque ha oído que en él reposa «el espíritu de los santos dioses» (Daniel 5:11).
Daniel llega y rechaza sin rodeos la riqueza que Belsasar le ofrece a cambio de una interpretación (Daniel 5:17). Está indignado porque Belsasar no ha aprendido nada de la soberbia y la humillación de su padre (Daniel 5:22-23). Daniel dice que Dios ha venido a juzgar su corazón soberbio (Daniel 5:24). La interpretación de las cuatro palabras es compleja. En un primer nivel, las cuatro palabras se relacionan con unidades de peso: una mina, un siclo y medio siclo. Pero Daniel convierte esos sustantivos en verbos de sonido parecido y los interpreta como «contado», «pesado» y «dividido». Luego Daniel añade un tercer nivel de significado al ofrecer un sinónimo o hacer un juego de palabras. Los días de Belsasar están contados, y la cuenta atrás ha terminado; ha sido pesado y hallado demasiado liviano, y su reino será dividido entre dos naciones: Media y Persia (y Persia, por cierto, comparte las mismas letras que la última palabra) (Daniel 5:26). Mientras Belsasar promueve a Daniel sin que eso signifique nada, la escritura ya está en la pared. Esa misma noche Belsasar es asesinado, y Darío el medo se hace cargo del reino (Daniel 5:30-31).
¿Dónde está el evangelio?
Es probable que la fiesta de borrachera de Belsasar con las copas de Dios estuviera ocurriendo mientras Babilonia era atacada por Media. Por eso Darío toma el trono tan rápido, pero también sirve para acentuar la locura de la soberbia de Belsasar. Está literalmente ebrio de poder mientras su reino se derrumba. Si Nabucodonosor nos muestra lo que pasa cuando nos humillamos, Belsasar nos muestra lo que pasa cuando no lo hacemos.
Si negamos al Dios que sostiene nuestra vida, esa vida nos será quitada. Si usamos nuestra vida para brindar por nuestra longevidad, hacer fiestas a nuestra vanidad y emborracharnos con nuestra invulnerabilidad, el destino de Belsasar será el nuestro. Seremos pesados y hallados demasiado livianos. Esto es aterrador, pero también es buena noticia. Ningún poder arrogante durará jamás. Todo líder soberbio caerá. Todo el que use su poder para burlarse del Reino de Dios y celebrar el suyo propio será destruido.
Jesús viene a contar, dividir y pesar a los gobernantes soberbios del mundo (Mateo 25:32; Apocalipsis 19:11). Como Daniel, Jesús ha tenido paciencia con la soberbia humana durante generaciones (2 Pedro 3:9). Pero la escritura ya está en la pared. Jesús viene a hallar faltos a los arrogantes, a contar a los soberbios entre los vencidos y a dividir sus reinos entre los humildes (Mateo 5:5). Así que no seas como Belsasar. Los que se nieguen a humillarse ante el ejército invasor de Dios caerán. Y los que rechacen la verdad de que la humildad de Jesús conduce a su resurrección serán destronados. Humíllate ante el Rey verdadero del universo. Y pronto, como Daniel y como Jesús, pero a diferencia de Belsasar, serás elevado a una posición de poder a la derecha de Dios.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que pesa y halla faltos a los soberbios. Y que veas a Jesús como aquel que viene pronto a dividir su Reino entre los humildes.


