¿Qué está pasando?
Dios le da a Daniel una perspectiva divina del mal humano por medio de una pesadilla. Como nuestros propios sueños, el sueño de Daniel parece una mezcla confusa de imágenes, lugares y líneas de tiempo. Sin embargo, la idea central del sueño es clara: Dios está sentado en su trono por encima de todos los reyes y reinos humanos (Daniel 7:27).
Los reyes del mundo son descritos como cuatro animales mutantes: un león alado sin cerebro, un oso con costillas en la boca, un leopardo con cuatro alas y una bestia con diez cuernos; cada uno representa reinos gobernados por reyes soberbios (Daniel 7:17). Estos reyes-monstruo nos muestran cuán horrendos le parecen a Dios el mal humano y los imperios soberbios. ¿Recuerdas la historia de Nabucodonosor? Dios castigó su arrogancia y su culto a sí mismo convirtiéndolo por siete años en un monstruo en parte humano, en parte ave, en parte buey (Daniel 4:28-33).
Pero mientras la tierra está llena de lo que parecen monstruos, en las nubes se sientan los que parecen humanos. Un Juez sabio, de cabello blanco, se sienta en su trono, y a él se acerca «un hijo de hombre» que viene con las nubes (Daniel 7:9, 13). El Juez tiene centenares de miles de servidores, está rodeado de fuego santo y se le llama el «venerable Anciano». Esta es una visión de Dios con su pueblo reinando sobre los monstruos de la tierra (Daniel 7:10).
Pero el hijo de hombre que viene con las nubes también tiene el poder de Dios (Daniel 7:14). A lo largo de todo el Antiguo Testamento, solo Dios viene con las nubes. En la historia del Éxodo, Dios fue la nube protectora de Israel cuando huía de Egipto (Éxodo 13:21). El salmista, al meditar en esa historia, llama a Israel a adorar al Dios que «hace de las nubes su carroza» (Salmo 104:3). El Jinete de las Nubes también es Dios. Es difícil imaginar a Dios cabalgando sobre las nubes hacia sí mismo, así que Daniel le pide a un ángel que le interprete lo que está viendo (Daniel 7:15-16).
Pero el ángel no aclara su confusión, sino que añade otra capa de significado al sueño. El ángel llama al «hijo de hombre» el «pueblo de Dios» y dice que ellos se acercarán al venerable Anciano y reinarán con Dios después de que termine el reino de los monstruos (Daniel 7:18). Por un tiempo, el mundo y sus bestias vencerán y oprimirán al pueblo de Dios (Daniel 7:21, 25). Pero pronto, después de un período de persecución, Dios levantará al hijo de hombre y al pueblo de Dios (Daniel 7:26-27). Daniel despierta pálido al pensar en el sufrimiento inevitable, pero está seguro de que el reinado de la bestia llegará a su fin.
¿Dónde está el evangelio?
La imagen de Dios cabalgando sobre las nubes hacia sí mismo, después de un tiempo de sufrimiento y bajo el gobierno de reyes bestiales, no se interpreta plenamente hasta la muerte y la ascensión de Jesús. Mientras estaba siendo juzgado, camino a la crucifixión, Jesús cita Daniel 7 y lo dice él mismo: «Yo soy… el Hijo del Hombre sentado a la derecha del Todopoderoso, y viniendo en las nubes del cielo» (Marcos 14:62). Jesús es el Jinete de las Nubes. Jesús es el «Hijo del Hombre» que representa a todos los hijos e hijas de Dios.
Tal como el pueblo de Dios fue aplastado por la bestia, pero luego se levantó de la carnicería en el sueño de Daniel, así Jesús es aplastado por el bestial imperio romano y se levanta de su tumba para tomar asiento a la derecha del venerable Anciano (Mateo 24:30). Y Jesús promete que todo el que permanezca fiel durante el reinado de las bestias reinará y estará sentado con él en las regiones celestiales en Cristo Jesús (Efesios 2:6). Estaremos entre los miles y miles de santos que sirven y reinan con Dios alrededor de su trono (Daniel 7:10).
La pesadilla de Daniel no describe solo a Babilonia, sino a toda nación e institución que no es gobernada por el venerable Anciano. En todo el mundo sufrimos, somos perseguidos y marginados por nuestra fidelidad a Dios solamente. Jesús nos dijo que esperáramos esto (Mateo 5:11). Pero la buena noticia es que, cuando ponemos nuestra confianza en el Hijo del Hombre que antes sufrió y ahora cabalga sobre las nubes, reinamos con Dios ahora, incluso mientras somos gobernados por monstruos (Efesios 2:6). En Jesús, nuestro sufrimiento se vuelve redentor y la muerte es el preludio de la vida y el poder eternos. La buena noticia de Daniel 7 es que, no importa cómo los poderes del mundo aplasten a los seguidores de Jesús, jamás vencerán al pueblo de Dios. Como Jesús, cabalgaremos sobre las nubes, tomaremos nuestros tronos sobre los monstruos de la tierra y estaremos con Dios para siempre (1 Tesalonicenses 4:17).
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que se sienta en poder por encima de todos los reinos terrenales. Y que veas a Jesús como aquel que nos levanta para reinar con él.


