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devocional

Ester 2:19-4:17

Para un momento como este

En Ester 2:19-4:17 vemos que, en el momento en que Mardoqueo anima a Ester a convertirse en la libertadora prometida, también está profetizando el rescate definitivo del pueblo de Dios en Jesús.

¿Qué está pasando?

Ester acaba de ser coronada reina de Jerjes. Pero de inmediato Mardoqueo, primo y tutor de Ester, descubre una conspiración entre los eunucos del rey para asesinar a Jerjes (Ester 2:21). Juntos informan al rey, quien ejecuta rápidamente a los aspirantes a asesinos (Ester 2:23). Pero, en lugar de recompensar a Mardoqueo por su lealtad, Jerjes asciende a Amán, un descendiente del rey Agag (Ester 3:1). Esa genealogía es significativa porque antes se nos dice que Mardoqueo es descendiente del primer rey de Israel, Saúl (Ester 2:5). Fue precisamente el no haber destruido a Agag lo que le costó a Saúl el trono (1 Samuel 15:9-11). Desde entonces, los agaguitas fueron los enemigos ancestrales de los descendientes del rey Saúl.

Entonces Jerjes exige que todos sus funcionarios se inclinen ante Amán, pero Mardoqueo se niega (Ester 3:2). Los demás funcionarios cuestionan el motivo de Mardoqueo al desobedecer la orden del rey (Ester 3:3). Pero está claro que Mardoqueo no repetirá los pecados de sus antepasados. Cuando le informan a Amán de la insubordinación de Mardoqueo, se enfurece (Ester 3:5). Pero cuando se entera del linaje de Mardoqueo, se vuelve genocida (Ester 3:6). Él pondrá fin a la enemistad que sus antepasados iniciaron.

Amán echa una especie de dados llamados «pur» para determinar la mejor fecha para su venganza (Ester 3:7). Una vez determinada, Amán acude a Jerjes y solicita la matanza de todos los judíos bajo el pretexto de proteger los intereses financieros del rey (Ester 3:8). Y Jerjes accede a este día de muerte. Se anima a los persas a matar a todos sus vecinos judíos y a tomar todo el botín que deseen (Ester 3:13). Pero ninguno de los dos se da cuenta de que este decreto matará a Ester, la reina de Jerjes.

Mardoqueo le informa a Ester sobre el complot de Amán y le ruega que se presente ante el rey y defienda la causa de su pueblo (Ester 4:8). Pero Ester sabe que eso equivale prácticamente a una sentencia de muerte (Ester 4:11). Mardoqueo le advierte que, de todos modos, podría morir. Es mejor arrojarse a la misericordia de Jerjes que caer en las manos de una multitud genocida (Ester 4:13). Si Ester no actúa, Mardoqueo está seguro de que el rescate de los judíos vendrá de otra parte. Pero también se pregunta si Ester ha llegado a ser reina precisamente para este momento (Ester 4:14). Convencida de que debe actuar (o al menos convencida de que no tiene otra opción), Ester le dice a Mardoqueo que irá ante el rey, y que si muere, morirá (Ester 4:16).

¿Dónde está el evangelio?

El conflicto entre Mardoqueo y Amán no solo se remonta al rey Saúl y al rey Agag, sino a las primeras páginas de la Biblia. Dios prometió que la simiente de la serpiente estaría en conflicto constante con los hijos de Eva hasta el día de muerte en que la cabeza de la serpiente sería aplastada bajo el talón del hijo de Eva (Génesis 3:15). Mardoqueo y Amán son nuevos descendientes atrapados en este antiguo conflicto. Pero esta vez los papeles parecen estar invertidos. La bota de Amán se cierne pesada sobre la cabeza del hijo de Eva, Mardoqueo. Así que la pregunta es: ¿será Dios fiel para traer ese prometido día de muerte contra la serpiente? ¿O es que los hijos de Eva solo están escogiendo entre dos maneras de morir?

Dios nunca es mencionado en Ester. Tampoco se mencionan las promesas que él hace con su pueblo. Sin embargo, Mardoqueo parece tener fe en este prometido día de muerte. Está convencido de que la salvación para la simiente de Eva surgirá, si no en Ester, entonces de otra parte (Ester 4:14). Y en el momento en que Mardoqueo anima a Ester a convertirse en la prometida Aplastadora de la serpiente, también está profetizando el rescate definitivo del pueblo de Dios en Jesús.

Igual que Ester, Jesús arriesga su vida en las manos de un rey, sabiendo que podría morir (Juan 18:29-30). Pero, a diferencia de Ester, Jesús sí muere. Un día de muerte sí llega, incluso para Jesús. Pero Jesús resucitó de la tumba, destruyendo a la serpiente y sus poderes (Colosenses 2:15). Y por su resurrección finalmente aplasta la cabeza de la serpiente, el enemigo ancestral del pueblo de Dios. En Ester, los propósitos de Dios se cumplirían en Persia. Pero en Jesús, las promesas de Dios se cumplen plena y definitivamente.

Compruébalo tú mismo

Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que ha planeado la destrucción de nuestros enemigos. Y que veas a Jesús como aquel que aplastó la cabeza de nuestro enemigo cuando su talón fue herido en la cruz.

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