¿Qué está pasando?
El libro de Isaías se escribió durante una época políticamente inestable. Los grandes imperios de Asiria y Babilonia se asomaban amenazantes en el horizonte. Todas las naciones alrededor de Israel se apresuraban a formar alianzas para protegerse de la invasión que anticipaban. Dentro de Israel y Judá, las distintas políticas exteriores respecto a Asiria llevaron a los reyes a asesinarse unos a otros y a tramar golpes de Estado. En su desesperación, Acaz, el rey de Israel, llega incluso a apoyar las ambiciones imperiales de Asiria con la esperanza de salvar su propia nación. El profeta Isaías dice que todas estas maniobras políticas ponen al descubierto su incredulidad: no cree que Dios controle la política y la historia del mundo. En lugar de confiar en maquinaciones políticas, alianzas secretas y poder militar, Israel necesita confiar en que Dios protegerá a su nación por sí mismo. Así que, durante los dos capítulos siguientes, Isaías profetiza la caída de cada nación que rodea a Israel con la esperanza de demostrar que solo Dios es digno de la confianza de Israel.
Primero, Isaías profetiza que Babilonia caerá. Durante la vida de Isaías, Babilonia era el centro cultural de la antigua Mesopotamia. Y poco después de la muerte de Isaías, llegó a ser también la potencia militar dominante. Sin embargo, Isaías profetiza que tanto el poder cultural presente de Babilonia como su poder militar futuro desaparecerán. Dios convocará un ejército aún más grande para destruirla por completo (Isaías 13:1-8). Como las estrellas, la luna y las montañas, la arrogancia, la crueldad y la maldad de Babilonia parecen rasgos permanentes de la vida en la Tierra, pero Dios humillará su poder y su orgullo (Isaías 13:9-13). Los que una vez fueron los poderosos cazadores de Babilonia serán cazados por un imperio aún más grande (Isaías 13:14-18). Ese imperio mayor destruirá la relevancia cultural de Babilonia, arrasará sus ejércitos y dejará sus ciudades en ruinas para que jueguen en ellas los chacales (Isaías 13:19-22).
A fin de cuentas, Dios usará todo su poder para el bien de Israel. Y si alguna nación conquista a Israel, Dios conquistará a esa nación a su vez. Israel no necesita confiar en potencias extranjeras; tienen a Dios de su lado (Isaías 14:1-2). Isaías incluso escribe un canto que Israel usará algún día para burlarse de sus opresores imperiales. El canto celebra que la gran fuerza de Babilonia quedará impotente (Isaías 14:3-8). Describe vívidamente a los espíritus no muertos de los reyes que un día fueron gloriosos preparando un desfile para recibir a la Babilonia conquistada en el mundo de los muertos (Isaías 14:9-11). El canto se burla de los delirios de grandeza del rey babilonio. Solía pensar que era un dios, pero su tumba demostrará lo contrario (Isaías 14:12-15). Mientras otros reyes reciben sepulturas dignas, el rey de Babilonia quedará pudriéndose en una fosa común, debajo de los cuerpos de los soldados con los que una vez aterrorizó al mundo (Isaías 14:16-21). Por el poder de Dios, Babilonia caerá para nunca más levantarse (Isaías 14:22-23). Israel no necesita formar alianzas, porque Dios está de su lado.
¿Dónde está el evangelio?
La desconfianza en Dios marcó los días de Isaías. La habilidad diplomática, la negociación astuta y las amenazas de fuerza militar eran más dignas de consideración que la oración o la búsqueda de la dirección de Dios. Pero las profecías de Isaías le recordaban a Israel que Dios controla los acontecimientos del mundo. Dios puede anunciarle a Isaías el futuro de complejas relaciones internacionales porque controla tanto las guerras mundiales como la historia.
Aprender a confiar en Dios en tiempos políticamente turbulentos siempre es difícil. Bajo la amenaza de invasión, de sufrimiento y de cambios nacionales, es fácil olvidar que Dios controla nuestro futuro y pelea por nuestro bien. Así que, para demostrar que nada puede detener sus planes para su pueblo, Dios entró en la historia humana en la persona de Jesús. Demostró su control divino usando un imperio global para ejecutarlo (Juan 10:18). Jesús provocó intencionalmente a la élite religiosa y política, sabiendo que intentarían asesinarlo (Juan 10:18). Aunque trataron de matarlo muchas veces, Jesús solo permitió que lo capturaran en el momento que él determinó (Lucas 4:28-30; Juan 8:59). Incluso le manda a su traidor que lo traicione y así dé inicio a los acontecimientos que lo llevarán a la muerte (Mateo 26:50). El imperio malvado de Roma y el corrupto sistema religioso de Jerusalén obedecieron el mandamiento de Jesús. Hasta la tumba de Jesús escuchó al Dios de la historia y obedientemente lo escupió afuera tres días después (Hechos 2:23-24). Jesús demuestra que Dios controla la muerte, la política y la historia. Aunque nuestro mundo parece estar fuera de control, podemos confiar en que Dios usará su poder para el bien de su pueblo. Y como Isaías, podemos incluso cantar cantos que les recuerden a nuestros enemigos su derrota y se burlen de su impotencia ante el Dios que ha vencido a la Muerte.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para que veas al Dios que controla la historia. Y que veas a Jesús como aquel que es digno de confianza.

