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devocional

Isaías 19-20

Una comunidad global

En Isaías 19-20 vemos que Jesús crea una comunidad global de enemigos reconciliados por medio de su muerte y resurrección.

¿Qué está pasando?

Dios quiere que Judá llegue a ser el centro de una comunidad global de personas que viven en paz unas con otras y adoran al Dios verdadero de la historia y del mundo. Sin embargo, el ejército asirio amenaza con destruir a Judá. El rey de Judá está desesperado por conseguir ayuda, y la nación de Egipto está muy dispuesta a dársela. Cuando Isaías pronunció esta profecía, Egipto ya había financiado muchas rebeliones contra Asiria y prometía ayuda militar a cualquier rey dispuesto a unirse a la lucha contra el imperio en expansión. Pero Isaías le dice al rey de Judá que aceptar la ayuda egipcia es una necedad. Egipto no tiene nada que Dios no le haya prometido ya a Judá. Además, Egipto tiene un historial de promesas incumplidas. Así que, en una serie de tres oráculos proféticos, Isaías intenta convencer a Judá de permanecer fiel a su llamado y de confiar en Dios rechazando una alianza con Egipto.

En su primer oráculo, Isaías anima a Judá a confiar en Dios al exponer la impotencia de Egipto ante el Dios de Israel. Todas las deidades de Egipto tiemblan de miedo delante de Dios (Isaías 19:1). Como resultado, los egipcios que adoran a esos dioses también se llenan de temor. En su angustia, se atacan y se destruyen unos a otros, lo cual los convierte en un blanco más fácil para la conquista asiria (Isaías 19:2-4). Históricamente, el río Nilo ha sido la fuente de la riqueza y el poder de Egipto, pero Isaías profetiza que Dios secará el Nilo y, con él, la economía egipcia (Isaías 19:5-11). De igual manera, los filósofos, astrólogos y adivinos de Egipto eran famosos en todo el mundo. Pero todos ellos quedarán en evidencia como necios y de vista corta cuando no logren prever la caída de Egipto (Isaías 19:12-15). Isaías advierte a Judá que todo aquello de lo que Egipto se jacta —su religión, su río y su sabiduría— está a punto de caer. En lugar de aceptar la ayuda de Egipto, deben confiar en el Dios de Israel.

En su segundo oráculo, Isaías dice que Judá no debe someterse al poder de Egipto porque muy pronto Egipto se someterá a Judá. Pronto Judá infundirá temor en el corazón de los soldados egipcios, y Dios los conquistará (Isaías 19:16-17). Cinco ciudades egipcias incluso cambiarán la lengua oficial de su nación por la del pueblo de Dios (Isaías 19:18). En el corazón mismo del politeísmo egipcio se ofrecerán sacrificios al Dios de Israel. Cada vez que los egipcios sean oprimidos, clamarán al Dios de Israel, y él los tratará como a su propio pueblo y los librará (Isaías 19:19-22). En aquel día, en lugar de prepararse para la guerra, los enemigos serán reconciliados. Judá, Egipto e incluso Asiria construirán juntos una carretera, y juntas las tres naciones serán llamadas pueblo de Dios y traerán bendición a la Tierra (Isaías 19:23-25). Si Judá confía en Dios, el mundo entero vivirá en paz; por eso deben confiarle a Dios el futuro de su nación y rechazar la ayuda egipcia en su lucha contra Asiria. 

El último oráculo de Isaías se pronuncia poco después de que Egipto traicionara a uno de sus aliados, permitiendo que Asiria conquistara la ciudad de Asdod. Como respuesta, Isaías se quita la ropa y las sandalias y camina prácticamente desnudo durante tres años (Isaías 20:1-2). Es una imagen de lo que le sucederá a Egipto por su traición. Pronto Asiria conquistará a Egipto, despojará a sus ciudadanos y los llevará al destierro. La aplicación para Judá es clara: la única manera en que Judá llegue a ser una comunidad global de paz y de amor por Dios es confiando en Dios para la supervivencia de su nación y rechazando la ayuda egipcia (Isaías 20:4-6).

¿Dónde está el evangelio?

Dios quiere que Judá llegue a ser el centro de una comunidad global de personas que viven en paz unas con otras y adoran al Dios verdadero de la historia y del mundo. Confiar en cualquier otro aliado resultará necio y fatal para estos propósitos. Judá debe confiar en su Dios si quiere que su nación sobreviva y llegue a ser la nación que Dios quiere que sea. Al final, Judá no escuchó a Isaías y abandonó la fe en su Dios. Sin embargo, Dios permaneció fiel a sus planes para su pueblo al enviar a Jesús para traer paz al mundo, tal como Isaías lo había profetizado. 

Jesús confió en Dios como debían haberlo hecho Judá y sus reyes. Y en su fidelidad a Dios, Jesús comienza a reunir una comunidad internacional de enemigos reconciliados. Durante su vida, judíos que estaban enfrentados entre sí —como Simón, el zelote de Judea, y Mateo, simpatizante de Roma— dejaron a un lado sus diferencias y llegaron a ser colíderes en el nuevo Reino de Jesús (Marcos 3:13-19). Y muchos de los primeros seguidores de Jesús formaban una multitud diversa de samaritanos, centuriones romanos y judíos. Durante siglos, cada uno de estos pueblos había estado enfrentado con los demás, pero en Jesús esos conflictos quedaron a un lado y un nuevo Reino internacional comenzó a tomar forma (Juan 4; Mateo 8:5-13). Amenazados por las afirmaciones de Jesús de ser rey y por el creciente número de sus seguidores, los líderes de Israel sacrificaron a Jesús para salvar su propio pellejo (Juan 11:50). Pero Jesús resucitó de entre los muertos. Los poderes de Roma y de Israel quedaron desconcertados, el Reino internacional de Dios recibió una soberanía eterna, y personas de todo el mundo comenzaron a unirse a él (Hechos 2:24). 

Ahora, si clamas al Rey Jesús pidiendo ayuda, él te librará y te reclamará como suyo. Serás invitado a una comunidad global de personas a quienes Dios ha traído paz por medio de su cruz (Efesios 2:14). No seas como el rey de Judá. No hay paz ni libertad duraderas aparte del Dios de Israel. Confiar en los dioses del mundo es necio y fatal. En cambio, confía en Jesús y él te salvará. 

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que es digno de tu confianza. Y que puedas ver a Jesús como el rey fiel que gobierna un Reino de paz, al cual todos son bienvenidos por la fe.

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