¿Qué está pasando?
Los discípulos de Jesús están preocupados por su estatus en su Reino (Marcos 9:33-34). Le dicen a Jesús que quieren sentarse a su derecha (Marcos 10:37). Y momentos antes, los discípulos desestiman a los niños por no merecedores de la atención de Jesús (Marcos 10:13).
Sin embargo, Jesús explica que nos hacemos grandes cuando servimos a los más necesitados y a los más humildes y cuando nos convertimos en niños (Marcos 10:15).
Casi de inmediato, alguien que ya es grande, un joven rico, se acerca a Jesús y le pregunta qué se necesita para obtener la vida eterna (Marcos 10:17). Jesús le dice que debe convertirse en un siervo: vender todo lo que tiene y dárselo a los pobres” (Marcos 10:21).
Abrumado por el costo, el joven se marcha triste y desalentado ante la idea de renunciar a todo lo que tiene (Marcos 10:22).
Jesús dice que entrar en el Reino de Dios sirviendo a todos o renunciando a todo es humanamente imposible. Si somos salvos, es solo porque Dios lo hace posible.
Poco después, un pobre y ciego llamado Bartimeo pide sanidad y Jesús se la da (10:52). Estos dos hombres demuestran lo que Jesús les ha estado diciendo a sus discípulos. No son los grandes los que entran en el Reino de Dios, sino los más pequeños.
Jesús también quiere que sus discípulos sepan que seguirlo tiene su precio. Requerirá la muerte tanto de ellos mismos como de las cosas que consideran preciosas. Llegar a ser grande a los ojos de Jesús significa perderlo todo a los ojos de este mundo.
¿Dónde está el Evangelio?
Jesús es la imagen definitiva de lo más grande que se convierte en lo más humilde. No vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate, es decir, a liberar a muchos de la esclavitud del pecado y la muerte y a integrarlos en la familia de Dios (Marcos 10:45). A diferencia del joven rico, Jesús renunció voluntariamente a todo lo que tenía por el bien de los demás.
Como un niño, Jesús confió en la voluntad de su Padre y sirvió a sus discípulos incluso hasta la muerte (Lucas 22:42). Sin embargo, fue precisamente a través de esta humildad y entrega como Dios lo resucitó y lo exaltó a su derecha.
Jesús, el último, se ha convertido en el primero. Y la buena noticia es que cuando seguimos el camino de Jesús para convertirnos en el más pequeño, también compartiremos su grandeza y su vida.
Compruébalo por ti mismo
Ruego para que el Espíritu Santo abra tus ojos para que veas al Dios que nos libera de la esclavitud del pecado y la muerte. Y que veas a Jesús como el Rey-siervo que lo renunció a todo para que pudiéramos compartir su vida y su grandeza.

