¿Qué está pasando?
El rey David de Israel ha deseado con lujuria a Betsabé (la esposa de otro hombre), la ha sacado de su casa para llevarla a su habitación y luego ha conspirado para asesinar a su esposo y encubrir el adulterio (2 Samuel 11:2-17). Natán, el profeta de Dios, confronta a David por su lujuria, su asesinato y su engaño. Y David se da cuenta del horror de sus crímenes (2 Samuel 12:13). En este salmo clama a Dios pidiéndole misericordia, porque sabe que el amor de Dios nunca deja de mostrar compasión (Salmo 51:1).
David quiere que sus pecados sean borrados, lavados y limpiados (Salmo 51:1-2).
David ve sus pecados, en primer lugar, como crímenes contra Dios. No minimiza el daño que causó a sus súbditos, pero lleva su caso al tribunal más alto al que puede acudir (Salmo 51:4). Sus pecados son crímenes atroces contra la humanidad, y también son alta traición contra el Dios soberano del universo. Solo Dios puede perdonar sus pecados y borrarlos de su expediente.
David confiesa que ha sido corrupto desde su concepción (Salmo 51:5). Sabe que Dios desea pureza en lo más profundo de su ser, y es muy consciente de que él es impuro. Pero David también sabe que Dios proveerá lo que le falta (Salmo 51:6). Como criatura podrida por el pecado, David necesita que Dios haga lo que solo él puede hacer: convertirlo en una nueva creación. Solo Dios puede crear un corazón puro, así que David le pide a Dios que lo «des-pecamine» y lo haga tan limpio como un hombre que nunca hubiera pecado (Salmo 51:10).
Más aún, David quiere adorar a Dios libremente, con la conciencia limpia. Ora para que sus huesos quebrantados vuelvan a danzar (Salmo 51:8). Anhela cantar a Dios y contarles a otros pecadores como él el trato compasivo que Dios ha tenido con él (Salmo 51:12-13, 15). David le ruega a Dios que no se aparte de él (Salmo 51:11). David sabe que ofrecer un animal no limpiará su conciencia. Lo único que puede ofrecer es su corazón quebrantado, pero sabe que Dios acepta el simple arrepentimiento como un sacrificio digno (Salmo 51:16-17).
¿Dónde está el evangelio?
Como David, todos hemos deseado lo que no nos pertenece y hemos conspirado para conseguir lo que creemos merecer. Como David, hemos escandalizado al Creador del universo. Como David, somos pecadores hasta la médula, y necesitamos ser convertidos en nuevas creaciones, pero no podemos lograrlo. Sin embargo, no tenemos que temer ese tipo de honestidad acerca de nosotros mismos. La buena noticia es que lo que nos falta, Dios lo provee en Jesús.
Necesitamos misericordia, un corazón puro y una conciencia limpia. Así que, en misericordia, Jesús va a una cruz. Jesús se hace nuestro pecado, pero en su muerte borra nuestros pecados del expediente de Dios (2 Corintios 5:21; Mateo 27:46). En la muerte de Jesús nos es dado un corazón puro. ¡Pero en la resurrección de Jesús nos es dada una vida nueva allí donde antes estábamos podridos hasta la médula (2 Corintios 5:17-18)! Y Jesús es el sacrificio que agradó a Dios e hizo posible que pecadores como nosotros nos acerquemos a Dios sin nada más que un corazón quebrantado (Hebreos 10:10). Jesús nos da todo lo que David pide a Dios que le dé. Jesús limpia nuestra conciencia y nos acepta por completo. Jesús borra nuestros crímenes contra Dios. La misericordia de Jesús «des-pecamina» nuestro interior podrido. El sacrificio de Jesús limpia nuestra conciencia.
Así que, como David, clama a Dios por misericordia. Lleva con honestidad tus pecados y tu traición al tribunal más alto del Cielo, y sabe que, por causa de Jesús, eres perdonado.
Compruébalo tú mismo
Pido en oración que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que perdona a los pecadores. Y que veas a Jesús como el sacrificio que te limpia del pecado y te hace una nueva creación.

