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devocional

Salmo 34

Prueba y ve que el SEÑOR es bueno

En el Salmo 34 vemos que Jesús es la prueba viviente de que el SEÑOR está cerca de los quebrantados de corazón y vino a salvar a los de espíritu abatido.

¿Qué está pasando?

David está alabando al SEÑOR y quiere que todo el que esté sufriendo se una a él (Salmo 34:1-2). Juntos celebrarán la grandeza de Dios (Salmo 34:3).

La experiencia personal de David es que, cuando clama al SEÑOR, recibe respuesta (Salmo 34:4). Esa ha sido también la experiencia de Israel. El pobre Israel clamó al SEÑOR en su esclavitud (Salmo 34:6) y Dios le dio un ángel para rodearlo y liberarlo (Salmo 34:7). Y cuando Moisés oró en la presencia de Dios en el monte Sinaí, Dios mostró su cercanía haciendo resplandecer el rostro de Moisés (Éxodo 34:29). David está seguro de que, cuando los que sufren oran al SEÑOR, experimentarán esa misma liberación (Salmo 34:5). 

Cuando se refugien en la presencia de Dios, probarán y verán que el SEÑOR es bueno, tal como Israel probó su salvación en el cordero Pascual (Salmo 34:8). Es significativo que a ese cordero no se le quebraba ningún hueso (Éxodo 12:46-47). El cordero Pascual debía ser un símbolo de la protección de Dios incluso en la muerte del cordero. 

Luego David se lanza a una serie de poemas proverbiales. Son versos concisos que describen lo que generalmente les sucede a las personas que confían en Dios. A diferencia de los leones, que no temen a nadie pero aun así pasan hambre, a los que temen al SEÑOR no les faltará nada (Salmo 34:9-10).   

Las personas que confían en Dios, buscan la paz para su prójimo y se apartan del mal tendrán toda la atención de los ojos y los oídos de Dios (Salmo 34:15). A Dios no le interesa sostener a los orgullosos, sino acercarse a los quebrantados de corazón y a los que sufren para salvarlos, tal como lo hizo con Israel esclavizado en Egipto (Salmo 34:18). 

David está seguro de que, aunque el pueblo de Dios sufra e incluso muera, al igual que al inocente cordero Pascual, al final no se les quebrará ningún hueso (Salmo 34:19-20). Dios protegerá a su pueblo, cueste lo que cueste.

¿Dónde está el evangelio?

David nos anima a ver que podemos confiar en Dios incluso cuando sufrimos. Y si te resulta difícil aceptar la experiencia personal de David o sus proverbios como prueba de que Dios es digno de confianza, quizá puedas aceptar el ejemplo de la vida de Jesús. 

Jesús es la prueba viviente de que el SEÑOR está cerca de los quebrantados de corazón y viene a salvar a los de espíritu abatido. Jesús no solo comenzó su ministerio diciéndonoslo (Lucas 4:18), sino que lo demostró dando sanidad a leprosos marginados, a mujeres con enfermedades crónicas e incluso a niños muertos. Jesús también defendió a los pecadores de los ataques de los orgullosos que se creían justos (Lucas 19:10). Él hace un llamado a los cansados y agobiados a confiar en su mansedumbre (Mateo 11:28). 

Puedes confiarle tu sufrimiento a Dios porque él es manso. 

Puedes confiarle tu sufrimiento a Dios por su sacrificio en la cruz. Como al cordero Pascual, a Jesús no le quebraron ningún hueso cuando murió (Salmo 34:20; Juan 19:36). Fue un símbolo de que el poder salvador de Dios no lo había abandonado. Incluso en su muerte, Dios protegió a su Hijo y salvó a su pueblo. Así como el cordero Pascual sirvió de símbolo y promesa de fidelidad en el sufrimiento, la sangre de Jesús y sus huesos no quebrados prueban que Dios fue fiel en el sufrimiento de Jesús y que también será fiel en el nuestro. 

Jesús es nuestro cordero Pascual. Y cuando probamos y vemos su bondad —cuando comemos su carne y bebemos su sangre— seremos salvos (Juan 6:54). 

Dios nos protegerá, incluso en la muerte. Porque Jesús murió como nuestro cordero Pascual, no se nos quebrará ningún hueso y nuestro sufrimiento no tendrá la última palabra.

Compruébalo tú mismo

Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que es digno de confianza. Y que pruebes y veas a Jesús como el buen cordero Pascual, que nos libra de nuestro sufrimiento.

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