¿Qué está pasando?
En el Salmo 32, David nos dice que cantemos y nos alegremos porque Dios nos ha perdonado (Salmo 32:11). ¡El Salmo 33 es la canción que debemos cantar! Es una canción nueva para una nueva experiencia de la libertad y el perdón de Dios (Salmo 33:3).
David nos da tres razones para alabar a Dios: su carácter, su palabra y sus planes.
Primero, el carácter de Dios es intachable. Sus palabras son siempre rectas y verdaderas, y él nunca falta a su palabra (Salmo 33:4). La justicia, la pureza y el amor de Dios se ven en todas las formas en que ha perdonado a Israel de sus pecados y la ha liberado de la esclavitud, en especial en Egipto (Salmo 33:5).
Segundo, la palabra de Dios tiene poder para hacer lo que dice (Salmo 33:9). Solo tiene que soplar y nacen las estrellas (Salmo 33:6). Puede separar océano de océano como nosotros separamos la ropa para lavar; puede almacenar los mares como nosotros guardamos litros de leche (Salmo 33:7).
Tercero, los planes de Dios son imparables. No hay superpotencia capaz de frustrar los propósitos de Dios (Salmo 33:10). Y aunque los imperios duren algunos siglos, la dinastía de Dios nunca termina (Salmo 33:11).
Todo esto significa que Israel puede confiar en Dios. Dios la ha escogido para ser heredera de su fortuna de gracia y misericordia. Israel puede confiar en que su herencia no será nada más que bendición (Salmo 33:12). Después de todo, Dios ve el mundo con claridad. Conoce las mentes, los motivos y la fuerza de Israel y de sus enemigos (Salmo 33:13).
Y Dios ve que el poder humano es un mito (Salmo 33:15). La atención amorosa de Dios es más poderosa que el tamaño de un ejército o los avances tecnológicos (Salmo 33:17-18). Sus ojos, que todo lo ven, están puestos en el sufrimiento de su pueblo, y su voz todopoderosa lo salva (Salmo 33:18b).
Con confianza, Israel puede renunciar a depender de sí misma y, en cambio, aguardar con esperanza (Salmo 33:20). El carácter, la palabra y los planes de Dios apuntan todos en la misma dirección: él será su fuerte ayudador y su amoroso libertador (Salmo 33:20-21).
¿Dónde está el evangelio?
Como Israel, hemos sido perdonados por Dios. Como Israel, debemos cantar canciones nuevas sobre el carácter, la palabra y los planes de Dios. Y como nuestro perdón lo ganó Dios en Jesús, es totalmente apropiado meditar en el carácter, la palabra y los planes de Jesús.
Primero, el carácter de Jesús es el carácter de Dios (Juan 5:19). Cuando Jesús sanó a los enfermos, se acercó a los marginados y recibió a los pecadores, vemos la justicia, la pureza y el amor de Dios en pleno despliegue. O, como dice el autor de Hebreos, Jesús es el «resplandor de la gloria de Dios», que sostiene el universo con sus palabras (Hebreos 1:3a).
Segundo, las palabras de Jesús eran tan poderosas como las de Dios. Calmaron tormentas, derrotaron demonios e inspiraron arrepentimiento. Sus últimas palabras, «Todo se ha cumplido», aseguraron nuestro perdón. Desde el comienzo de su ministerio, Jesús tuvo un solo plan: poner en libertad a los oprimidos (Lucas 4:18). Y aun sabiendo que le costaría la vida, se dirige con decisión hacia el peligro (Lucas 9:51).
Tercero, el carácter, la palabra y los planes de Jesús fueron más estratégicos que el aparato militar de Roma y más poderosos que la hipocresía religiosa de Israel. Aun cuando ambos conspiraron para matarlo, el plan de Dios de librar a su pueblo no pudo ser detenido (Hechos 2:23).
Tenemos en Jesús un Dios que logra todo lo que necesitamos para librarnos de la muerte (Salmo 33:19). Lejos de intentar, confiando en nosotros mismos, reunir fuerzas suficientes para rescatarnos, podemos aguardar con la esperanza de que el Dios que resucitó de entre los muertos será nuestra ayuda y nuestro escudo. En Jesús, el gran amor de Dios reposa sobre nosotros para siempre (Salmo 33:22). Cada día tenemos razones nuevas para cantar canciones nuevas.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que es digno de alabanza. Y que veas a Jesús como aquel cuyo carácter, palabra y planes nos salvan de manera tan completa que podemos esperar y cantar con la esperanza de su rescate.

