¿Qué está pasando?
El libro de Hebreos fue escrito a los hebreos, es decir, a personas de la fe judía. Como judíos, su relación con Dios dependía de la obra de los sacerdotes. Durante siglos, los miembros de la tribu de Leví fueron los únicos capacitados para ser sacerdotes del pueblo judío. Los levitas servían en el templo y solo los levitas ofrecían sacrificios. Los levitas eran los responsables de mantener la relación correcta de los judíos con Dios (Números 18:1-32). Pero esto representa un problema para los creyentes judíos en Jesús. Jesús afirmó ser un sacerdote que ofreció un sacrificio para restaurar su buena relación con Dios. Sin embargo, Jesús no es levita (Hebreos 7:14). El autor quiere explicar por qué Jesús está capacitado para ser sacerdote aunque no sea levita.
Antes de que naciera el padre de los levitas (Leví), el bisabuelo de Leví, Abraham, se encontró con un rey llamado Melquisedec (Hebreos 7:10). Abraham acababa de ganar una batalla y, sin que nadie se lo pidiera, le dio a Melquisedec el diez por ciento de su botín (Génesis 14:18-20; Hebreos 7:1-2, 4). Según la ley judía, los sacerdotes —no los reyes— tenían derecho a recibir los diezmos (Hebreos 7:5-6). El diezmo de Abraham reconoce que existía otro sacerdocio legítimo además del que su bisnieto llegaría a encabezar algún día (Hebreos 7:9-10).
No hay registro del nacimiento ni de la muerte de Melquisedec, lo cual es inusual en el caso de los reyes bíblicos. Es como si viviera para siempre (Hebreos 7:3). Esto lleva a nuestro autor a concluir que en realidad hay dos maneras de reunir los requisitos para ser sacerdote del pueblo de Dios: puedes nacer y morir como levita, o puedes vivir para siempre como Melquisedec. Puesto que Jesús ha resucitado de entre los muertos y ahora vive para siempre, está capacitado para ser sacerdote según el orden de Melquisedec.
El autor señala que si siempre han existido dos órdenes sacerdotales, eso implica que Dios tenía la intención de que uno finalmente reemplazara al otro (Hebreos 7:11-13). Y puesto que Jesús ha resucitado de entre los muertos, su sacerdocio tiene que ser mejor que un sacerdocio basado en la sucesión después de la muerte (Hebreos 7:15-17).
Además, el orden de Leví nunca resolvió por completo el problema de la situación de Israel ante Dios (Hebreos 7:18-19). En parte, eso se debe a que la capacidad de los levitas para restaurar esa relación terminaba el día en que morían (Hebreos 7:23). Entonces era necesario ordenar a un nuevo sacerdote, y nunca había garantía de que el nuevo sacerdote fuera bueno (Hebreos 7:28). Pero si Jesús es sacerdote para siempre, el pueblo de Dios puede saber que siempre tendrá al mejor sacerdote. Su situación ante Dios está segura para siempre, porque Jesús nunca fallará de una generación a otra.
¿Dónde está el evangelio?
A diferencia del orden sacerdotal de Leví, el sacerdocio de Jesús nunca más será interrumpido por la muerte. Su sacerdocio es permanente, lo cual significa que él puede restaurar de manera plena, completa y para siempre nuestra relación con Dios (Hebreos 7:23-24). Pero, como todos sabemos, aun si confiamos en Jesús como nuestro sacerdote eterno, seguimos luchando, seguimos pecando y no siempre escuchamos a Dios. Incluso después de la cruz sigue habiendo una necesidad continua de que nuestra relación con Dios sea restaurada. Y por eso es buena noticia que Jesús no pueda volver a morir.
Jesús vive para siempre y promete que pasará su eternidad hablando con Dios en nuestro favor, restaurando nuestra relación e intercediendo por nosotros con sus oraciones (Hebreos 7:25). Puesto que Jesús nunca cesa en su obra como sacerdote, él puede restaurar perfectamente nuestra relación con Dios. Eso significa que, sin importar lo malo que hagas en un día cualquiera, Jesús está de pie en el Cielo orando y suplicando por tu perdón inmediato y completo. Como tu sacerdote definitivo, él ya ofreció el sacrificio definitivo. Y ahora no hay más que perdón y salvación inmediatos y totales para todos los que confían en Jesús como su sacerdote.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que, mediante juramento, ha establecido a Jesús en el orden de Melquisedec. Y que puedas ver a Jesús como el sacerdote perfectamente capacitado que restaura tu relación con Dios de manera completa y para siempre.

