¿Qué está pasando?
Jesús comienza una conversación con sus discípulos sobre el dinero por medio de una parábola acerca de un administrador deshonesto que está a punto de ser despedido. Cuando el administrador se entera, hace todo lo posible para sobrevivir. Su jefe lo elogia por su astucia. Él supo cómo usar el dinero para conseguir lo que más valoraba: la supervivencia.
La conclusión es sencilla: la manera en que gastas tu dinero dice mucho acerca de lo que valoras. Y Jesús dice que cuanto más dinero tengas, más difícil te será valorar el reino de Dios (Lucas 18:24). Cuanto más dinero tengas, más tentado estarás a usarlo al servicio de otro dios (Lucas 16:13).
A los fariseos esto les parece absurdo (Lucas 16:14). Para ellos, la riqueza era señal de la bendición de Dios (Lucas 16:15). Jesús reprende a estos expertos en la ley de Dios por descuidar lo que la Torá siempre había enseñado. Israel era la más insignificante de todas las naciones cuando Dios la escogió (Deuteronomio 7:7). La historia de Israel mostraba que la señal de bendición era la pobreza, no la riqueza.
Jesús les cuenta una parábola sobre un hombre rico que se niega a invitar a su mesa a un hombre pobre. Los dos mueren de repente. Contrariamente a lo que los fariseos esperan, la riqueza del hombre rico no indicaba que tuviera un lugar en el paraíso. El pobre bebe agua fresca mientras el rico sufre (Lucas 16:25). Cuando el hombre rico ruega que este mensaje se les anuncie a sus hermanos ricos, se le responde que la Ley y los Profetas son suficientemente claros. Si se han negado a escuchar la Palabra de Dios acerca de los pobres, ni siquiera un hombre que se levante de entre los muertos los convencería (Lucas 16:31).
¿Dónde está el evangelio?
La vida de los fariseos revelaba que servían al dinero y no a Dios. Por eso Jesús menciona a Juan el Bautista. Recuerda que los fariseos se negaron cuando Juan les dijo que se bautizaran, que se arrepintieran de sus pecados y que regalaran sus posesiones (Lucas 3:9-10; Lucas 7:29-30). Los pobres de Israel estaban siendo sacrificados en el altar de la codicia de los fariseos. Jesús les advierte que, si no dejan de servir al dinero, pueden esperar terminar más como el hombre rico en el Hades que como el pobre en el paraíso.
Jesús había venido a predicar la buena noticia a los pobres (Lucas 4:18). Por eso, en parábolas anteriores, llamó con urgencia a los pobres, los cojos y los ciegos a los banquetes. Jesús instaba a toda persona pobre y enferma a heredar el reino de Dios (Lucas 16:16). Y así como el Padre amoroso instó al hermano mayor enojado a unirse a la fiesta de su hermano pródigo, Jesús ahora les revela a los fariseos que su mensaje también es buena noticia para ellos.
No son solo los pobres en lo económico y los enfermos en lo físico a quienes Jesús ha venido a salvar. Todo el que reconoce su pobreza y su perdición también puede entrar en el reino de Dios. La Ley, los Profetas y Jesús coinciden: la prosperidad material no salva; condena.
La única buena noticia que tienen los fariseos es que Dios es generoso con los pobres. Y los fariseos lo verán de nuevo cuando Jesús muera en la cruz y resucite de entre los muertos. Jesús se había hecho pobre, y se haría pobre, para que los fariseos, por medio de su pobreza, llegaran a ser ricos (2 Corintios 8:9). Por eso, si no aceptan a los Profetas, jamás creerían en la resurrección de Jesús.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que viene a hacer verdaderamente ricos a los pobres. Y que veas a Jesús, su Hijo, quien se hizo pobre para que todos los que creen en él pudieran ser salvos.

