¿Qué está pasando?
Esposas, esclavos y ciudadanos cristianos están siendo maltratados por su fidelidad a Jesús. Lo fácil sería tomar represalias. Pero Pedro dice que es mejor sufrir por hacer el bien que desquitarse haciendo el mal (1 Pedro 3:17). Después de todo, el pueblo de Dios es llamado a ser bendición para el mundo y no maldición (1 Pedro 3:9). Citando el Salmo 34, Pedro dice que la buena vida solo acompaña a quienes se apartan del mal (1 Pedro 3:10-11). Citando a Jesús, Pedro dice que quienes sufren por causa de la rectitud serán dichosos (1 Pedro 3:14). Hacer el bien en medio de la injusticia es el camino de Jesús.
Al negarse a tomar represalias contra sus acusadores, Jesús nos lleva a la presencia de Dios (1 Pedro 3:18). Si así hemos sido salvados, así debemos actuar hacia nuestros acusadores (1 Pedro 3:15-16). Y del mismo modo que la resurrección de Jesús de entre los muertos avergonzó a los poderes de Roma, de la muerte y del infierno, nuestra gentileza y respeto pueden avergonzar a quienes nos calumnian y nos persiguen (1 Pedro 3:19).
Luego Pedro le recuerda a su gente que el conflicto entre los poderes espirituales y humanos del mal y el pueblo de Dios viene desde el principio (Génesis 6:4-5). Pero ese conflicto siempre termina de la misma manera: Dios salva a los suyos y avergüenza al mal. Cuando Dios envió el diluvio, este salvó a Noé y a su familia, pero también avergonzó a los poderes (1 Pedro 3:20). Y así como Noé fue salvado a través de las aguas del diluvio, nosotros somos salvados a través de las aguas del bautismo (1 Pedro 3:21). Y así como los malvados de los días de Noé se hundieron por debajo del arca, todo poder y autoridad han sido puestos bajo los pies de Jesús (1 Pedro 3:22). Hacer el bien en medio del mal es el camino de la salvación.
Sufrir bajo el mal, pero ser resucitados con poder, es la nueva manera normal de ver el mundo para los seguidores de Jesús (1 Pedro 4:1). Estaremos en conflicto e incluso seremos perseguidos por las personas junto a las que vivimos (1 Pedro 4:4). Pero el evangelio dice que, aunque muramos, seremos resucitados (1 Pedro 4:6).
¿Dónde está el evangelio?
Sufrir por causa de la rectitud no es algo extraño (1 Pedro 4:12). Los seguidores de Jesús deben esperar persecución por vivir como Jesús. Pero, para los perseguidos, la muerte injusta y la resurrección de Jesús no son solo un ejemplo, sino un precedente. Cuando sufrimos como Jesús, también seremos resucitados como él (1 Pedro 4:13). Cuando sufrimos por hacer el bien y no el mal, nunca seremos avergonzados (1 Pedro 4:15-16). Podemos, sin temor, morir a una manera de vivir vieja, malvada y vengativa, porque sabemos que seremos resucitados.
También podemos morir a nuestras antiguas pasiones. Para la gente de los días de Noé, para los gentiles en los días de Pedro y para nuestros vecinos de hoy, resulta raro no participar en una cultura de sexo, bebida y pasión (1 Pedro 4:3-4a). No vivir como nuestros vecinos y vivir como Jesús tiene un costo social, político o físico. Pero Pedro insiste en que, así como Jesús sufrió bajo nuestro pecado y fue resucitado, y así como los malhechores se hundieron bajo el diluvio y Noé fue salvado, sufrir por hacer el bien conduce a la resurrección y al rescate.
Si vives en un país que legisla contra los cristianos, o en una cultura que celebra la sensualidad y se burla de la sobriedad, o en un mundo que odia a los seguidores de Jesús, la resurrección está en todas partes. Cada persecución confirma nuestra salvación, y cada muerte atesora vida eterna (1 Pedro 4:1). Los cristianos no somos víctimas en un mundo que no nos entiende, sino que, como Jesús, somos vencedores sobre todo poder. Por eso es mejor sufrir por hacer el bien.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que juzga con justicia. Y que veas a Jesús como el Salvador resucitado que sufrió por hacer el bien para que nosotros pudiéramos resucitar de entre los muertos con él.

