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devocional

Cantares 1:1-6

La novia y su rey

En Cantares 1:1-6 vemos que Jesús es el novio que también es nuestro Dios. Nos ha amado mejor que cualquier cónyuge terrenal al entregar su vida por nosotros en la cruz.

¿Qué está pasando?

El título, Cantares, es una forma hebrea de decir el cantar más grande—tal como rey de reyes significa el rey más grande (Cantares 1:1).

Cantares es poesía amorosa erótica que describe la pasión compartida entre un esposo y una esposa, junto con la intimidad sexual que legítimamente la acompaña. Este tipo de literatura puede parecer ajeno al carácter de la Biblia y quizá te haga sonrojar al leerlo. Pero es de un valor enorme, porque también revela mucho acerca de nuestra intimidad con Dios.

Otras religiones de aquella época de hecho fusionaban la intimidad física con la experiencia divina en lo que se conoce como cultos a la fertilidad. El sexo con prostitutas llenaba las habitaciones de los templos paganos (1 Corintios 6:15). La intimidad sexual era una de las maneras en que se encontraban con sus dioses. Pero nuestro Cantar busca algo distinto.

El Cantar comienza con una mujer que le habla a su amado del deseo ardiente que siente por él. Alaba sus besos y su amor (Cantares 1:2). Se deshace en elogios por los perfumes con los que él se ha cubierto (Cantares 1:3). Y le ruega que la lleve a sus aposentos.

Pero, sorprendentemente, notamos que ella no le habla a un hombre común, sino al rey (Cantares 1:4a). El título de «rey» es probablemente una metáfora de lo mucho que la mujer estima a su amado. Puede que él solo sea un campesino, pero para ella es como un rey.

A continuación se nos presenta otro grupo de voces. Una pequeña multitud de espectadores anónimos afirma la alabanza y el amor que la mujer siente por el hombre (Cantares 1:4b). La presencia de este coro de voces resultaría extraña en medio de una conversación íntima. Por eso es probable que los versículos iniciales describan una ceremonia de boda y que estemos escuchando los votos, junto con el canto de afirmación de las damas de honor.

La novia retoma el canto. Habla de cómo los años de trabajo en los campos han oscurecido su piel, señal de una posición social baja en aquella época (Cantares 1:6). Pero la novia no lo ve como un defecto. Al contrario, compara su piel con las cortinas que rodean la presencia de Dios en el templo (Cantares 1:5). No siente ninguna vergüenza por su apariencia, porque es amada por su rey.

¿Dónde está el evangelio?

El canto inicial de la novia usa un lenguaje normalmente reservado para hablar del templo de Dios (Éxodo 30:37). Ella compara la intimidad que espera tener con el novio con el gozo y la satisfacción de estar en la presencia de Dios en el templo (Salmo 4:7).

Desde el comienzo, el Cantar más grande nos desafía a meditar en los vínculos entre la presencia de Dios y el deseo y la intimidad sexuales (1 Corintios 6:13).

Señala hacia nuestra mayor satisfacción: la presencia de Dios (Salmo 84:2). Esta satisfacción no nos llega por medio de un encuentro sexual físico. Más bien, el amor que se halla en la presencia de Dios eclipsa la satisfacción sexual, como la gloria de un rey eclipsaría la de un campesino.

No es de extrañar que Jesús nos llame su novia y a sí mismo nuestro novio (Mateo 9:15). Él es el novio que también es el rey, nuestro esposo que también es nuestro Dios. Nos ama de maneras muchísimo mayores de lo que cualquier otra persona podría, derramando el mejor vino de su sangre y la mejor unción de su Espíritu para llevar a personas avergonzadas y de humilde condición como nosotros al aposento de su presencia satisfactoria (Romanos 5:8).

La presencia de nuestro esposo celestial no es como ir al templo. Es mejor. Nosotros somos su templo. El Espíritu Santo habita en nosotros y nos brinda una intimidad constante con Dios.

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo te muestre al Dios cuya presencia satisface más que toda intimidad física. Y para que veas a Jesús como el novio que te ama a ti, su novia, con tal intimidad que entregó su vida.

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