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devocional

Cantares 7:11-8:14

Un amor más fuerte que la muerte

En Cantares 7:11-8:14 vemos que Jesús nos da el amor que siempre hemos anhelado: un amor más fuerte que la muerte.

¿Qué está pasando?

Un deseo incontenible desborda el final de Cantares. Una vez más la novia habla de su deseo de entregarse físicamente al novio en su jardín de amor (Cantares 7:12).

Pero su deseo se ve frustrado por las restricciones de la cultura. Ella lamenta no poder mostrar su afecto en público a su amado (Cantares 8:1b). Al parecer, ni siquiera le es aceptable darle un beso en la mejilla, como sí podría hacerlo con uno de sus hermanos (Cantares 8:1a).

Así que sus deseos quedan frustrados. Este anhelo de plenitud —y a la vez esa falta de plenitud— se resalta en la advertencia que la novia repite a las hijas de Jerusalén: «No despierten al amor hasta que él quiera» (Cantares 8:4).

La novia parece debilitarse otra vez bajo el peso de su deseo, apoyándose en su amado como si regresara de una larga travesía por el desierto (Cantares 8:5).

Entonces clama a su amado con una de las secciones más famosas del cántico.

Le pide que ponga su sello sobre su corazón y su brazo, reclamándola como suya (Cantares 8:6a). La intensidad de su deseo crece cuando declara que su amor por el novio es tan fuerte como la muerte (Cantares 8:6b). El ardor de sus celos por el amor de su esposo es como el fuego ardiente de los celos que Dios mismo siente por su pueblo (Cantares 8:6c). Toda el agua de la Tierra no podría apagarlo (Cantares 8:7).

Por último, dice que su amor no se puede comprar con ninguna cantidad de dinero (Cantares 8:7b). Ni siquiera el rey Salomón, con toda su riqueza, podría comprarla y apartarla de su único amor verdadero (Cantares 8:12).

Al llegar el cántico a su punto culminante, podríamos esperar que termine con el abrazo de los amantes. En cambio, termina con más deseo insatisfecho. Como ha ocurrido tantas veces en el cántico, el esposo vuelve a estar lejos, y la novia queda clamando para que él regrese (Cantares 8:14).

¿Dónde está el evangelio?

El más grande cántico de amor, acerca del más grande amante, termina sin plenitud. El cántico está magistralmente construido para llevarnos a anhelar a Dios, sobre todo tal como se ha revelado en nuestro esposo celestial: Jesús.

Él es aquel por quien nuestra alma realmente suspira (Salmo 84:2).

Sin embargo, igual que a la novia, los límites y las limitaciones de nuestras culturas, de las normas que se esperan de nosotros y hasta del mundo mismo, frustran constantemente nuestras búsquedas. Por eso debemos aferrarnos a esta realidad: Jesús ha vencido y vencerá toda barrera que se interponga entre su amor y nuestra experiencia de ese amor (Romanos 8:39).

Su amor verdaderamente es más fuerte que la muerte. Esto no es un sentimiento romántico sobre Jesús, sino una verdad real y firme. Impulsado por el amor que nos tiene, murió por nosotros (Juan 3:16). Y por causa de su amor por nosotros, obrado por el poder del amor de su Padre por él, Jesús resucitó de la tumba.

Él arde con celos santos por nosotros, deseando que nosotros lo amemos también (Deuteronomio 4:24). Nada, ni siquiera el sufrimiento o la muerte, puede impedirle poner su sello de propiedad sobre todos los que creen en él (Efesios 1:13).

Pero todavía esperamos su regreso. Igual que Cantares, toda la Biblia termina con un cántico de anhelo y de deseo aún no satisfecho (Apocalipsis 22:17). Que, como la novia, esperemos a Jesús llenos de amor, expectativa y alabanza.

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que satisface todos nuestros deseos. Y para que veas a Jesús como aquel que nos ama hasta la muerte y que vuelve otra vez, trayendo plenitud eterna.

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