¿Qué está pasando?
Los Salmos 113 al 117 se conocen como los salmos del Hallel, por la frecuencia con que dicen: «¡Aleluya!». Tradicionalmente, Israel cantaba estos salmos cada año durante la fiesta de la Pascua. En la Pascua, Israel recordaba cómo Dios lo había liberado de la esclavitud y la opresión. Y en este, el más corto de los salmos, la buena noticia de la Pascua de Israel se vuelve mundial (Salmo 117:1). El amor y la fidelidad que Israel experimentó y de los que canta llegan a ser la experiencia y la alabanza de todas las naciones del mundo.
La Pascua que salvó a Israel fue un microcosmos de cómo Dios salvaría al mundo. Cuando Israel salió de Egipto, fue una multitud de muchas naciones la que experimentó el amor y el rescate de Dios y la que, unida, llegó a ser su pueblo. Aquí Dios mostró su fidelidad hacia Abraham. Mucho tiempo antes, le había prometido a Abraham que su simiente sería esclavizada en Egipto, pero que él la rescataría (Génesis 15:13-14). También le prometió a Abraham que su simiente conquistaría a sus enemigos y que, por medio de él, todas las naciones del mundo serían bendecidas (Génesis 22:17-18). Así que, mediante la primera Pascua, Israel celebraba que Dios lo había liberado de la esclavitud, porque Dios fue fiel a su promesa a Abraham. Esto significa esperanza para las naciones que aún viven bajo la opresión de la esclavitud a los demonios y los ídolos. El Dios cuyo poder venció a los dioses de Egipto es el Dios cuyo gran amor salvó a los que eran oprimidos por ellos.
Por eso el Salmo 117 resuena con buena noticia para las naciones. El amor y la fidelidad de Dios no dejarán de bendecir al mundo entero, así que todas las naciones pueden reclamar a Dios como su Dios y alabarlo por el amor que les tiene (Salmo 117:2). Si Dios fue fiel para salvar a los hijos de Abraham de los poderes egipcios, será fiel para bendecir a las naciones por medio de su simiente, quien conquistaría a los enemigos que oprimen a las naciones. El Salmo 117 celebra que una Pascua para Israel significa que viene una Pascua para el mundo entero.
¿Dónde está el evangelio?
La simiente que Dios prometió a Abraham, la que conquistaría a sus enemigos y liberaría a las naciones de la opresión, llega en Jesús.
Jesús vino a liberar no solo a una nación, sino al mundo entero, de los poderes de la muerte y del mal que los oprimen. En Jesús se cumple la Pascua del mundo (1 Corintios 5:7). En su muerte y resurrección, venció a los poderes demoníacos que reclamaban a las naciones. Al desarmar a la muerte, el enemigo más grande, Jesús trajo una Pascua desde la tumba. Este es el mensaje que se extendió desde Israel hasta las naciones. El Apóstol Pablo cita con valentía este salmo cuando les dice a los cristianos en Roma que Jesús ha unido a Israel y a las naciones en esta nueva Pascua (Romanos 15:8-11). Por eso Jesús vino a los hijos de Abraham: para ser la simiente que reclamaría a las naciones como su pueblo. En Jesús, el amor y la fidelidad de Dios han llegado a los rincones más lejanos y a las profundidades más hondas del mundo.
Al final, el Aleluya de la Pascua de las naciones alcanzará todos los rincones del mundo. En el libro de Apocalipsis, el Apóstol Juan ve a toda nación y pueblo alabando a Jesús (Apocalipsis 7:9). Cuando Jesús regrese para quitar a todos los enemigos demoníacos y toda opresión, el mundo entero estallará en «Aleluya» a Jesús, el verdadero Dios de todas las naciones (Apocalipsis 19:1-8).
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios cuyo amor y fidelidad bendicen a las naciones. Y que puedas ver a Jesús como aquel que trae una Pascua mayor, la cual libera a todas las naciones de la opresión y las une en nuevos cánticos de alabanza.

