¿Qué está pasando?
Los Salmos 9 y 10 se leían tradicionalmente como una sola unidad. Ambos salmos alaban a Dios como un buen Rey. Dios ve tanto a los opresores como a los oprimidos, tanto a los impíos que lo ignoran como a los justos que lo buscan (Salmo 9:8).
Los impíos del mundo creen que no hay Dios (Salmo 10:4). Lejos de alegrarse de que exista un juez final y bueno, rechazan la idea de que exista un juez en absoluto. En la mente de los impíos y de los opresores, jamás se les pedirá cuentas por ninguna de sus obras (Salmo 10:13).
Mientras los impíos ignoran a Dios, los justos lo buscan (Salmo 9:10). Mientras los impíos parecen prosperar, los justos sufren (Salmo 9:13).
Los impíos traman maneras de explotar a los marginados (Salmo 10:9). Su boca está constantemente llena de pecado, maldad, mentiras y maldiciones (Salmo 10:7).
Pero David se alegra de que haya un Rey que juzga con rectitud, a pesar de la arrogancia de los impíos o del sufrimiento de los justos (Salmo 10:16). Dios pondrá fin al malhechor dándole lo que merece (Salmo 10:15).
Pero Dios también escuchará los clamores de los afligidos (Salmo 10:17). Traerá restitución y restauración al huérfano y al oprimido (Salmo 10:18a). Dios será su refugio y su protección definitivos (Salmo 9:9).
La diferencia clave entre los impíos que son destruidos y los justos que son salvados es si buscan a Dios o no (Salmo 9:10).
Aunque en estos salmos hay un énfasis abrumador en el aquí y el ahora, también hay un vistazo a la eternidad. Los que se olvidan de Dios descenderán para siempre al sepulcro (Salmo 9:17). Los que buscan a Dios no perecerán, sino que serán levantados de las puertas de la muerte (Salmo 9:13, 18).
¿Dónde está el evangelio?
Nuestro mundo se parece mucho al mundo de los salmos 9-10. Muchos creen que no hay Dios ni juez. Otros se preguntan por qué Dios parece mantenerse lejos (Salmo 10:1).
El Salmo 9-10 nos dice que sí hay un Dios, que él es juez y que no siempre parecerá estar lejos. Y eso lo vemos con la mayor claridad en Jesús.
Jesús es el Rey justo que es Dios, y que vino para juzgar y para estar cerca de nosotros. Jesús es Dios en carne humana (Juan 1:14). Fue designado por Dios para juzgar al mundo (Juan 5:22). Y dedicó su ministerio a ir a los marginados y oprimidos (Lucas 4:18). Jesús demostró que él es el Dios a quien David oraba, el Dios que rescata al justo que sufre y viene a juzgar al impío arrogante.
Jesús enseñó que el día del juicio definitivo de Dios está por llegar (Salmo 9:19). Jesús traerá a todas las naciones ante su trono (Mateo 25:31). Y Jesús mismo juzgará a cada persona que haya vivido, conforme a lo que haya hecho (2 Corintios 5:10).
La buena noticia para nosotros es que no negamos que ese día viene, como hacen los impíos (Salmo 10:13). Al contrario, como David, somos salvados por nuestra esperanza en el día del juicio que viene (Romanos 8:24). Buscamos ese día como los justos buscan a Dios, porque no será el día en que perezcamos; es el día en que recibimos vida eterna (Juan 3:16).
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que nunca se olvida de los oprimidos y que siempre derriba a los impíos. Y que veas a Jesús como el juez que viene, quien se acercará a los justos, se acordará de los necesitados y dará esperanza a los oprimidos.


