¿Qué está pasando?
Este es un salmo singular porque también aparece registrado en 2 Samuel 22. El encabezado nos dice que David escribió este salmo después de que Dios lo librara de Saúl, quien lo quería muerto.
Con razón, David usa muchas imágenes y metáforas para expresar su enorme gratitud a Dios por haberle salvado la vida.
Dios es roca, escudo, fortaleza, libertador y baluarte (Salmo 18:2). Cada imagen añade complejidad a las maneras en que Dios milagrosamente mantiene a David a salvo de cada ataque que se le acerca.
David imagina a Dios con humo saliendo de sus narices y fuego ardiendo de su boca (Salmo 18:8). Con una sola ráfaga de su aliento, los cimientos de la tierra quedan al descubierto (Salmo 18:15). Su presencia se manifiesta como granizo y carbones encendidos que atraviesan nubes oscuras (Salmo 18:12). El Nuevo Testamento incluso dice: «Dios es fuego consumidor» (Hebreos 12:29).
David da gracias a Dios por venir en su auxilio y destruir a sus enemigos (Salmo 18:16-17). Está lleno de gratitud porque este mismo Dios también se envuelve clementemente en tinieblas para que su poder santo no destruya a quienes lo buscan y lo aman (Salmo 18:11).
Lejos de destruirlo, el poder santo de Dios fortalece a David. Dios le da fuerzas para tensar un arco de bronce (Salmo 18:34) y hace que sus pies sean más veloces que los de un venado (Salmo 18:33). Gracias a Dios, tanto los enemigos terrenales como los espirituales de David son juzgados y destruidos.
David termina su salmo repitiendo la promesa de Dios de que uno de su simiente se sentará en el trono para siempre (Salmo 18:50b). David está seguro de que un heredero de su trono amará fielmente a su pueblo y lo rescatará, no solo por un tiempo, sino para siempre (Salmo 18:50a).
¿Dónde está el evangelio?
El heredero fiel, amoroso y victorioso del trono de David es Jesús (Mateo 1:1). Él es la simiente de David que trae salvación para siempre a todas las personas por su compasión y amor. Jesús es roca, escudo, fortaleza, libertador y baluarte para todos los que doblan la rodilla ante él. Y una de las maneras en que Jesús trae amorosamente salvación a su pueblo es destruyendo el mal y a quienes lo aman.
Se nos dice que cuando Jesús vuelva por última vez será como fuego ardiente para quienes rechazan su reinado clemente (2 Tesalonicenses 1:8). El calor del fuego de Dios evaporará los mares caóticos (Apocalipsis 21:1). Y de su boca saldrá una espada que juzga al mundo (Apocalipsis 19:15). La espada es una advertencia. Cualquiera que rechace las palabras de Dios será derribado por ellas.
Pero las palabras de Dios no solo destruirán. Harán nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21:5). Los sedientos serán saciados por un mundo de justicia perfecta (Apocalipsis 21:6). Los angustiados tendrán paz. Incluso el duelo y la pérdida serán hechos nuevos. Jesús, furioso contra el mal, es tierno con los suyos. Cuando Jesús venga otra vez, promete secar nuestras lágrimas y recordarnos que la muerte y el dolor ya no existirán (Apocalipsis 21:4). Cuando Jesús vuelva, esas cosas habrán pasado, no solo por un tiempo, sino para siempre (Salmo 18:50a).
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios santo que juzga el mal en nuestro mundo. Y que veas a Jesús como aquel que regresa no solo para juzgar al mundo, sino para rehacerlo y vivir con nosotros para siempre.

