¿Qué está pasando en el Salmo 36?
Dondequiera que Israel mire, nadie teme a Dios. Todos son engreídos y nadie reconoce sus faltas. Cada palabra que sale de sus bocas está llena de mentiras y necedad. Incluso cuando descansan, estos enemigos traman nuevas maneras de seguir justificando su maldad. Así que David les habla a los israelitas fieles y les ofrece un mensaje de esperanza de parte de Dios (Salmo 36:1-4).
Aunque quizá esperaríamos un mensaje sobre la justicia de Dios y un juicio venidero contra el mal, en este salmo David nos invita a fijar la mirada en el amor de Dios.
En una serie de contrastes, David alaba que el gran amor de Dios llega hasta los cielos y que su rectitud está firme como las montañas. La fidelidad de Dios se extiende hasta el firmamento; su justicia está sepultada en lo más profundo del abismo. Tanto el ser humano como los animales experimentan su cuidado y proclaman lo precioso que es el amor de Dios. Y tanto ricos como pobres encuentran seguridad en los brazos tiernos de Dios (Salmo 36:5-7).
Como un anfitrión generoso, Dios prepara un banquete y derrama bebidas que sacian la sed en medio del desierto. En el amor de Dios hay fuentes de vida y luz para quienes lo aman (Salmo 36:8-10).
La vida y la luz de Dios le revelan a David tanto el amor de Dios como la caída de los impíos. Con confianza, David ora por protección frente a sus enemigos a la luz del precioso amor de Dios (Salmo 36:11-12).
¿Dónde está el evangelio?
Sea en nuestros políticos o en nuestros vecinos, es fácil ver personas que son a la vez prósperas e injustas. Quienes temen a Dios suelen inquietarse, y con razón, cuando gente mentirosa, engreída e impía ocupa los salones del poder, sobre todo cuando esas mismas personas se niegan a dormir hasta que su agenda quede convertida en ley (Salmo 36:4).
Pero para quienes temen al Señor, nuestra confianza está en el precioso amor de Dios demostrado en Jesús. Dios es amor (1 Juan 4:8). Fue por amor que Jesús fue enviado a salvarnos (Juan 3:16). Todo el ministerio de Jesús —guiar y sanar a su pueblo agobiado y desamparado— fue impulsado por el amor (Mateo 9:36). Como un anfitrión generoso y amoroso, Jesús alimentó a cinco mil personas (Mateo 14:20-21) y le ofreció a una mujer samaritana agua viva y manantiales de vida eterna (Juan 4:14). Jesús murió porque nos ama (Efesios 5:25). El amor de Jesús descendió desde el Cielo, el amor animó su vida en la Tierra y el amor motivó su muerte por nosotros.
Cuando Jesús regrese para derribar el mal y hacer nuevas todas las cosas, será por causa de su amor (Apocalipsis 21:5). Aquel día será como una boda (Apocalipsis 21:2), donde Jesús enjugará con ternura nuestras lágrimas (Apocalipsis 21:4). Y como un novio generoso y amoroso, Jesús derramará ríos de agua viva para que podamos deleitarnos en su amor para siempre (Apocalipsis 21:6).
Si este Dios amoroso está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra (Romanos 8:31)? Ni el Imperio romano ni la muerte pudieron retener a nuestro amoroso Salvador. Así que, como David, siempre podemos confiar en que el amor de Dios triunfará sobre el mal. Como David, cuando confiamos en Jesús, él nos saciará con su agua que quita la sed, sea cual sea el desierto en el que nos encontremos.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que ama a su pueblo. Y que veas a Jesús como aquel que demuestra el amor de Dios en su muerte, y que consumará el amor de Dios cuando regrese como nuestro Novio.
¡Cuán precioso, oh Dios, es tu gran amor! Todos los mortales se refugian bajo la sombra de tus alas. Se sacian de la abundancia de tu casa; les das a beber de tu río de deleites. - Salmo 36:7-8 NVI

