¿Qué está pasando?
El Salmo 53 es casi idéntico al Salmo 14. En el Salmo 14 se nos dice que Dios está con los sabios. Pero en el Salmo 53 también se nos dice que Dios está en contra de los necios y que los destruirá.
Los necios afirman que no hay Dios (Salmo 14:1; Salmo 53:1). El necio actúa como su propio dios y convierte el mundo que lo rodea en el medio para satisfacer sus propios apetitos. Se alimenta de la gente como si fuera pan (Salmo 53:4). A medida que sus ansias continúan, su explotación se hunde en una corrupción cada vez más profunda, tanto de sí mismo como del mundo que lo rodea. Dios mira desde lo alto a la humanidad, buscando a alguien que no sea como este necio. Pero no encuentra a nadie que haga el bien, ni a nadie que tenga sabiduría (Salmo 53:2). De manera unánime, las personas han rechazado a Dios, y el resultado es una corrupción universal. El salmista dice que no hay nadie que haga lo bueno, ni uno solo (Salmo 53:3).
Pero Dios está en contra del consumismo caníbal del necio, porque él defiende a los que claman a él. Dios llenará de terror a los necios y esparcirá sus huesos para que los sabios puedan vivir en paz (Salmo 53:5). ¡Dios les muestra a los necios «sin Dios» que en verdad hay un Dios que libera a su pueblo! El salmista espera que algún día el pueblo de Dios se alegre en una victoria final sobre el mundo que se niega a admitir que hay un Dios en el Cielo (Salmo 53:6).
¿Dónde está el evangelio?
El profeta Isaías también dijo que todos los seres humanos somos necios que rechazamos la autoridad de Dios y hacemos dioses de nuestros propios apetitos (Isaías 53:6). El profeta Jeremías dijo que la inclinación natural de la humanidad es egoísta, y que recurrimos a medios corruptos para satisfacerla (Jeremías 13:23; 17:9). El Apóstol Pablo también dijo que todas las personas se han corrompido moralmente, negando la autoridad de Dios sobre sus vidas y rebelándose contra él (Romanos 3:23; 5:12).
Cuando Dios miró desde el Cielo a la humanidad, encontró solo a uno que hacía el bien, solo a uno que era sabio y solo a uno que obedecía a Dios. Ese hombre era Jesús. Dios quedó complacido cuando lo vio (Marcos 1:10-11). Jesús hizo el bien aunque estaba rodeado de maldad, y Jesús fue desinteresado en medio de necios egoístas (1 Juan 3:5; Mateo 13:54). Pero Jesús cayó presa de la maldad voraz de los hombres necios. Se convirtió en el pan que los necios impíos devoraron.
Cuando murió en la cruz a manos de ellos, Dios tomó la impiedad de los necios y la destruyó en Jesús (Isaías 53:6). En Jesús, Dios cargó con nuestra necedad y nos dio su sabiduría. Y la resurrección de Jesús prueba que Dios rescatará a los que caen presa de la maldad de los necios. Dios permitió que Jesús muriera como un necio, pero lo resucitó como el Hijo bueno y sabio que le agrada en todo. ¡La muerte de Jesús consumió la necedad egoísta, así que ahora los necios pueden invocar a Dios, volverse sabios y hacer el bien! ¡Y por medio de Jesús, Dios mata a los soberbios y rescata a su pueblo!
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que salva a su pueblo de la corrupción de los necios. Y que puedas ver a Jesús como el Hijo bueno y sabio que dejó que los necios lo devoraran para que ellos pudieran volverse sabios y buenos como él.

