¿Qué está pasando?
En el Salmo 140, David clama a Dios pidiendo ser rescatado de sus enemigos (Salmo 140:1). Como rey ungido de Israel, es llamado a gobernar un reino de paz edificado sobre la verdad de Dios. Pero se está tramando una conspiración. Los mentirosos se enroscan alrededor de David como serpientes; sus palabras venenosas incitan a la sedición y la violencia mientras conspiran contra el rey ungido de Dios, amenazando la paz de Israel (Salmo 140:2-3).
Por eso David le ruega a Dios que lo proteja de las trampas que sus enemigos le han tendido (Salmo 140:4). Sus enemigos, como serpientes, esparcen mentiras que se deslizan por todo el reino, con la intención de atraparlo y arrastrarlo hacia la muerte (Salmo 140:5). Aunque él es el rey escogido, David se entrega a la misericordia del gobernante verdadero del universo, Dios mismo (Salmo 140:6-7a). David le pide a Dios que le proteja la cabeza, para que los ataques de las serpientes no resulten mortales (Salmo 140:7b).
David ora por un gran vuelco: que las serpientes sufran las mordeduras venenosas destinadas a él (Salmo 140:8-9). Le pide a Dios que restaure la paz purificando su reino con fuego y limpiándolo con agua. Las mentiras ardientes acumuladas contra él —destinadas a incendiar su reinado— consumirán a los conspiradores que encendieron la llama, reduciendo sus mentiras a cenizas (Salmo 140:10a). Los mentirosos son entonces arrojados al abismo de las aguas, el dominio de los monstruos serpentinos del caos (Salmo 140:10b; cf. Isaías 27:1). Usando la imagen de purificación de las cenizas mezcladas con agua, David le pide a Dios que limpie la tierra entregando a los mentirosos a la misma destrucción que ellos habían planeado (Salmo 140:11; Números 19:1-10).
Luego David proclama quiénes habitarán esta tierra purificada una vez que las serpientes hayan probado su propio veneno. Los justos, que sufrieron frente a la calumnia de las serpientes, serán vindicados y liberados (Salmo 140:12-13). Cuando Dios derrote a los enemigos de David, los pobres, los necesitados y los íntegros triunfarán sobre las mentiras de las serpientes, llenando la tierra de paz y de verdad. Todos los que confiaron en Dios desafiando las mentiras de las serpientes heredarán el reino restaurado de Dios.
¿Dónde está el evangelio?
Desde el principio, el Rey del universo creó, a partir del abismo de las aguas, un reino de paz en el jardín del Edén e invitó a la humanidad a gobernarlo. Pero un monstruo del caos con forma de serpiente les tendió una trampa de mentiras a los gobernantes del reino de Dios, y la Tierra cayó bajo su dominio venenoso (Génesis 3:1-6). Desde entonces, el pueblo de Dios ha sido amenazado por las palabras venenosas de la serpiente. Desde entonces, el reino de Dios ha necesitado un Rey ungido que aplaste a la serpiente y la envíe de vuelta al abismo de las aguas. Jesús es ese Rey ungido.
Jesús escapó de toda trampa que la serpiente le tendió. La serpiente le dijo a Jesús que podía llegar a ser Rey imponiendo su propia autoridad como Dios o confiando en un poder serpentino (Mateo 4:1-10). Pero Jesús reprendió las mentiras de la serpiente, mostrándose como el gobernante verdadero que triunfó donde la humanidad tropezó. Para liberar a su pueblo, Jesús permitió que la serpiente lo derribara. Como David, Jesús fue rodeado por el veneno de la calumnia y de la mentira. Los fariseos intentaron atraparlo en sus propias palabras (Mateo 22:15). Los sacerdotes dieron falso testimonio para condenarlo a muerte (Mateo 26:59-60). Uno de sus propios seguidores negó conocerlo (Mateo 26:69-75). A pesar de que su inocencia quedó demostrada, el gobernador Pilato lo condenó a muerte (Mateo 27:19, 26). Se burlaron de Jesús como de un rey falso, y los que pasaban cuestionaban abiertamente su identidad como Hijo de Dios (Mateo 27:29, 39-40). La serpiente pronunció su mentira definitiva cuando Jesús murió: es evidente que Jesús no es rey, ni dios, ni ayuda alguna para quienes están bajo el dominio de la serpiente.
Pero, como David, Jesús se entregó a la misericordia de Dios, confiando en que sería vindicado (Lucas 23:46). Para el mundo que observaba, parecía que las mentiras eran verdad y que Dios lo había abandonado (Mateo 27:43). Sin embargo, con sus últimos alientos, mientras la serpiente lo arrastraba hacia la muerte, Jesús citó otro salmo de David para proclamar que Dios no lo había desamparado (Salmo 22:1, 24).
Y en su resurrección, Jesús aplastó la cabeza de la serpiente y fue vindicado como el Rey verdadero del universo (Génesis 3:15). La vergüenza que le habían echado encima recayó sobre la serpiente. Todos los que se alinearon con la serpiente quedaron expuestos públicamente a la vergüenza como mentirosos (Colosenses 2:15). Las brasas ardientes que encendieron para proclamar la derrota de Jesús cayeron de vuelta sobre sus propias cabezas (Apocalipsis 20:7-10). Toda mentira acerca de Jesús queda demostrada como falsa. Él es el Rey que reina sobre todo el mundo (Filipenses 2:9-11). Él es el verdadero Hijo de Dios que limpia la tierra del pecado (Juan 1:29). Volverá para expulsar de su mundo a toda serpiente mentirosa, enviándolas de vuelta al abismo del cual vinieron (Apocalipsis 13:1; 20:1-3).
Incluso ahora, Jesús está erradicando las mentiras de la serpiente para edificar un verdadero reino de paz y de verdad, un refugio seguro para los pobres, los necesitados y los íntegros. Así como el fuego y el agua limpian y purifican, el vindicado Rey Jesús está limpiando y purificando a su pueblo mediante el fuego del Espíritu Santo que habita en nosotros y el agua del bautismo (Mateo 3:11; Hechos 2:1-41). Con él, participamos de su vindicación. Con él, triunfamos sobre las maquinaciones de la serpiente. Con él, vencemos las mentiras de la serpiente con la verdad, y el caos que ella trae, con vida.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que rescata a su pueblo de las mentiras de sus enemigos. Y que puedas ver a Jesús como aquel que venció toda mentira con la verdad, para que nos unamos a él en su Reino vindicado.

