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devocional

2 Corintios 6:11-7:16

Amor de corazón abierto

En 2 Corintios 6:11-7:16 vemos que Jesús mantiene su corazón abierto para recibir a todos los que se arrepienten, y envía maestros que se arriesgan a ser incomprendidos con tal de mantener al pueblo de Dios puro y santo.

¿Qué está pasando?

Pablo está trabajando para reparar una profunda fractura en su relación con la iglesia de Corinto. Su liderazgo está siendo cuestionado, sus motivos son incomprendidos y su amor por la iglesia es puesto en duda. Es probable que falsos maestros que buscaban apoderarse de la iglesia que Pablo había plantado estuvieran sembrando semillas de desconfianza. Para socavar la autoridad de Pablo, es probable que señalaran una carta disciplinaria que él les había escrito a los corintios. Entre lágrimas, Pablo usó su autoridad para denunciar el pecado que amenazaba a la iglesia, nombrar a las personas afectadas por él e instarlos al arrepentimiento (2 Corintios 7:8-9). La carta fue eficaz: entristeció a los corintios, y ellos obedecieron, pero se sintieron distanciados de Pablo. Entonces los falsos maestros torcieron esa tristeza para presentarla como prueba de que Pablo estaba enojado y les había cerrado su corazón.

Pablo defiende su amor abriéndoles su corazón. Fue abierto con ellos acerca de su pecado porque quería ser abierto en su amor por ellos (2 Corintios 6:11). A su vez, les pide a los corintios que estén abiertos a escuchar las razones de su amor firme (2 Corintios 6:12-13).

La razón del amor firme de Pablo es su anhelo por la pureza de los corintios. Pablo no quiere que los corintios compartan el yugo con los incrédulos (2 Corintios 6:14). Está haciendo referencia a Deuteronomio, en la Biblia hebrea, que prohíbe mezclar semillas en un campo, telas en una prenda de vestir y animales en un arado (Deuteronomio 22:9-10). Estas leyes le enseñaban al pueblo de Dios a no mezclar las formas de adoración pagana con el camino de seguir a Dios. Le enseñaban que Dios y los demonios no se mezclan, del mismo modo que la luz y la oscuridad no pueden coexistir (2 Corintios 6:15-16). Además, el yugo de un animal simbolizaba a alguien que se ponía bajo la instrucción de un maestro (Mateo 11:29). Pablo es consciente de la amenaza que los falsos maestros representan para su amada comunidad, y por eso les advierte a los corintios que no abandonen su yugo de liderazgo por otro. El otro yugo lo guían falsos maestros que los están alejando no solo de Pablo, sino de Jesús.

Recurriendo de nuevo a la Biblia hebrea, Pablo les recuerda a los corintios que han sido llamados a salir de entre las naciones para ser un pueblo puro que pertenece a Dios. Cita la promesa de Dios de habitar con su pueblo mientras este se purifica de las prácticas paganas inmundas que lo rodean (2 Corintios 6:16-17; Levítico 26:12; Isaías 52:11). Los cristianos de Corinto han sido llamados a ser puros. De hecho, Pablo llama a su comunidad el templo del Dios viviente (2 Corintios 6:16). Y puesto que el templo de Dios debe ser una morada sin contaminación para él, Pablo los llama a limpiar el templo (2 Corintios 7:1). Es decir, a quitar de en medio a los falsos maestros y las influencias de la cultura pagana. 

A la luz de su anhelo por la pureza de ellos, Pablo vuelve a rogarles a los corintios que reconozcan su amor por ellos (2 Corintios 7:2). Aunque escribió la carta con lágrimas, y los corintios la recibieron con lágrimas, esa carta reveló el amor que se tenían el uno al otro. Pablo los amó lo suficiente para decirles verdades difíciles, y ellos respetaron su liderazgo lo suficiente para obedecer y arrepentirse, aun cuando ese yugo doliera (2 Corintios 7:10-12). Pablo menciona a su colaborador Tito, quien, al regresar de Corinto, le contó cuán asombrado estaba por la disposición de los corintios a hacer lo correcto, incluso entre lágrimas (2 Corintios 7:13-15). Puede que los corazones de Pablo y de los corintios se hayan quebrantado por causa de la carta, pero su amor resultó ser aún más fuerte gracias a ella (2 Corintios 7:16).

¿Dónde está el evangelio?

Cuando somos convencidos de nuestro pecado, es fácil creer que la tristeza significa rechazo. Esa es la mentira que el primer falso maestro, Satanás, quiere que creamos. Pero el corazón de Dios no está cerrado para nosotros. La razón de esa tristeza no es la distancia, sino un amor y una santidad más profundos (Santiago 4:4-10). Dios está comprometido a vivir con nosotros y en nosotros, así que nos da maestros como Pablo, comprometidos a preservar la santidad de su templo. Con celo nos llaman a una lealtad sin mezcla a Dios (Hebreos 13:17).

La corrección puede doler, pero se hace por amor y en favor de la pureza. Los falsos maestros preferirían conservar su posición antes que decir verdades difíciles. Pero los verdaderos maestros de Jesús llevan el yugo de la responsabilidad de guiar a las personas hacia Jesús y su pureza. Como Pablo, se arriesgan a que sus motivos sean incomprendidos y a que su liderazgo sea cuestionado, para que el templo de Dios no sea contaminado por ningún pecado. Esto es seguir el liderazgo de Jesús sobre su iglesia. Él no solo derramó lágrimas, sino también palabras que limpian y su propia sangre, para hacer a su iglesia limpia y sin mancha (Efesios 5:26-27, 1 Juan 1:7). Y después de su ascensión, envió su Espíritu para vivir en su pueblo y hacerlo su templo santo. Seguimos viéndolo abrir su corazón en amor por medio de cartas de maestros como Pablo. En el libro de Apocalipsis, el Apóstol Juan les escribe a siete iglesias y les comparte el corazón de Jesús. Jesús afirma con amor la confianza que tiene en ellas, pero también les dice la verdad difícil acerca de los pecados que toleran (Apocalipsis 2:2-6, 19-25). Las insta a no mezclar su lealtad a él con la cultura pagana que las rodea, y con amor las llama a ser puras (Apocalipsis 2:13-16). Tanto Juan como Pablo reflejan el amor de Jesús y su compromiso de corazón abierto para hacer al pueblo de Dios puro de todo pecado.

Aun cuando estamos entristecidos por nuestro pecado, el corazón de Jesús permanece completamente abierto (Hebreos 10:22-23). Los maestros que lo siguen solo quieren acercarnos más a él y profundizar nuestro amor por él y los unos por los otros. Cuanto más nos arrepentimos y abrimos nuestro corazón los unos a los otros, más participamos de la pureza y el amor de Jesús.

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que envía maestros comprometidos a hacer santos a los creyentes. Y que puedas ver a Jesús como aquel cuyo corazón está abierto para recibir a todo el que se arrepiente.

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