¿Qué está pasando?
Juan ve una visión de la caída de Satanás y de la muerte de la muerte misma. Satanás, llamado el dragón o la serpiente, ha ocupado por mucho tiempo el puesto de engañador y acusador del mundo. Las naciones del mundo estaban sometidas bajo su poder, engañadas para adorar potestades y dioses distintos del Dios Altísimo. Esas potestades arrastraron a la humanidad al sepulcro, donde la muerte mantenía cautivo incluso al pueblo fiel de Dios. Pero, como Juan ya había visto antes, ahora presencia cómo la entronización de Jesús en el cielo como Rey de reyes despoja a Satanás y a la muerte de su poder. Un ángel ata y sella a Satanás en el abismo, una prisión de caos relacionada con las aguas profundas, muy lejos de los tronos del cielo (Apocalipsis 20:1-3a).
Jesús reina ahora como el Rey por encima de todo rey, y el engañador de las naciones está encadenado en el abismo. Por eso, las potestades y los dioses que las naciones han adorado por tanto tiempo empiezan a perder su autoridad. Desde su celda acuática, Satanás ya no puede engañar a las naciones ni impedirles adorar al Rey verdadero del universo. Satanás ha perdido el control de las naciones, y estas se le escapan de las manos mientras la gente abandona a sus dioses y se une al reino de Cristo (Apocalipsis 20:3b). Las potestades demoníacas que antes se sentaban en los tronos de las naciones quedan ahora vacías, y Jesús reina sobre ellas al colocar a sus seguidores fieles en los tronos desocupados (Apocalipsis 20:4). Juan llama a este destronamiento de los demonios y a la entronización de su pueblo la primera resurrección (Apocalipsis 20:5). Aquellos que fueron martirizados bajo reinos demoníacos se levantan en Cristo para reinar sobre los reinos que los masacraron. Este reinado de Cristo y de sus santos durará hasta la derrota definitiva de Satanás. Juan ve que Jesús reinará con sus santos por mil años, una indicación de que este Reino gobernará hasta que todo quede cumplido (Apocalipsis 20:6). Y cuando esta obra se cumpla, Satanás y la Muerte serán destruidos para siempre (Apocalipsis 20:7a).
El reinado de Jesús conduce en última instancia a una batalla final en la que Satanás es liberado para reunir a los antiguos enemigos del pueblo de Dios y hacer guerra contra su Reino. Juan ve a Satanás engañando a las naciones de Gog y Magog, que han sido arrojadas a los rincones más lejanos de la tierra por el reinado de Jesús (Apocalipsis 20:7b). Estos son los gobernantes endemoniados de naciones sujetas a la muerte que por mucho tiempo se han opuesto al reinado de Jesús (Ezequiel 38-39). Como lo han hecho a lo largo de la historia del pueblo de Dios, las naciones impías rodean su ciudad para destruirla. En el pasado, naciones impías quemaron la ciudad de Dios por causa de sus prácticas adúlteras. Pero esta vez la ciudad no es la prostituta que Juan había visto antes. Al contrario, la ciudad es aquella que Jesús ama: la esposa de Cristo. Así que el fuego no viene contra la ciudad, sino contra quienes la atacan (Apocalipsis 20:8-9). Mientras su ejército es consumido por el fuego, Satanás mismo es lanzado a un fuego mortal que Dios había preparado para él (Apocalipsis 20:10).
Luego Juan ve a Jesús haciendo los preparativos para renovar su creación. El trono de Jesús es revelado. Ya nada media entre su presencia y la creación, ni la esconde. Por lo tanto, nada queda oculto a los ojos del Rey que todo lo ve. Los cielos y la tierra mismos huyen, y no queda nada entre la creación y su Dios. Entonces, viendo todas las cosas tal como son, Jesús el Rey comienza a reordenar su reino. Así como ordenó la creación por medio de su Palabra en el principio, Jesús ordena una vez más su reino con palabras. Se abren los libros, revelando todo lo que cada persona ha hecho alguna vez. Por medio de estas palabras, Jesús trae orden a su mundo renovado de vida, entregando a una muerte final todo lo que está alineado con la muerte. Como punto culminante, Jesús relega el poder de la Muerte misma y el sepulcro que retenía a los muertos a su propia muerte. Vacía a la Muerte y al sepulcro de todas las vidas que retenían, y los envía vacíos a la misma muerte preparada para Satanás. Por último, todas las cosas que se han unido a sus filas mortíferas se unen a ellos en su final mortífero.
¿Dónde está el evangelio?
Jesús vino anunciando la llegada de su reino de vida, lo cual significaba la derrota de todo reino de muerte. Bajo el engaño de Satanás, los reinos de la tierra adoraban potestades endemoniadas y necesitaban ser liberados. Jesús muestra su poder sobre estos imperios cuando envía a 72 de sus seguidores a proclamar su reino, uno por cada una de las naciones (Lucas 10:1; Génesis 10; Deuteronomio 32:8). Sus seguidores informan que las potestades y los dioses les estaban sujetos mientras extendían el reinado de Jesús por sus territorios (Lucas 10:17). Jesús subraya la conquista que está ocurriendo al decir que vio a Satanás caer del cielo (Lucas 10:18). Jesús extiende su reino colaborando con sus seguidores fieles para destituir a las potestades malignas y reinar con él sobre la creación (Efesios 1:3, 2:6).
Así como sus seguidores invadieron territorio enemigo para destituir potestades, Jesús invadió el territorio enemigo de la muerte para destituir su poder. En la cruz, Jesús conquistó el reino de Satanás y el poder de la muerte al entrar en su territorio. En el principio, Satanás intentó apoderarse del reino de Dios privándolo de sus ciudadanos (Génesis 3:1). Pero por medio de su resurrección, su ascensión y su manifestación, Jesús priva a la Muerte de sus ciudadanos. Puede que Satanás haya vaciado el huerto, pero Jesús vaciará el sepulcro.
El reino milenial de Jesús está operando ahora mismo. Por medio de sus seguidores fieles, Jesús está empujando las últimas fortalezas de las tinieblas, que van en huida, hacia los márgenes del mundo. Porque Satanás está atado y encadenado en la oscuridad, los tronos de los reinos que él ha engañado están siendo vaciados de sus potestades endemoniadas y llenados con santos que reinan. Así como Jesús envió a los 72 a las naciones, ahora nos envía a nosotros como su iglesia a cada rincón de la tierra (Mateo 28:18-20). El Apóstol Pablo nos dice que nuestra batalla es contra estas potestades espirituales que gobiernan en las regiones celestiales. Así como Jesús trae orden con sus palabras, nosotros traemos orden por medio de la palabra de Dios, la espada del Espíritu, y el poder del Rey Jesús, quien reina en el trono que está por encima de todos los tronos (Efesios 6:12, 17).
Es este trono el que será revelado y el que revelará todo. Cuando ya nada se interponga entre toda la creación y su creador, quienes están alineados con Jesús y su Reino de vida vivirán con él para siempre. Esto se debe a que toda fuerza y potestad alineada con la muerte será entregada a una destrucción final. Ni un solo trono ni una sola fortaleza será ocupada por la Muerte (1 Corintios 15:24-26). Cada centímetro de cada territorio estará bajo el reinado que da vida del Rey Jesús y de sus seguidores fieles.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que destituirá a Satanás y al sepulcro, rescatando a su pueblo de su poder. Y que puedas ver a Jesús como el Rey por encima de todos los reyes, quien trae su nuevo reino de vida y lo llena de ciudadanos fieles.

