¿Qué está pasando?
La iglesia en los días de Juan estaba siendo perseguida severamente por Roma. En una visión de un dragón, unas bestias y un niño recién nacido, Juan ve la realidad que hay detrás de la persecución de la iglesia. Juan ve a una mujer con dolores de parto, mientras un dragón espera hambriento para devorar a su hijo (Apocalipsis 12:1-4). Se emplea la imagen de la antigua lucha entre Satanás y el pueblo de Dios. En el jardín del Edén, Dios prometió a Eva un hijo que derrotaría a la serpiente. El pueblo de Dios, Israel, ha encarnado durante mucho tiempo esta lucha contra el dragón, esperando que el hijo prometido naciera de ellos y derrotara a Satanás. Y en María llegó este niño, cuando ella dio a luz a Jesús. La visión muestra la resurrección y la ascensión de Jesús, pues el niño es rescatado del dragón y sentado en el trono de Dios, donde reina sobre todas las naciones (Apocalipsis 12:5-6). Su entronización expulsa a Satanás, el acusador del pueblo de Dios, del cielo hacia la tierra (Apocalipsis 12:7-9).
Después de ser expulsado del cielo, Satanás, en su furia, continúa la batalla contra la iglesia, representada en la mujer y su simiente (Apocalipsis 12:17). Mientras estaba en el cielo, el papel de Satanás era acusar a los hombres delante de Dios cuando él juzga. Ahora que ha sido arrojado a la tierra, miente y acusa a la iglesia con el fin de engañarla y destruirla. La batalla que el dragón libró contra los ángeles del cielo, ahora la libra contra la iglesia aquí en la tierra (Apocalipsis 12:13-16).
Confinado en la tierra, convoca a una bestia que sale del mar para pelear contra el pueblo de Dios. La bestia del mar es en parte leopardo, león y oso. Es un híbrido monstruoso tomado de una visión semejante en el libro de Daniel (Apocalipsis 13:1-2; Daniel 7:1-8). En ambos libros, las bestias representan el poder del Estado y de los imperios del mundo, y en este caso la bestia del mar es Roma. Su emperador, Nerón, había oprimido severamente a la iglesia, persiguiendo y matando a los seguidores de Jesús. Aunque Nerón había muerto, el poder que estaba detrás de su brutalidad seguía cazando a los cristianos (Apocalipsis 13:3). La iglesia debe seguir soportando la violencia bestial de Roma y de Satanás (Apocalipsis 13:9-10).
Luego el dragón levanta de la tierra una segunda bestia, que ejerce poder religioso sobre la tierra para hacer que sus habitantes adoren a Roma y a su emperador (Apocalipsis 13:11-13). Esta bestia de la tierra hace milagros en nombre de la bestia del mar y convence al mundo de construir un ídolo para honrar a Roma. Después la bestia de la tierra infunde vida al ídolo, que comienza a hablar y a matar a todos los que se niegan a inclinarse ante él. Antes, en el libro de Apocalipsis, Dios identifica a su pueblo poniendo una marca en sus frentes, y ahora la bestia de la tierra hace lo mismo (Apocalipsis 7:3-4). Esto provoca un aumento de la persecución de la iglesia, porque quienes no están marcados por la adoración al emperador no pueden comprar ni vender en el imperio (Apocalipsis 13:14-17).
Juan nos dice que la bestia de la tierra es una persona simbolizada por el número 666 (Apocalipsis 13:18). En el libro de Reyes, el número 666 es el ingreso anual que Salomón recibe después de construir el templo de Israel y reunir su ejército (1 Reyes 10:14-29). En aquel entonces, Salomón combinó idolátricamente la adoración a Dios con la adoración del poder imperial y de la riqueza, y eso llevó a la destrucción del pueblo de Dios. Esta adoración idolátrica está ocurriendo de nuevo en Roma. Cuando el nombre Nerón César se escribe con letras griegas, sus valores suman 666. Satanás está empleando el poder de la religión y de Roma en su guerra contra la iglesia. Y la iglesia está llamada a perseverar incluso hasta la muerte, para poder resucitar como Jesús y reinar sobre la serpiente.
¿Dónde está el evangelio?
Satanás empleó el poder bestial del imperio y de la religión para hacer guerra contra Jesús, lo cual llevó a su muerte. Pero Dios arrebató a Jesús de la tumba y lo estableció con poder sobre Satanás, sus ángeles y todos los imperios de la tierra. Satanás y sus ángeles siguen engañando al mundo, dando poder a los líderes de las naciones y acusando con mentiras a la iglesia. Aunque las bestias marquen a la iglesia para la muerte, Apocalipsis ya nos ha mostrado que Jesús ha marcado a su pueblo para la vida. Pues así como Jesús se levantó al poder sobre Satanás mediante su resurrección y ascensión, todo cristiano que se guarde de adorar a los reyes menores y a los dioses menores de este mundo reinará con Jesús sobre todos ellos.
Ahora que el Acusador ha sido expulsado de su papel celestial, ya nadie se presenta ante Dios para acusarnos. En cambio, Jesús, nuestro abogado, está a la derecha de Dios intercediendo por nosotros y librándonos de todas las acusaciones de los acusadores (Hebreos 7:25). En Jesús, todas las acusaciones del dragón quedan demostradas como mentiras y engaños. Porque sabemos que no queda nadie en el cielo que pueda presentar cargos contra nosotros (Romanos 8:32-39).
Lo único que Satanás puede lograr, cuando nos mata por medio de sus bestias, es que reinemos sobre él más pronto. Porque hemos sido sellados para vida en Cristo, en lugar de sellados para muerte en la bestia, resucitaremos y reinaremos con Jesús cuando muramos. Por eso la iglesia perseguida entrega voluntariamente su vida bajo el poder de las bestias. Porque saben que lo vencerán al compartir la vida y la victoria de Jesús mientras proclaman el poder de su reino sobre toda nación (Efesios 2:6-7). Así que, cuando los poderes malignos de este mundo nos persiguen y nos matan, lo único que hacen es colocarnos en autoridad sobre ellos cuando resucitamos a la vida con Cristo.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que reina desde el cielo. Y que veas a Jesús como aquel que reina sobre todo poder y que nos levanta para reinar con él.

