¿Qué está pasando?
Felipe llega a Samaria y proclama que Jesús es el Mesías (Hechos 8:5). Sana a las personas, expulsa demonios y proclama el evangelio a la ciudad (Hechos 8:7).
Pero luego conocemos a Simón, un hombre que domina espiritualmente al pueblo de Samaria impresionándolo con hechicería (Hechos 8:9). Estas obras, impulsadas por poder demoníaco, se parecen a lo que podríamos llamar magia. Los samaritanos lo adoran como a un dios (Hechos 8:10). Al parecer, Samaria es el dominio de Satanás.
Pero cuando Felipe proclama el Reino de Dios, rompe el hechizo que pesaba sobre la gente (Hechos 8:12). Simón mismo cree y es bautizado (Hechos 8:13). Los apóstoles llegan de Jerusalén para orar por los samaritanos, a fin de que reciban el Espíritu Santo (Hechos 8:15). De manera asombrosa, el Espíritu viene sobre los samaritanos, que estaban distanciados, tal como los judíos devotos de Jerusalén también recibieron el Espíritu (Hechos 8:17).
Simón queda asombrado y pide comprarles ese poder a los apóstoles (Hechos 8:18-19). Pedro le dice que este don gratuito no se puede comprar con dinero, y le dice a Simón que se arrepienta (Hechos 8:20-23).
Felipe continúa su travesía hacia el sur, atravesando Judea, donde se encuentra con un eunuco etíope que va leyendo el libro de Isaías (Hechos 8:27-28). Por ser eunuco, tradicionalmente se le impedía tener plena comunión con el pueblo de Dios (Deuteronomio 23:1). No sorprende descubrir que está leyendo una porción de Isaías que habla de un tiempo en que Dios traerá a su Reino tanto a los extranjeros como a los eunucos (Isaías 56:3-5).
El eunuco está leyendo unos versículos específicos de Isaías que prometen un siervo de Dios que sería privado de justicia y al que le quitarían la vida (Hechos 8:33). Él sería excluido, como el etíope, para acercar a otros (Isaías 53:4). Felipe le explica que este siervo de Dios es Jesús (Hechos 8:35). El eunuco cree, es bautizado y sigue camino hacia Etiopía como el primero en recibir el evangelio «hasta los confines de la tierra» (Hechos 1:8; 8:39).
¿Dónde está el evangelio?
La llegada del evangelio a Samaria y a Etiopía es una señal de que las palabras de Jesús al comienzo de Hechos se están cumpliendo (Hechos 1:8). Dios se acerca a los que están lejos de él.
Así como Samaria estaba bajo el hechizo de la hechicería demoníaca de Simón, el mundo entero está bajo el hechizo del reino de Satanás (Efesios 2:2). Vivimos en territorio ocupado por el enemigo. Pero la buena noticia es que, así como el Espíritu Santo tomó el territorio de Simón en Samaria, Jesús ha tomado el territorio de Satanás en el mundo (1 Juan 5:4). El Reino de Dios y el nombre de Jesús son más fuertes que el reino del mundo, la carne y el diablo (Hechos 8:12).
Dios sigue venciendo las obras de Satanás por medio de nosotros, por el poder de su Espíritu Santo, tal como lo hizo con Felipe. Simón trató de comprar ese poder, pero la mejor noticia del evangelio es que es gratuito.
El etíope necesitaba especialmente un evangelio gratuito. Como eunuco, su condición lo hacía sentirse excluido del pueblo de Dios. No es difícil imaginar que su viaje a Jerusalén para la Pascua era parte de su esfuerzo por comprar el sentirse más cerca de Dios.
De igual modo, es fácil sentir que tenemos alguna carencia, falla o defecto que, a fin de cuentas, nos impedirá tener plena comunión con Dios. Y probamos toda clase de maneras de sanar o resolver ese sentimiento.
Pero, como Felipe señaló a partir del ejemplar de Isaías que llevaba el etíope, Jesús toma sobre sí nuestras imperfecciones (Isaías 53:4). Por medio de la cruz, Jesús ha cargado con todo aquello que pudiera apartarnos de Dios (Isaías 53:6). Y por sus heridas fuimos sanados (Isaías 53:5).
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que se acerca a los que están lejos de él. Y que veas a Jesús como el poderoso Vencedor del mal, quien murió por nuestros pecados y ahora reina sobre todo.

