¿Qué está pasando?
Pablo y Bernabé han llevado el evangelio a los gentiles como nunca antes (Hechos 13:47). Ahora regresan a su base en Antioquía, donde se encuentran con maestros que traen un mensaje que divide (Hechos 14:26).
Según estos maestros, la ley de Moisés manda que los gentiles sean circuncidados para poder ser salvos (Hechos 15:1). Este asunto provoca tanta controversia que los líderes de la iglesia se reúnen en Jerusalén para resolverlo.
Algunos creyentes que pertenecen al partido de los fariseos sostienen que la circuncisión es necesaria para la salvación (Hechos 15:5). Pero Pedro refuta esto al relatar lo que sucedió en la casa de Cornelio: cómo Dios escogió, purificó y dio el Espíritu a esos creyentes sin circuncisión (Hechos 15:7-9).
Pedro recuerda que ninguno de los antepasados de Israel guardó la ley perfectamente. Si judíos o gentiles han de ser salvos, será de la misma manera: «por la gracia del Señor Jesús» (Hechos 15:10-11).
El concilio en Jerusalén redacta una carta para las iglesias de Antioquía y las regiones vecinas (Hechos 15:22-23), rechazando formalmente las enseñanzas de aquellos que predican la necesidad de la circuncisión (15:22-24). También manda a los cristianos gentiles que se abstengan de las prácticas de su cultura vinculadas a la adoración de ídolos (15:29). Este mandamiento les permite a los creyentes gentiles amar sacrificialmente a sus hermanos y hermanas judíos, y traer mayor unidad a la iglesia.
¿Dónde está el evangelio?
Después del discurso de Pedro sobre la inclusión de los gentiles, Santiago está de acuerdo y cita al profeta Amós. Dios prometió un día en que vendría a Israel y restauraría su Reino (Hechos 15:16). Eso es lo que Jesús hizo cuando derrotó a la muerte y ascendió a su trono celestial. Pero también en ese tiempo Dios llamaría a los gentiles de entre todas las naciones para que fueran su pueblo (Hechos 15:17).
Santiago muestra que la inclusión de los gentiles no crea un problema con la ley: siempre ha sido el propósito de la ley. Incluir a los gentiles no significa que se estén olvidando de la circuncisión, sino que en realidad la están cumpliendo.
Los judíos que defendían la circuncisión imponían una norma que ellos mismos no lograban cumplir. Si la salvación viene por obedecer la ley, nadie será salvo (Romanos 3:20).
Por eso es tan buena noticia que somos salvos solo por gracia, solo por medio de la fe, solo en Cristo (Romanos 3:22). Si la salvación dependiera de que nuestras buenas obras pesaran más que las malas, ni la persona más virtuosa calificaría. Entonces, ¿cómo puede alguno de nosotros ser salvo? Pedro lo dice con claridad aquí: «Creemos que somos salvos por la gracia de nuestro Señor Jesús» (Hechos 15:11).
Por medio del evangelio de su muerte y resurrección, Jesús perdona con gracia todas las formas en que quebrantamos sus mandamientos (Romanos 8:3). Y es esta gracia y este perdón para todos los que creen en él lo que trae su Reino y cumple su ley (Amós 9:12). Esta es buena noticia para quienes, como los gentiles, tal vez nos sentimos lejos de Dios. La consumación de todo lo que Dios ha estado haciendo en el mundo desde el principio del tiempo está contenida en la inclusión de los gentiles en la nación judía.
Es más, Jesús está haciendo algo nuevo que la ley nunca puede hacer: está escribiendo su ley en nuestros corazones (Hechos 15:8; Jeremías 31:33). Dios está creando un pueblo que verdaderamente cumple su ley, no exigiendo obediencia, sino salvándolo por gracia. Él nos transforma en personas nuevas que de verdad pueden obedecer de corazón.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que nos da gracia cuando verdaderamente no la merecemos. Y que veas a Jesús como aquel que hace toda la obra necesaria para llevar esa gracia a todos los que la piden.

