¿Qué está pasando?
Dios envía al ejército madianita contra Israel como respuesta a su maldad y desobediencia (Jueces 6:1). Madián es un opresor especialmente cruel (Jueces 6:2). Muchos israelitas terminan viviendo en cuevas, y es allí donde Israel finalmente clama a Dios por misericordia (Jueces 6:6).
En respuesta, Dios envía a un profeta que reprende a Israel por haber olvidado su liberación de Egipto (Jueces 6:9-10). Incluso Gedeón, el nuevo juez de Dios, es cínico y está convencido de que Dios los ha abandonado (Jueces 6:13). Cuando un ángel le dice lo contrario —y que él ha sido designado como el nuevo libertador de Israel—, Gedeón se muestra reticente y pide una prueba (Jueces 6:17). Y cuando Gedeón por fin acepta el llamado del ángel, siente miedo (Jueces 6:23). Cuando se le pide derribar el altar a Baal que tenía su padre, una vez más el temor gobierna sus acciones (Jueces 6:27).
Aunque el Espíritu del SEÑOR está con Gedeón, él exige señales adicionales para confirmar que Dios está con él (Jueces 6:34, 39). Después de reducir el ejército de Gedeón a 300 hombres —y aun así atento al miedo de Gedeón—, Dios le da otra señal la noche anterior a una victoria milagrosa contra los madianitas (Jueces 7:10).
Pero una vez que Gedeón tiene el poder, su miedo da lugar a la brutalidad. Dos reyes madianitas escapan más allá de las fronteras de Canaán y él los persigue hasta darles caza (Jueces 8:10), amenazando con violencia a cualquiera que no le brinde apoyo (Jueces 8:7). Cuando captura a los reyes, descubrimos que su verdadera motivación es la venganza. Estos hombres habían matado a su familia (Jueces 8:19).
Y como señales finales de la creciente brutalidad de Gedeón, le pide a su joven hijo que degüelle a los reyes enemigos delante de él (Jueces 8:20). Luego exige oro como tributo de sus enemigos, lo funde para hacer un ídolo y lo adora durante sus 40 años en el poder (Jueces 8:27). Poco después de la muerte de Gedeón, Israel instala oficialmente el culto a Baal como su religión nacional (Jueces 8:33-34).
¿Dónde está el evangelio?
Cuando las personas temerosas alcanzan el poder, harán cualquier cosa para conservarlo. Y —algo crucial en esta historia— olvidan que el poder verdadero viene de Dios. El día en que los 300 de Israel derrotaron a los 135.000 de Madián, Gedeón les ordenó a sus tropas que gritaran: «¡Por el SEÑOR y por Gedeón!» (Jueces 7:18). Esa frase lo dice todo. Israel recibió un líder que simplemente reflejaba su propio miedo, orgullo y olvido.
Y, aun así, Dios los rescató. Dios incluso encamina el miedo y la violencia de Gedeón hacia su liberación; no para dar validez a Gedeón, sino para revelar la misericordia de Dios hacia un pueblo olvidadizo, temeroso y ávido de poder. Dios podría simplemente dejar que el orgullo y la violencia de una nación se derrumbaran sobre sí mismos. En cambio, una y otra vez convierte su ruina en rescate.
Esto lo vemos con mayor claridad en Jesús. Dios entregó a Jesús al miedo, al orgullo, a la política y a la violencia de Israel y de Roma (Hechos 2:23). Pero Jesús no se parece en nada a Gedeón. No tuvo miedo de sus enemigos. No exigió señales: él las dio (Juan 2:11). No olvidó el poder de Dios: lo buscó constantemente en oración (Lucas 5:16).
Y mientras Gedeón acusaba a Dios de haberlo abandonado, Jesús entró en el lugar del abandono humano por parte de Dios, para poder estar con nosotros incluso en nuestro valle más tenebroso. En la cruz, Jesús asume el clamor de todo ser humano que sufre, pero no porque el Padre lo haya abandonado. Él está con nosotros incluso cuando nos sentimos abandonados.
Y mientras el ascenso de Gedeón torció el miedo en brutalidad, la resurrección de Jesús convierte la brutalidad del mundo en una señal de la victoria de Dios. No necesitamos ninguna otra señal para saber que Dios está con nosotros, aparte de la muerte y la resurrección de Jesús. Todos los que lo recuerdan, confían en él y le pertenecen no tienen nada que temer.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que es nuestro único héroe. Y que veas a Jesús como una señal de victoria y de poder para todos los que lo recuerdan.

