Lo que está pasando
Sansón es el último juez de Israel, el más dramático y el más violento. Un ángel incluso se le aparece a la madre estéril de Sansón y le anuncia que dará a luz a un libertador que salvará a Israel de los filisteos (Jueces 13:3). Sansón también es único entre los jueces por su voto de nazareo. Está bajo juramento de no tocar nada impuro ni muerto, de no comer uvas ni beber vino, y de nunca cortarse el cabello (Jueces 13:5, 7).
Pero el prometedor nacimiento de Sansón solo sirve para resaltar su caída. Sansón ve a una mujer filistea y quiere casarse con ella, aunque hacerlo viola las leyes de Dios sobre el matrimonio (Jueces 14:7). Se nos dice que la única justificación de Sansón es que ella le parece bien a sus ojos (Jueces 14:3). Esta es la acusación que el autor lanza contra todo Israel durante esta época (Jueces 21:25). Esta frase también anticipa cómo terminará la historia de Sansón: los filisteos le sacarán los ojos (Jueces 16:21).
Pero los ojos lujuriosos de Sansón son también el medio que Dios usará para rescatar a su pueblo (Jueces 14:4). Vemos esto desarrollarse en un relato breve que funciona como metáfora tanto del resto de la narración de Sansón como de todo el libro de Jueces. Mientras Sansón camina por un viñedo (lo cual es una decisión insensata, ya que no puede comer uvas), un león lo ataca y él lo mata. Pero al hacerlo quebranta su voto de nazareo de no tocar animales muertos. Además, come con lujuria la miel del cadáver (Jueces 14:8-9). La lujuria de Sansón por la miel se parece mucho a su lujuria por las mujeres filisteas.
Su matrimonio insensato con la mujer filistea y sus encuentros amorosos con Dalila terminan todos de la misma manera: con hombres filisteos abalanzándose sobre él como un león, y con Dios concediendo una dulce liberación sobrenatural de los enemigos de siempre de Israel (Jueces 15:14).
En una extraña misericordia, Dios usa la lujuria y la violencia de Sansón para rescatar a personas atadas a su propia lujuria y violencia.
La lujuria de Sansón finalmente lo deja ciego, débil y esclavo de los filisteos. Sansón usa su último aliento para orar pidiendo fuerzas para ejecutar un acto final de venganza (Jueces 16:28). Como antes, Dios le da poder a Sansón para destruir a más filisteos mediante su muerte que mediante su vida (Jueces 16:30). Como la miel de un león muerto, Dios trae victoria a través del pecado de Sansón.
¿Dónde está el evangelio?
Sansón es el último juez que Dios levanta. Su historia sirve como el clímax del libro de Jueces, pero también como la encarnación más plena del extravío de Israel. Él es el ejemplo final de cómo Dios usa la pecaminosidad de Israel para cumplir sus propósitos (Jueces 14:4).
Pero la historia de Sansón también representa la esperanza de Israel. Israel espera a un Rey cuya venida es anunciada por ángeles y en quien habita el Espíritu. Israel anhela un líder que sea fuerte como Sansón, pero cuyo sacrificio sea mayor que su fuerza. Esperan que Dios traiga dulce paz librándolos de sus enemigos semejantes a leones.
En realidad, Sansón nos señala a Jesús. El nacimiento de Jesús fue anunciado por ángeles (Lucas 1:30-31). Y el Espíritu Santo descendió sobre él como una paloma de paz (Lucas 3:22). Jesús fue fuerte, no para vengar rencores personales, sino para mantenerse firme en un solo propósito a través de la persecución y la crucifixión. La muerte sacrificial de Jesús trajo mayor victoria que su vida, porque por medio de su muerte todo el que cree en él es salvado de los leones al acecho del pecado y de la muerte (Romanos 10:9).
Jesús no sacó miel de sus propios pecados, sino de los nuestros. La muerte sacrificial de Jesús no fue para vengar, sino para expiar. Jesús muere como la encarnación más plena de nuestro extravío, para que nosotros podamos llegar a ser ejemplos vivos de la manera en que Dios usa a personas pecadoras para anunciar y llevar a cabo su dulce victoria en todo el mundo. Gracias a Jesús, probamos y vemos que el SEÑOR es bueno (Salmo 34:8).
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que usa nuestro pecado para producir nuestra salvación. Y que pruebes y veas que Jesús es más dulce que la miel.

