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devocional

Salmo 105

Recuerda las maravillas de Dios

En el Salmo 105 vemos que es por medio de Jesús, el descendiente definitivo de Abraham, que las promesas de Dios de descendientes innumerables y de una patria eterna finalmente se cumplen.

¿Qué está pasando?  

Dios le prometió a Abraham que sus descendientes serían más numerosos que las estrellas y que heredarían una patria eterna (Génesis 15:18-21). El canto del Salmo 105 relata la fidelidad de Dios a lo largo de la historia de la familia de Abraham y llama al pueblo de Dios y al mundo a alabar al Dios de Abraham (Salmo 105:1-8). Al comienzo de la vida de Abraham, Dios cuidó y protegió a su familia escogida cuando eran apenas un puñado de nómadas vulnerables que andaban errantes por tierras extranjeras y a merced de reyes poderosos (Salmo 105:12-15). Cuando el hambre y la escasez amenazaron a la familia de Abraham, Dios envió a José para sustentarlos (Salmo 105:16-17). Y cuando José fue encarcelado, Dios lo liberó milagrosamente y le dio una posición de poder en Egipto (Salmo 105:18-22). Con el paso del tiempo, la familia de Dios creció. Pero Egipto, sintiéndose amenazado, olvidó el bien que José había hecho y comenzó a perseguir y esclavizar a la creciente familia de Dios. Pero ni siquiera esto pudo impedir que Dios cumpliera sus promesas a Abraham de darles su patria (Salmo 105:23-25). Como hizo con José, Dios levantó a otro líder, esta vez para enfrentar el poder egipcio. Con muchas señales del poder de Dios, liberaron al pueblo cautivo de Dios y derrotaron a sus opresores (Salmo 105:26-36). Entonces Dios llenó las manos de su familia con los tesoros de Egipto y los llevó a salvo a su tierra prometida, donde podían adorar y obedecer los mandamientos de Dios sin temor a la esclavitud ni a la persecución (Salmo 105:37-41, 44-45). Dios hizo todo lo que le prometió a Abraham. En la historia de la familia de Abraham, Dios ha sido fiel. Por eso los hijos de Abraham y el mundo entero deben reconocer y celebrar la fidelidad del Dios de Israel (Salmo 105:42-43, 1-5).

¿Dónde está el evangelio?

Dios le prometió a Abraham que sus descendientes serían más numerosos que las estrellas y que heredarían una patria eterna (Génesis 15:18-21). Aunque Dios fue fiel a Abraham y su familia creció considerablemente y vivió en Canaán por un tiempo, es por medio de Jesús, el descendiente definitivo de Abraham, que la promesa de Dios de descendientes innumerables y de una patria eterna finalmente se cumple.

Como sus antepasados, Jesús anduvo errante como un nómada vulnerable en la Tierra, y como José, fue oprimido y maltratado por los gobernantes en el poder. Pero por medio de Jesús, Dios obró un rescate aún mayor que el que hizo por sus hijos oprimidos en Egipto. Cuando Jesús fue sentenciado a morir crucificado, marchaba a la batalla para salvar a su pueblo de la esclavitud al enemigo supremo del pueblo de Dios: la muerte misma (Hebreos 2:14-15). La señal del poder y del rescate de Dios fue la resurrección de Jesús de entre los muertos (Juan 12:32). Al derramar su vida hasta la muerte, Jesús, el más grande hijo de Abraham, aseguró el mundo como patria para su pueblo (Apocalipsis 5:9). Resucitó de entre los muertos para ser exaltado como soberano sobre todos los reyes y poderes del mundo, y para liberar a todos los que habían estado cautivos de la muerte (Filipenses 2:8-11; Hebreos 2:15). Ahora, todos los que creen que la resurrección de Jesús ha asegurado para su pueblo una patria eterna son miembros de la familia de Abraham (Gálatas 3:7). 

Jesús es el hijo de Abraham sentado en el trono de Dios por encima de todo poder y de todo reino (Efesios 1:20-21). Y porque Dios es fiel a Abraham, Jesús le dará a su familia la patria eterna que prometió. Cuando Jesús regrese para reclamar su reino y su pueblo como su herencia, el mundo entero le será entregado a Jesús, con personas innumerables de toda tribu y nación celebrándolo (Apocalipsis 7:9-10; 11:15).

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para que veas al Dios que ha cumplido su promesa a Abraham. Y que puedas ver a Jesús como el más grande hijo de Abraham, quien ha prometido el mundo a su pueblo escogido. 

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