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devocional

Salmo 80

Dios el jardinero

En el Salmo 80 vemos que Jesús es el tierno jardinero y el hijo de hombre que protegerá y rescatará a su pueblo.

¿Qué está pasando?

Dios envió a la nación de Asiria para destruir la capital del norte de Israel como respuesta a su idolatría y maldad (Salmo 80:1-2). El salmista Asaf ve el llanto de su pueblo y los escombros de la ciudad. Imagina el rostro de Dios encendido de ira, mientras las naciones vecinas se burlan de Israel por confiar en el Dios que los destruyó (Salmo 80:4-6). En tres ocasiones distintas, Asaf le pide desesperadamente a Dios que vuelva su rostro hacia su pueblo debilitado y que, en su bondad y amor, lo restaure a su antigua gloria (Salmo 80:3, 7, 19).

Antes de la destrucción, Dios había sido como un jardinero amoroso para su pueblo. Trasplantó la vid de Israel sacándola de la esclavitud en Egipto. Limpió el suelo de sus enemigos y la plantó en la tierra que había prometido. Construyó muros para protegerla. Y bajo su cuidado, esa vid se multiplicó, se extendió y cubrió todo Israel hasta sus fronteras en el mar (Salmo 80:8-11). Históricamente, todo esto sucedió bajo el liderazgo del rey David. Pero ahora los muros que David construyó están derribados (Salmo 80:12). Los animales salvajes hozan y devastan la maleza. Las langostas consumen todo lo verde (Salmo 80:13). Por eso Asaf le ruega a Dios que vuelva a ser el jardinero y el cuidador de Israel, y que no abandone tan pronto la vid que ha cultivado con tanta generosidad y esmero (Salmo 80:14-16).

En concreto, Asaf ora para que la mano de Dios levante a un «hijo de hombre» que se siente a la derecha de Dios (Salmo 80:17). Asaf espera que, si Dios designa a un hijo de hombre —un ser humano— y lo levanta para que se siente en un trono junto al suyo, el pueblo de Dios seguirá su liderazgo piadoso y se alejará de su maldad e idolatría (Salmo 80:18). Y más aún, Asaf espera que cuando un hijo de hombre sea levantado, el pueblo de Dios por fin vea el rostro de Dios brillando con bondad y amor hacia ellos (Salmo 80:19).

¿Dónde está el evangelio?

El Salmo 80 le da al pueblo de Israel dos esperanzas que en realidad son la misma. La primera es que Dios volverá a ser su jardinero y restaurará la vid de Israel. La segunda es que Dios levantará a un ser humano, a un hijo de hombre, para que se siente a su derecha en los cielos. Ambas esperanzas se cumplen en Jesús.

La vid del Salmo 80 no era simplemente una metáfora de Israel en general, sino del rey David y su dinastía en particular (Isaías 11:1; Salmo 80:17). Cuando los líderes de la dinastía de David seguían a Dios, Israel imitaba su ejemplo y florecía como la vid del salmo. Pero cuando los reyes que vinieron después de David escogieron la idolatría y la maldad, Israel se marchitó. Así que, para que Dios restaure a Israel después de su destrucción, tiene que levantar a otro hijo de David que lleve al pueblo de Dios de nuevo a la piedad y al florecimiento. Pero hay un problema que este salmo nunca resuelve. Aunque el linaje de David sea revivido, ningún ser humano, ningún hijo de hombre, está capacitado para sentarse a la derecha de Dios.

Pero ese problema se resuelve en Jesús. Jesús era Dios nacido como ser humano (Juan 1:14). No solo un verdadero hijo de hombre nacido de una mujer, sino también un verdadero descendiente e hijo de David (Mateo 1:1-16). Jesús era la vid y el hijo por el que Asaf oraba. Y en Jesús, Dios vuelve plenamente su rostro hacia su pueblo debilitado. Los ojos mismos de Dios vieron y experimentaron su sufrimiento y su desolación. Y en su bondad y amor, determinó restaurarlo y salvarlo más allá de su antigua gloria (Hebreos 1:3). 

Así como Israel fue destruido por su maldad e idolatría, Jesús fue destruido y sepultado por los pecados de su pueblo. Se burlaron de él, como se burlaron de Israel, por confiar en el Dios que lo dejaría colgar en una cruz y morir (Mateo 27:39-41). Y de hecho, Dios apartó su rostro de Jesús, como lo hizo con Israel en los días de Asaf (Mateo 27:45-46). Pero así como el salmista esperaba que Dios restaurara a Israel, Dios restauró a Jesús a la vida en su resurrección. Ahora Jesús, el Hijo del Hombre, está sentado en el Cielo como verdadero Hijo de Dios e hijo de David. La ira encendida de Dios contra nuestra maldad e idolatría ha sido crucificada. El rostro de Dios brilla sobre nosotros con amor y afecto. Y Jesús ahora guía a su pueblo lejos de la maldad y la idolatría para siempre. 

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que restaura a su pueblo. Y que puedas ver a Jesús como el rostro de Dios que ha venido a salvar a su pueblo.

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