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devocional

Salmo 72

El Rey que gobierna con rectitud

En el Salmo 72 vemos que el gobernante justo que David esperaba llegó finalmente en Jesús. Él es el rey supremo sobre el mundo y aquel que une a todas las naciones bajo su gobierno.

¿Qué está pasando?

El Salmo 72 es uno de los dos únicos salmos atribuidos a Salomón, hijo y sucesor del rey David. David esperaba que Salomón estableciera el Reino de Dios en la tierra. Y David le dijo a su hijo que, si obedecía los mandamientos de Dios, él y su reino prosperarían para siempre (1 Reyes 2:3-4). Así que Salomón le pide a Dios que lo capacite para obedecer sus mandamientos, juzgar con equidad y gobernar con justicia en favor de los pobres (Salmo 72:1-2). Y en respuesta a esta rectitud, Salomón ora para que los dones de Dios —prosperidad, paz y plenitud— cubran la tierra (Salmo 72:3). 

Salomón espera que su buen reinado dure tanto como el sol y la luna (Salmo 72:5). Ora para que aquellos a quienes gobierna sean recompensados por su rectitud, prosperando para siempre (Salmo 72:7). Salomón espera que su reinado sea como la lluvia, que haga posible una vida nueva y el bien para todos en su reino (Salmo 72:6). 

Tomando prestado el lenguaje del relato de la creación, Salomón ora para gobernar, como Adán, sobre toda la tierra (Salmo 72:8; Génesis 1:28). Ora para que todos los reyes y tribus le traigan regalos y se inclinen ante su poder (Salmo 72:9-12). Pero este dominio global se ejerce en favor de los necesitados (Salmo 72:12). Salomón ora para que su liderazgo mundial provea para los pobres y responda a las necesidades de los oprimidos a escala global (Salmo 72:13-14).

Luego Salomón guía a su reino a una oración final (Salmo 72:15-16). Reformulando la promesa que Dios le hizo a Abraham, ora para que terminen las divisiones que existen entre las naciones y comience una era eterna de bendición, prosperidad, paz y plenitud (Salmo 72:17).

Después, para marcar el final del segundo libro de los Salmos, se añade un breve himno al final de la oración de Salomón. Alaba al Dios que vive para siempre y espera el día en que su nombre y su reino llenen toda la tierra (Salmo 72:18-19).

¿Dónde está el evangelio?

Lamentablemente, Salomón no siguió el consejo de su padre. Salomón no estableció el Reino de Dios ni completó las promesas que Dios hizo a Adán y a Abraham. Pero la oración de Salomón por un rey capacitado para juzgar con equidad, gobernar con justicia en favor de los pobres y cumplir las promesas que Dios hizo a Abraham y a Adán fue respondida en Jesús. 

Como verdadero hijo de David, Jesús obedeció el mandamiento de su Padre e incluso murió para salvar a su pueblo (Juan 5:19). El discurso inaugural de Jesús prometió prosperidad, paz y plenitud a todos los oprimidos (Lucas 4:18-19). Como la lluvia, los actos reales de Jesús hicieron crecer el bien y una vida nueva por donde iba. Sanó a los ciegos, alimentó a los hambrientos y anunció la buena noticia a los pobres (Mateo 11:5). Incluso su tumba se convirtió en un vientre del que brotó una vida nueva. Todos los necesitados, pobres y oprimidos que claman a Jesús reciben la prosperidad, la paz y la plenitud que David esperaba para su hijo (Mateo 5:3-10). 

Y ahora mismo, como Adán, Jesús es el gobernante de toda la tierra (Filipenses 2:9). Personas de todas las naciones y lenguas se inclinan ante el Rey Jesús en reconocimiento de su sacrificio y de la justicia que trae su Reino (Apocalipsis 7:9-10). Jesús también ha hecho realidad la promesa de Dios a Abraham. Al estar unidos en adoración, las divisiones que existen entre las naciones y las personas están llegando a su fin (Gálatas 3:28). La era eterna de bendición, prosperidad, paz y plenitud de Jesús ya ha comenzado. Ahora mismo estamos viviendo en el Reino de Dios. Y la buena noticia es que continuará tanto como existan el sol y la luna. 

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que juzga con equidad y gobierna con justicia. Y que puedas ver a Jesús como aquel que gobierna un Reino eterno de bendición, prosperidad, paz y plenitud.

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