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devocional

Salmo 81

Un cántico para la fiesta

En el Salmo 81 vemos que Jesús anuncia que ha venido a transformar los corazones del pueblo de Dios como Moisés nunca pudo hacerlo.

¿Qué está pasando?

El Salmo 81 estaba destinado a cantarse durante la fiesta judía de los Tabernáculos o de las Enramadas (Salmo 81:3). Esta fiesta llama a todo Israel a recordar el poder y la provisión de Dios cuando los sacó de la esclavitud en Egipto y los guio por el desierto (Salmo 81:1-2). Dios mismo quitó de encima sus cargas pesadas (Salmo 81:6). Así que cada año todo Israel se detiene para recordar la historia de cómo Dios los rescató y proveyó para ellos (Salmo 81:4-5; Levítico 16:29-34).

Pero la fiesta de los Tabernáculos también recuerda cómo Dios probó a Israel y cómo ellos fracasaron. Justo después de que Dios rescatara a su pueblo de Egipto y hablara con voz de trueno desde la cima del monte Sinaí, Dios los probó durante varios días en el desierto sin agua (Salmo 81:7). Y esa prueba debía enseñarles a confiar en que él siempre proveería para ellos (Salmo 81:8-9). Pero al llegar a un lugar llamado Meribá, Israel deseó poder volver a Egipto. Incluso acusaron a Dios de haberlos rescatado solo para matarlos en el desierto (Números 20:1-13). Sin embargo, Dios partió milagrosamente una roca seca, hizo brotar agua de ella y proveyó para ellos (Salmo 81:10). Pero después de recibir esta provisión, Israel siguió rechazando obstinadamente y dudando de la bondad de Dios. Fracasaron en la prueba (Salmo 81:11-12). 

El salmista les advierte que no repitan los errores de su pasado mientras celebran la fiesta de los Tabernáculos. Israel debe confiar en su Dios y obedecerle, y si lo hace, Dios no la entregará a la obstinación de sus corazones (Salmo 81:13-14). Al contrario, él la rescatará como lo hizo antes y le dará los mejores alimentos y bebidas (Salmo 81:15-16).

¿Dónde está el evangelio?

La provisión de agua que Dios dio en el desierto llegó a ser el centro de la celebración de la fiesta de los Tabernáculos. Para cuando Jesús era adulto, cada día de esta fiesta de una semana estaba marcado por una procesión. Los sacerdotes de Israel recogían grandes cantidades de agua de un estanque cercano y la llevaban en procesión por las calles de Jerusalén. Al llegar al templo, una gran multitud observaba cómo el agua se derramaba sobre el altar, como recordatorio de que Dios todavía provee para su pueblo.

Y es exactamente en ese momento cuando Jesús se pone de pie en el atrio del templo y dice que el agua que están derramando y la provisión que están celebrando se refieren a él (Juan 7:1-44). Los corazones del pueblo de Dios siguen siendo tan obstinados y secos como rocas, pero si vienen a él, él golpeará y volverá sus corazones obstinados para que fluyan con una confianza dispuesta y gozosa en la provisión de Dios (Juan 7:37). Jesús pone al descubierto que, aunque Moisés sació la sed de una nación, no cambió sus corazones. Así que Jesús anuncia que ha venido a transformar los corazones del pueblo de Dios como Moisés nunca pudo hacerlo. Jesús no ha venido a repartir vasos de agua, sino a hacer que los corazones de piedra del pueblo de Dios confíen en que Dios siempre proveerá (Juan 7:38).

Como Israel en el desierto, todos los seres humanos somos obstinados e ingratos, especialmente cuando parece que Dios nos está probando. Pero Jesús promete que, si venimos a él, transformará nuestras dudas y nuestra obstinación en confianza y obediencia. Y como la roca que satisfizo la sed de un Israel obstinado, Jesús también promete que nuestros corazones, antes de piedra, correrán como ríos de agua viva para el beneficio y la transformación de quienes nos rodean, obstinados y de corazón de piedra. Así que ven a Jesús. Deja que él haga brotar aguas de ti, para que confíes en Dios para el bien de los demás.

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos y veas al Dios que clementemente da agua en el desierto a su pueblo quejoso y olvidadizo. Y que veas a Jesús como aquel que transforma nuestros corazones de piedra en manantiales de agua viva. 

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