¿Qué está pasando?
Hasta ahora, el comienzo de Éxodo ha seguido el mismo trazado del comienzo de Génesis. Por medio de los hijos de Adán y Eva, Dios está llenando la tierra de herederos de su reino para que gobiernen en su nombre (Génesis 1:28; Éxodo 1:1-7). Pero, como ocurrió en Edén, estos gobernantes escogidos están siendo conquistados por un reino rival, dirigido por una figura semejante a la serpiente: el Faraón. Sin embargo, del diluvio homicida de la conquista del Faraón contra estos herederos, Dios ha sacado a un hijo escogido: Moisés (Éxodo 2:10). A lo largo de Génesis, Dios escoge repetidamente a hijos menores, como Jacob, para que lleguen a ser herederos de su reino (Génesis 25:23). Aunque Jacob era menor que su hermano, recibió el título de primogénito y traería el Reino de Dios por medio de su familia, Israel (Génesis 28:13-14). Sin embargo, a lo largo de Génesis, hijos rebeldes, que debían haber servido al primogénito, en cambio construyeron reinos rivales —como la Torre de Babel y el imperio de Egipto— para oponerse a ellos. Ahora, en Éxodo, el reino rival de Egipto se opone al Reino escogido de Dios.
Dios ha escogido a Moisés para liberar a su primogénito, Israel, del reino rival del Faraón (Éxodo 4:21-23). Pero Moisés, aunque nació israelita, fue criado en la casa del Faraón. Además, su propio hijo primogénito es un extranjero. La familia de Moisés necesita renunciar al reino rival de Egipto y unirse a Israel, la familia primogénita de Dios. Esto sucede cuando la historia de Moisés sigue el trazado de la historia del hijo escogido, Jacob. En Génesis, Jacob deja a su suegro y se dirige a casa para enfrentar a su hermano rival, Esaú (Génesis 31:17). En el camino, Dios confronta a Jacob, lo marca físicamente, le perdona la vida y le pone por nombre Israel (Génesis 32:24-30). Ahora, en Éxodo, Moisés deja a su suegro y se dirige a casa para enfrentar al reino rival del Faraón (Éxodo 4:18-20). Pero en el camino Dios confronta a Moisés y le perdona la vida cuando su hijo es marcado físicamente por la circuncisión, haciendo así de su familia verdaderos israelitas (Éxodo 4:24-26). Luego, así como el hermano mayor, Esaú, se encontró con su hermano escogido, Israel, y lo abrazó, el hermano mayor de Moisés, Aarón, se encuentra con él y lo abraza como el líder escogido de Israel. Aarón sirve como portavoz de Moisés mientras enfrentan al reino rival del Faraón (Éxodo 4:27-31).
El reino rival de Egipto oprime duramente a Israel, la familia primogénita de Dios. Moisés y Aarón le dicen al Faraón que libere al pueblo escogido de Dios. Pero el Faraón, actuando como el hijo rebelde, se niega a servir al primogénito (Éxodo 5:1-5). En cambio, el Faraón esclaviza aún más a los herederos de Dios, haciéndolos edificar su reino rival de la misma manera que lo hicieron sus antepasados. En Génesis, un hijo rebelde busca construir un reino rival, usando ladrillos para erigir la Torre de Babel (Génesis 10:8-10; 11:1-4). Ese empeño resulta inútil y termina esparciendo a esa gente por toda la tierra (Génesis 11:8-9). De igual manera, el Faraón les da a sus esclavos israelitas la tarea inútil de hacer esos mismos ladrillos sin los materiales para formarlos (Éxodo 5:6-11). Esto esparce al pueblo por todo Egipto y conduce a una opresión aún mayor (Éxodo 5:12-18).
Moisés acude a Dios confundido. Si Dios escogió a Moisés y a Aarón para liberar a sus hermanos israelitas de la opresión de Egipto, ¿por qué su llegada solo ha aumentado el sufrimiento de Israel (Éxodo 4:22-23)? En respuesta, Dios le recuerda a Moisés que él y su pueblo son el primogénito de Dios: son escogidos por él y le pertenecen. En lugar de servir a este hijo primogénito, el rebelde Egipto los ha esclavizado. Por eso, Dios liberará a su primogénito de la esclavitud conquistando el reino rival del Faraón con grandes actos de juicio (Éxodo 6:1-8). Por el contrario, la genealogía de Aarón muestra que, aunque es el hermano mayor, ha escogido correctamente servir a su hermano menor, Moisés (Éxodo 6:13-7:7). El Faraón y todos los esclavizados en Egipto deben elegir: servir al primogénito, como Aarón, y unirse a la familia de Dios, o rebelarse y ser conquistados.
¿Dónde está el evangelio?
Como Israel en Egipto, todos estamos esclavizados. Como su primogénito, a Adán y Eva se les dio la herencia y el gobierno de Dios para traer su reino a la tierra. Pero fueron esclavizados por un rival del Reino de Dios: Satanás. Desde entonces, toda la humanidad ha sido gobernada por este reino rival, que nos esclaviza para edificar su imperio, el cual no termina en nada más que muerte. Pero Dios ha escogido a un hijo primogénito para liberar a su pueblo esclavizado del reino de futilidad y muerte de Satanás.
Jesús es el Hijo primogénito de Dios, quien entró en el reino rival de Satanás con grandes actos de juicio (Colosenses 1:15-16). Liberó a personas que estaban atadas por la muerte, la enfermedad y las fuerzas demoníacas de Satanás. Como Moisés y Aarón, los actos de liberación de Jesús mostraron que él era el hijo escogido que Dios envió para liberar a su pueblo. Porque el gobierno de Satanás resultaría tan inútil y destinado a ser esparcido como la Torre de Babel y el reino de ladrillos del Faraón.
En la cruz, Jesús murió como un esclavo para rescatar a los hijos escogidos de Dios, largo tiempo cautivos en la tumba de Satanás. En un gran acto de juicio, Jesús conquistó el reino rival de Satanás al resucitar de entre los muertos. Liberó a su pueblo de su esclavitud a Satanás y a la muerte (1 Pedro 1:18-20). Ahora, Jesús ha recibido la herencia del primogénito. Como el primogénito de entre los muertos, reina como Rey sobre todo el mundo en nombre del Padre (Colosenses 1:18-20).
Ahora nosotros debemos elegir: servir al primogénito, como Aarón, o rebelarnos contra él, como el Faraón. Así como Dios prometió conquistar el reino rival del Faraón, todos los reinos que se oponen a Jesús serán conquistados. Como Moisés, podemos escoger llegar a ser verdaderos israelitas, aunque fuimos criados por un reino rival (Filipenses 3:17-21). Podemos ser marcados por un encuentro con Dios y llegar a ser herederos con Jesús. Cuando, como Aarón, escogemos servir al primogénito en lugar de rebelarnos contra él, nos unimos a Jesús y llegamos a ser parte de la familia de Dios.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que escoge a un primogénito para rescatar a su pueblo de la esclavitud. Y que veas a Jesús como el primogénito de entre los muertos, quien ha conquistado el reino de Satanás y nos ha hecho herederos con él.

