¿Qué está pasando?
Hasta aquí, el libro de Éxodo nos ha mostrado a un Dios incansable que persigue, conquista y asegura el afecto de su novia, excluyendo a todos los demás dioses y amantes. Ahora, en el Monte Sinaí, Dios quiere formalizar su relación con Israel por medio de un pacto (Éxodo 19:3-6). Un pacto era un tratado antiguo en el que una nación más poderosa hacía promesas a una nación más débil, condicionadas a la obediencia de la nación más vulnerable a un conjunto de leyes. Dios explica que, de entre todos los pueblos del mundo, Israel tiene un lugar único y atesorado en su corazón. Ha escogido a Israel para que se levante por encima de su esclavitud y llegue a ser un reino que bendecirá al mundo (Éxodo 19:4-6). Cuando los ancianos de Israel escuchan esto, aceptan con entusiasmo hacer todo lo que Dios diga (Éxodo 19:7-8).
Dios le dice a Moisés que se prepare para la fundación de su reino y para la ceremonia del pacto con Dios. En tres días, Dios se aparecerá a todo Israel y les hablará. Así que el pueblo de Dios debe prepararse para encontrarse con Dios (Éxodo 19:9-15). Luego, tal como Moisés dijo, al tercer día un terremoto sacude el campamento de los israelitas mientras humo y fuego envuelven la cumbre del Sinaí (Éxodo 19:16-19). Moisés sube rápidamente a las llamas para aceptar el pacto de Dios, advirtiendo a su pueblo que se mantenga atrás (Éxodo 19:20-25). Con una voz lo bastante fuerte para que todo Israel la oiga, Dios resume lo que espera de su pueblo en diez mandamientos (Éxodo 20:1-17). Pero, aterrados por la voz de Dios, los israelitas piden que de ahora en adelante Moisés hable con Dios en privado y les transmita las palabras y las leyes de Dios (Éxodo 20:18-21). Moisés acepta y se acerca a Dios solo para recibir el resto del pacto.
Las leyes adicionales que Moisés recibe tratan sobre cómo este grupo de exesclavos de Egipto llegará a ser el pueblo distintivo del pacto de Dios. Esta sección comienza y termina con el mandamiento de adorar solo a Dios (Éxodo 20:3, 23). Estos exegipcios habrían estado familiarizados con los dioses de Egipto, pero Dios advierte que deben adorarlo solo a él y solo como él lo prescribe (Éxodo 20:22-23; 23:13-19). Entonces Dios le da a Moisés 42 leyes que aplican los principios de los primeros diez mandamientos a situaciones específicas que probablemente surgirían en Israel (Éxodo 21:1-23:12). El número 42 es una referencia intencional a la semana de la creación, en la que Dios creó el mundo en seis días y descansó al séptimo. Hay seis grupos de siete leyes, seguidos de una promesa de que Dios protegerá a su pueblo cuando entre en su patria (Éxodo 23:20-33). Dios promete una nueva creación para el pueblo de su pacto conforme sigan sus leyes.
El pueblo de Dios acepta con entusiasmo su pacto (Éxodo 24:1-7). Luego, en un acto ceremonial que ratifica su pacto con Dios, Moisés rocía sangre de animales sobre el pueblo (Éxodo 24:8). Después de esta ceremonia, Dios se aparece a Moisés y a los ancianos de Israel, y comparten una comida para celebrar su nueva relación de pacto (Éxodo 24:9-11). Entonces Dios llama a Moisés para hablar con él en privado. Y durante los siguientes 40 días Israel no sabe nada de Moisés (Éxodo 24:12-18).
¿Dónde está el evangelio?
Dios quiere estar en pacto con su pueblo. Y, como lo demuestran las acciones de Dios, un pacto es más que un tratado entre dos naciones. Un pacto es una relación basada en el amor. Más adelante, los autores bíblicos describirán la ceremonia en el Sinaí como una boda en la que Dios intercambió votos con su esposa, Israel (Oseas 2:16-18; Jeremías 2:2; 31:31-32; Ezequiel 16:8-14). Más que cualquier otro tipo de relación en la que pudiera entrar, Dios quiere estar en una relación comprometida con su pueblo.
La búsqueda que Dios hace de su pueblo no termina en el Sinaí. Y el rescate de Israel de la esclavitud no es la expresión definitiva de su afecto de pacto. La búsqueda de Dios continuó cuando Dios, no satisfecho con una sola comida entre los ancianos de Israel, se hizo un ser humano llamado Jesús y vivió entre el pueblo que amaba (Juan 1:1-14). Así como Moisés reunió a su pueblo en un monte para definir su relación de pacto única con Dios, Jesús reunió a sus discípulos en un monte y dijo que todos los que vivan conforme a sus enseñanzas serán incluidos en el reino de Dios (Mateo 5:1-12; 7:28-29). Y así como el pacto de Dios con Israel fue ratificado mediante la sangre de un animal y celebrado en un banquete, en un banquete Jesús anuncia que su sangre es el medio por el cual se ratificará el nuevo pacto de Dios. Todo el que confíe en él será incluido en el reino de Dios (Lucas 22:20). Después, Jesús muere para hacerlo posible. Jesús es un Dios incansable que ha muerto para asegurar una relación de pacto definitiva con su pueblo (Romanos 5:16-18). Jesús es como un buen esposo que ha muerto para que su novia pueda vivir. En otras palabras, Dios te ama. Cada página de la Biblia está llena de historia tras historia de la búsqueda incansable que Dios hace de tu afecto. Así que, como el pueblo de Israel, acepta la sangre del pacto de Jesús y ten la certeza de que Dios proveerá todo lo que necesitas.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que quiere estar en pacto con su pueblo. Y que veas a Jesús como aquel que asegura el pacto definitivo por medio de su sangre.

