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devocional

Josué 18-19

El nuevo jardín del Edén

En Josué 18-19 vemos que Jesús somete el territorio del pecado y de la muerte para poder establecer el jardín del Edén definitivo en los nuevos cielos y la nueva Tierra.

¿Qué está pasando?

Esta sección comienza con uno de los momentos más importantes de todo el libro de Josué: se levanta el tabernáculo y la tierra queda sometida (Josué 18:1).

La tierra de Canaán debía ser el nuevo jardín del Edén de Israel, con sus enemigos derrotados. Lo único que faltaba era que llegara la presencia de Dios. Por eso el tabernáculo, el lugar donde debía habitar la presencia de Dios, es tan importante. Marca el comienzo de un nuevo Edén.

La conexión con el Edén se resalta por medio de las siete tribus que aún no han recibido su herencia (Josué 18:2). Así como Dios creó el Edén en siete días y luego descansó (Génesis 2:2), así también las siete tribus de Israel reciben descanso de la guerra en su nuevo Edén (Josué 11:23).

También se nos dice que la tierra quedó sometida ante ellos, tal como a Adán y Eva se les ordenó someter la Tierra y llenarla (Génesis 1:28). ¡Mientras Israel somete la tierra de Canaán, ese mandato se está cumpliendo!

La misión de Dios de crear un nuevo jardín del Edén donde pueda tener comunión con su pueblo se ha hecho realidad, al menos en parte, por medio de Israel.

¿Dónde está el evangelio?

Muchos años después de Josué, el profeta Ezequiel vio una visión de un tiempo en que Dios volvería a repartir la tierra entre las tribus de Israel (Ezequiel 47:13). Sería un reparto final de la tierra que traería consigo el Edén definitivo. Y el nombre de la ciudad sería «Aquí habita el SEÑOR» (Ezequiel 48:35b).

Esa ciudad y el jardín del Edén definitivo llegan en Jesús. El Apóstol Juan usa las mismas palabras con que comienza Génesis 1 para comenzar su Evangelio: «En el principio...» (Juan 1:1). Y así como Josué y Ezequiel esperaban que Dios estuviera con su pueblo, ya fuera en una nueva ciudad o en un nuevo tabernáculo, Jesús era Dios caminando entre nosotros. Su nombre incluso significa «Dios con nosotros» (Mateo 1:23).

Como Josué, Jesús vino a una tierra conquistada por el pecado y sometió su maldad y a sus enemigos. Sanó a los enfermos. Liberó a los oprimidos. Y venció al pecado cuando resucitó de entre los muertos.  Gracias a Jesús, para los ciudadanos de su Reino no queda nada más que descanso.

Y cuando Jesús regrese, creará el jardín del Edén definitivo y pleno (Apocalipsis 22:2). En un acto de nueva creación, Jesús dirá: «¡Yo hago nuevas todas las cosas!» (Apocalipsis 21:5). Y someterá toda la Tierra, establecerá su presencia en lugar de un tabernáculo, repartirá la tierra entre su pueblo y nos dará descanso eterno.

Compruébalo tú mismo

Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que anhela habitar con nosotros. Y que veas a Jesús como aquel que somete al pecado y a la muerte para poder hacer nuevas todas las cosas.

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