¿Qué está pasando?
Mientras Israel recupera la tierra de sus antepasados, la noticia de las victorias de Josué se difunde. Los reyes que quedan en Canaán forman una alianza para acabar con Josué e Israel (Josué 9:2). Pero los gabaonitas se niegan a participar. Igual que Rajab, ellos habían oído lo que Dios hizo en Egipto, y también contra los reyes Sijón y Og al otro lado del río Jordán (Josué 9:9-10). Y así como la mentira de Rajab protegió a los espías y a su familia, los gabaonitas mienten para salvar a su pueblo y ganar un lugar en la tierra de Dios (Josué 9:4).
Se disfrazan de emisarios de un reino lejano, al norte y fuera de la tierra prometida. Le piden a Israel que haga un pacto con ellos (Josué 9:6). Se convertirán en sus siervos si Israel les permite vivir (Josué 9:11). Y Josué acepta (Josué 9:15).
Pero tres días después descubre que han sido engañados (Josué 9:16).
Josué no puede quebrantar su promesa (Josué 9:19). Pero su tratado con los gabaonitas amenaza el pacto de Israel con Dios. Cuando Josué exige una explicación, los gabaonitas explican que sabían que Canaán era la tierra ancestral de Israel, y que están seguros de que Dios se la daría a Israel (Josué 9:24). Los gabaonitas le temen al Dios verdadero de Canaán y saben que su única esperanza es pedir misericordia (Josué 9:25).
Ni Rajab ni los gabaonitas son los primeros en la Biblia que recurren al engaño para asegurar la bendición de Dios. Uno de los padres fundadores de Israel, Jacob (cuyo nombre significa literalmente «el que engaña»), se disfrazó de su hermano y obtuvo la bendición reservada para Esaú, el primogénito (Génesis 27:35). La inclusión de Israel en el pacto de Dios comenzó con un engaño, y ahora los gabaonitas, por temor de Dios, hacen lo mismo. Y funciona. En el resto de las Escrituras, Gabaón es contado como parte del pueblo de Dios.
¿Dónde está el evangelio?
Dios prometió a Israel la tierra de Canaán, pero nunca fue solo para Israel.
Dios prometió a Abraham que por medio de su simiente todas las naciones del mundo serían bendecidas (Génesis 22:18). Gabaón es una de esas naciones. Y así como el primer padre de Israel creyó a Dios y recibió la promesa de ser padre de muchas naciones por medio de su simiente, Gabaón cree a Dios y así llega a formar parte de la promesa de Dios a Abraham (Génesis 15:6).
El Apóstol Pablo dice que, cuando Abraham creyó que Dios le daría la simiente prometida, en realidad estaba confiando en Jesús, aunque no supiera su nombre (Gálatas 3:16). En última instancia, por eso funciona el engaño de Gabaón. Cuando los gabaonitas citan las promesas de Dios a Abraham y suplican la misericordia de Josué, en realidad se están echando en los brazos de la misericordia de Jesús (Gálatas 3:26, 29). Por eso incluso un grupo de cananeos mentirosos puede llegar a ser el pueblo de Dios.
Como la tierra de los cananeos, nuestras vidas le pertenecen a Dios. Un día él las reclamará. Un día la tumba exigirá nuestra destrucción. El camino de guerra de Dios es inevitable. Pero la buena noticia es que no tenemos que engañar a Dios para que nos acepte en su reino eterno. No tenemos que actuar como alguien que no somos ni fingir que somos mejores de lo que somos. No tenemos que negar nuestra nacionalidad ni nuestra herencia étnica (Gálatas 3:28). Llegamos a ser hijos de Dios y ciudadanos de su reino. Podemos poseer tierra en su mundo nuevo. Estas promesas no se cumplirán fingiendo ni escondiendo quiénes somos, sino confiando en que las promesas de Dios son verdaderas y que Jesús es poderoso para cumplirlas.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que cumple sus promesas a quienes confían en él. Y que veas a Jesús como la simiente de Abraham que salva a todas las naciones de la destrucción.

