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devocional

Josué 5

El Ángel del Señor

En Josué 5 vemos que Dios no está del lado de Israel ni del lado de Canaán: está de su propio lado. Pero cuando adoramos al Ángel del Señor, que es Jesús, Dios pelea junto a nosotros.

¿Qué está pasando?

Israel se prepara para la guerra santa. Los cananeos han invadido y profanado la tierra ancestral de Israel. Dios le dio esta tierra a Israel y ha llegado el momento de recuperarla (Génesis 15:18). Y como esta campaña militar no puede separarse de las promesas de Dios ni de la corrupción moral que los cananeos trajeron a la tierra (Levítico 18:25), el ejército necesita prepararse como corresponde. Los hombres tenían que circuncidarse y celebrar la Pascua (Josué 5:2, 10).

La circuncisión era una señal externa de que confiaban en la promesa de Dios de darles la tierra. En comparación con la generación anterior, que desobedeció y murió en el desierto, esta nueva generación de israelitas es radicalmente —incluso dolorosamente— obediente (Josué 5:9). La continuidad de la promesa que Dios hizo siglos atrás de darles a los descendientes de Abraham la tierra de Canaán finalmente se está cumpliendo (Génesis 17:8).

Tan pronto como los hombres sanan, celebran la Pascua en su nueva tierra (Josué 5:10). En Egipto, la Pascua marcó a Israel como una nación protegida por Dios de manera distintiva y especial (Éxodo 7:5). Celebrarla en Canaán demostró lo mismo.

Y como prueba final de que Israel está listo para entrar en la tierra de sus antepasados, el maná que los alimentó en el desierto deja de caer en cuanto comen el fruto que crece en el hogar que por derecho les pertenece (Josué 5:12).

De repente, un hombre con la espada desenvainada se le aparece a Josué de la nada (Josué 5:13). Josué quiere saber si está de su lado o del lado de su enemigo. Pero el hombre responde que no está de ninguno de los dos, porque él es el «comandante del ejército del SEÑOR» (Josué 5:13).

Así como la circuncisión es un símbolo de las promesas de Dios, y la Pascua es un recordatorio de la protección de Dios, este comandante revela que las batallas que Josué está por librar no tienen que ver con sus ambiciones políticas. Tienen que ver con la fidelidad de Dios a sus promesas. Dios es el verdadero Comandante de los ejércitos de Israel, no Josué. La única respuesta de Josué es postrarse ante este gobernante (Josué 5:14-15).  

¿Dónde está la buena noticia?

Dios se revela como el Comandante de Israel, quien los guiará a su reino y derrotará a sus enemigos.

Ese Comandante fiel es, en última instancia, Jesús. Así como la batalla de Josué no estaba ligada a ambiciones políticas, el reino de Jesús no está ligado a este mundo (Juan 18:36). Jesús nos prepara para pelear contra nuestros enemigos (Efesios 6:12). Él circuncida nuestro corazón, no nuestro cuerpo (Colosenses 2:11). Nuestro corazón transformado es ahora una señal interna de que las promesas de Dios de traer su tierra prometida a la Tierra se cumplirán (Colosenses 2:11). Y por la sangre de Jesús en la cruz, la muerte pasa de largo por nosotros, tal como pasó de largo por las puertas ensangrentadas de Israel en Egipto (Juan 1:29).

Jesús es nuestro Comandante en jefe y nos ha preparado para una guerra santa nueva y espiritual. Esta guerra no consiste en apoderarse de una nación y exigir que sus ciudadanos se vuelvan cristianos. Consiste en el poder del Espíritu Santo que hace retroceder la oscuridad de nuestro mundo.

¡La buena noticia de Jesús es aún mejor que la buena noticia de Josué! Jesús ya derrotó a nuestros enemigos (Juan 16:33). Él ya venció al mundo. Las fuerzas de la oscuridad tienen sus días contados. Y el Dios que está en nosotros es más grande que las fuerzas demoníacas que quedan en el mundo (1 Juan 4:4).

Gracias a Jesús, nuestro gran Comandante en jefe, no necesitamos temer a nuestro mundo: ni a su oscuridad, ni a sus ejércitos, ni a su política. Jesús está del lado de Dios y, por más que peleen los poderes de este mundo, su reino ciertamente vendrá.

Compruébalo tú mismo

Que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que pelea por su pueblo. Y que veas a Jesús como nuestro Comandante en jefe, quien nos guía a una batalla que no podemos perder.

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