¿Qué está pasando?
Josué usa algunas de sus últimas palabras para recordarle a Israel la fidelidad de Dios (Josué 24:3). También les advierte que no echen por tierra lo que Dios ha hecho casándose con idólatras y participando en sus prácticas culturales y religiosas (Josué 23:7).
Dios había destinado a Canaán a la destrucción por causa de su inmoralidad sexual y del sacrificio ritual de niños (Levítico 18:3, Deuteronomio 12:31). Si Israel ahora decide tolerar esas prácticas y no destruye a quienes las cometen, Israel puede esperar el mismo tipo de destrucción (Josué 23:13). Israel tiene paz en su nueva patria, pero esa paz depende de su pureza espiritual y moral (Josué 23:16).
Luego Josué anima a Israel recordándoles que la tierra sobre la que están de pie le fue prometida a Abraham (Josué 24:2). Relata cómo Dios destruyó todo obstáculo que amenazaba su promesa. La tierra que ahora poseen, las ciudades en las que viven y los campos que cosechan son todos evidencia de que Dios ha cumplido su promesa (Josué 24:8).
El pueblo responde comprometiéndose a servir solo a Dios y a negarse a adorar a otros dioses (Josué 24:16). Pero Josué les dice que fracasarán. Josué anuncia que el celo de Dios por la devoción de Israel nunca será correspondido por la devoción de ellos hacia él (Josué 24:19). Israel insiste en que será fiel, así que Josué levanta un monumento (Josué 24:26). Se supone que ese monumento le recuerde a Israel su pacto y sea un testigo contra ellos si fracasan (Josué 24:17).
¿Dónde está el evangelio?
Antes de morir, Jesús convocó a sus 12 discípulos así como Josué convocó a las 12 tribus de Israel. Jesús consuela a sus discípulos y les explica que preferiría morir antes que dejarlos sin una patria eterna (Juan 15:3-4). Pero, a diferencia de Josué, él no anuncia la infidelidad, la incapacidad de obedecer ni la idolatría de los discípulos. En cambio, Jesús promete enviarles el Espíritu Santo, quien hará que recuerden y obedezcan todo lo que Jesús mandó (Juan 14:26)
Jesús anuncia que su pueblo finalmente escuchará, obedecerá y amará plenamente a su Dios. Dios siempre buscó el corazón de su pueblo. Y el amor de Dios por su pueblo no termina con darnos una patria, sino que descansa cuando Dios hace su patria en nosotros (Juan 14:23). Él nos llena del amor por Dios que Israel no tuvo en Canaán, y de una paz que va más allá de lo que Israel experimentó dentro de sus fronteras (Juan 14:27).
Dios hizo todo para asegurarle un hogar a Israel, aun cuando ellos podían descalificarse a sí mismos para ocuparlo. Pero Jesús asegura aún más. Él nos promete un reino que no nos puede ser quitado, y un corazón lleno de su Espíritu. Cuando nos llena de su Espíritu, nos hace su pueblo en su tierra para siempre.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que hace todo para cumplir sus promesas. Y que veas a Jesús como aquel que nos da el Espíritu Santo para guardar su pacto.

