¿Qué está pasando?
Josué está a punto de guiar a Israel de regreso a la tierra de sus antepasados. Pero Jericó, una ciudad enemiga amurallada, se interpone en su camino. Josué envía a dos espías para explorar posibles puntos débiles (Josué 2:1). Sin embargo, de inmediato quedan al descubierto y tienen que esconderse de los guardias del rey en la taberna de Rajab (Josué 2:2-3). Rajab es una prostituta. Pero simpatiza con Israel porque ha oído las historias de cómo Dios destruyó a los reyes Sijón y Og (Josué 2:10). Toda la ciudad vive con miedo de Israel y de su Dios (Josué 2:11).
Pero mientras los reyes de Canaán se preparan para la guerra, Rajab está lista para adorar. En un acto de fe, esconde a los espías, miente para protegerlos y los ayuda a escapar (Josué 2:4-6). Le jura lealtad al Dios de Israel. A cambio de ayudar a los espías, pide que se le perdone la vida a su familia cuando Israel ataque Jericó (Josué 2:12-13).
Los espías aceptan y establecen una señal. Rajab debe colgar un cordón rojo de su ventana para que los soldados sepan que deben respetar su casa (Josué 2:18).
Y cuando Josué escucha acerca de la fe y la bondad de Rajab, junto con el informe de los espías de que el corazón de los guerreros de Canaán se derrite de miedo, sabe que el Señor está a punto de darle a Israel su primera victoria en su tierra prometida (Josué 2:24).
¿Dónde está el evangelio?
Es significativo que la primera historia de un libro sobre la conquista de Canaán por parte de Israel sea la historia de una prostituta cananea que confiesa su fe en el Dios de Israel. La fe de Rajab no solo la salva del destino de Jericó, sino que la incluye en el pueblo escogido de Dios. Dios le prometió a Abraham que Israel poseería la tierra de Canaán y bendeciría al mundo entero (Génesis 12:3). Rajab es la promesa de Dios a Abraham hecha realidad.
De hecho, Rajab aparece en la lista de los héroes de la fe junto con Abraham, Isaac y Jacob (Hebreos 11:31). Cuando esta prostituta enemiga, Rajab, confía en Dios, se convierte en una madre fundadora de la nación de Israel. Rajab es incluso una de las antepasadas de Jesús. Por causa de la fe de Rajab, ella es una rama en el árbol genealógico de Jesús (Mateo 1:5).
Esta es una buena noticia. Si una prostituta que está en el lado malo de las líneas de batalla de Dios puede llegar a ser miembro de la familia de Dios, nosotros también podemos. Jesús les dice a sus discípulos: «todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el Cielo es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mateo 12:50). Solo por la fe se cumple la promesa de Dios de bendecir al mundo. Y solo por la fe llegamos a ser hermanos y hermanas, incluso padres y madres, de Jesús.
Al igual que a los cananeos, esto debería hacer que nuestro corazón se derrita dentro de nosotros, no solo de amor, sino también de temor. Jesús es como un ejército que ha saqueado la muerte, tal como Israel arrasó los poderosos reinos de Sijón y Og. No hay aliado ni muralla que pueda protegernos del gobierno y el reinado de Jesús.
Tenemos que elegir. Podemos resistirnos a él como el rey de Jericó. O podemos, como Rajab, inclinarnos ante el Dios del Cielo y de la Tierra y ser adoptados en su familia (Gálatas 4:4-5).
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que salva a sus enemigos y a Jesús, quien convierte a los enemigos de Dios en su familia.

