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devocional

Josué 20-21

Tierra para los levitas

En Josué 20-21 vemos que Jesús es nuestro sacerdote definitivo, quien vino a nuestra tierra para darnos refugio eterno mediante su muerte y resurrección.

¿Qué está pasando?

Israel por fin se está asentando en su patria. Sus enemigos han sido derrotados en gran parte y a las 12 tribus se les ha repartido su tierra. Solo quedan dos asuntos pendientes por resolver antes de que la promesa de Dios de darles esta tierra quede cumplida.

Primero, Dios le ordenó a Moisés establecer ciudades de refugio en la tierra prometida (Números 35:9-10). Si alguien mata a su prójimo accidentalmente, puede huir a una de las ciudades de refugio para recibir justicia y protección (Números 35:12).

El otro asunto pendiente es la herencia de la tribu sacerdotal de Leví (Josué 21:1). Leví tuvo tres hijos que fueron los jefes de tres clanes: Guersón, Coat y Merari. A estos clanes, junto con los descendientes del sumo sacerdote Aarón, no se les prometen grandes extensiones de tierra como a las otras 12 tribus. En cambio, se les dice que Dios será su herencia (Números 18:20). Mientras cuidan del templo, pueden depender de la provisión de Dios por medio de las ofrendas y los sacrificios que presentan las otras 12 tribus (Deuteronomio 18:3).

Incluso la tierra donde vivían ha de ser un regalo de las otras 12 tribus (Números 35:2). En cierto sentido, las tribus sacrifican una parte de su propia tierra para proveer para los levitas (Josué 21:3). A los levitas también se les entregan las ciudades de refugio (Josué 21:13).

Los levitas, como representantes sacerdotales de Dios, no se concentran en un solo lugar, sino que se distribuyen entre las tribus. En cada tribu hay levitas que enseñan los mandamientos de Dios, administran justicia, protegen al inocente y median entre Dios y las personas (Malaquías 2:7).

¿Dónde está el evangelio?

En un libro que trata por entero sobre luchar por un lugar, conseguir tierra y establecerse en un hogar, ¿qué significa no recibir nada de eso? Para quienes nunca tendrán un hogar, ¿qué significa tener un hogar en el Señor?

Para los levitas significaba que, en lugar de vivir en su propia tierra tribal, se dispersaron por la tierra de cada tribu. Y en lugar de cultivar y producir su propio alimento, otros se lo daban sacrificialmente. En lugar de cuidar de su propia propiedad, los levitas cuidaban del pueblo de Dios. Los levitas no custodiaban fronteras, pero al enseñar a Israel a obedecer los mandamientos de Dios y al administrar justicia en la tierra, custodiaban el alma de su nación. Eso era lo que significaba tener al Señor como herencia.

Jesús es un sacerdote como estos levitas (1 Timoteo 2:5). Su Reino no está atado a un pedazo de tierra determinado; Jesús es el sacerdote de toda la tierra. No le interesa marcar fronteras, porque su Reino no es de este mundo (Juan 18:36). A Jesús le preocupa más custodiar las almas de su pueblo. Así que, en lugar de prometernos tierra, Jesús nos promete un lugar en Dios (Juan 14:3). Y aún más inmediatamente, él hace un lugar para Dios en nosotros (Juan 16:13). Ahora nosotros somos la patria de Dios mientras esperamos nuestro hogar en él. Jesús hace de nuestra herencia en Dios una realidad eterna.

En lugar de ser alimentado por sacrificios, Jesús se convierte en sacrificio por nosotros (1 Pedro 3:18). Jesús provee para siempre lo que los levitas sin hogar saborearon en parte: paz con Dios y paz entre unos y otros. Para quienes no sienten que tienen un hogar, Dios es tu hogar por medio de Jesús. Él siempre está contigo.

Y así como Dios envió a los levitas como sus representantes por todo Israel, Jesús ahora te envía a ti para ser su representante por toda la tierra (Mateo 28:19). Ahora somos una nación de levitas que administra justicia, protege al inocente y enseña la buena noticia de nuestra patria eterna en Dios (Apocalipsis 1:6).

Compruébalo tú mismo

Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que nos da su presencia y protección de forma personal y por medio de representantes. Y que puedas ver a Jesús como Dios mismo, quien viene a nosotros donde sea que estemos con presencia y protección.

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