¿Qué está pasando?
En Juan 5, Jesús sana a un hombre que llevaba 38 años paralítico. El hombre había estado esperando junto a un estanque que muchos creían que podía traer la sanidad, pero nunca había podido entrar en el agua. En cambio, es la palabra de Jesús, no el agua, la que le da vida a las piernas. Inmediatamente, el hombre se levanta, toma su esterilla y camina (Juan 5:8–9).
Sin embargo, la sanidad tiene lugar en el Sabbat y esto genera controversia. Los líderes religiosos se enfrentan a Jesús, no porque el hombre haya sido curado, sino porque llevaba su esterilla en un día en el que no se debía trabajar. Jesús responde que simplemente hace lo que ve hacer a su Padre (Juan 5:17).
Esta respuesta los sorprende aún más. Jesús no solo afirma ser un hacedor de milagros; también afirma que comparte la autoridad y la actividad de Dios mismo. Dios creó el mundo, dio vida a todo lo que contiene y descansó el séptimo día. Jesús dice que ahora hace lo mismo: saca la vida de lugares muertos, incluso en día de reposo, porque él es el Hijo de Dios que instituyó el día de reposo.
Jesús luego amplía su afirmación. Él tiene la autoridad no solo para sanar los cuerpos, sino también para dar la vida eterna. Así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, así el Hijo da vida a quienes él quiere (Juan 5:21). Sus señales apuntan a una realidad mayor: que aquellos que escuchan su voz y creen ya pasan de la muerte a la vida (Juan 5:24). Y lo que es aún más sorprendente, Jesús dice que llegará el momento en que los muertos que ya están en sus tumbas escucharán su voz y vivirán (Juan 5:25, 28).
¿Dónde está el Evangelio?
Jesús es el Cristo, el Rey prometido e Hijo de Dios, a quien el Padre le ha dado la autoridad para traer vida. Así como Dios insufló vida a la creación desde el principio, Jesús insula vida a las piernas paralizadas, a las vidas rotas e incluso a los muertos.
Por eso sana en el Sabbat No rompe el mandamiento de Dios, sino que lo cumple, porque el Sabbat siempre ha sido para descansar en la obra terminada de Dios. Cuando Jesús sana, nos devuelve ese descanso al devolver a las personas la vida que Dios quiso para ellas.
Y la vida que Él da no es temporal. Las piernas del paralítico eventualmente se debilitarían de nuevo, pero la vida eterna que Jesús ofrece nunca se desvanecerá. Si Jesús tiene la autoridad para descender a la tumba misma y llevar la vida a quienes están atrapados en la trampa de la muerte, también tiene la autoridad para llevar la vida a todo el mundo. Este es el verdadero destino de la humanidad: compartir la vida eterna del Padre, llevar plenamente la imagen con la que fuimos creados y encontrar descanso en el Hijo que hace posible esa vida.
Compruébalo por ti mismo.
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para que veas al Dios que da la vida desde el principio. Y que veas a Jesús como el Hijo que comparte la autoridad del Padre para traer vida al mundo, incluso a quienes están en la tumba.

